los equipos se llenan de nacionalizados

VI Naciones 2019 o cuál es la epidemia del rugby mundial

Cuatro de los seis seleccionadores son extranjeros y las plantillas están repletas de jugadores nacionalizados, el deporte prioriza la victoria, pero los equipos pierden identificación

Foto: Mako Vunipola, contra Escocia. (Reuters)
Mako Vunipola, contra Escocia. (Reuters)

Inglaterra soportaba con británicas maneras una de los mandamientos innegociables de su selección: ser entrenada por un inglés. El XV de la Rosa no había tenido un seleccionador extranjero hasta la llegada de Eddie Jones en 2015. La desastrosa participación de los ingleses en su Mundial pareció un buen argumento a los dirigentes de la RFU, litúrgica en sus modos y actuaciones, para romper la norma no escrita de apostar siempre por seleccionadores ingleses. Pero los tiempos cambian.

En Irlanda, por ejemplo, hasta 1995 con la llegada del neozelandés Murray Kidd, siempre habían tenido a irlandeses dirigiendo a su selección. lo cual tampoco fue garantía de éxito. Después de Kidd llegó el inglés Brian Ashton y luego le sucedió otro kiwi, Warren Gatland, que lleva siendo seleccionador galés una docena de años. Irlanda hoy está dirigida por el neozelandés Joe Schmidt, que retornará a su país tras el Mundial. España es otra selección que ha tenido varios seleccionadores extranjeros en los últimos tiempos como los franceses Gerard Murillo, Pierre Pérez o Regis Sonnes, el neozelandés Bryce Bevin o el inglés Ged Glynn.

Pero el próximo fin de semana arranca un 6 Naciones globalizado que mira indisimuladamente a septiembre, fecha de inicio del Mundial. El rugby se ha profesionalizado, lo que ha derivado en una exigencia mayor, un desarrollo físico incuestionable y una multiculturalidad en las selecciones que arranca en los banquillos. Cuatro de los seis seleccionadores no son originarios del país que dirigen. Ni el australiano-japonés Eddie Jones, que dirige a Inglaterra, ni los kiwis Schmidt y Gatland, ni el irlandés O'Shea, seleccionador italiano. Solo el francés Brunel y el escocés Towsend dirigen a sus paisanos.

Un fenómeno que entre los jugadores se dispara. Paul Willense, un gigante de más de dos metros y 135 kilogramos nacido en Pretoria, lucirá la zamarra del gallo por primera vez en este VI Naciones. Cansados de probar larguiruchos franceses insolventes en la segunda línea, Laporte y Brunel han optado por apostar por este 'jacobo' que representó a Namibia en la Sub-18, a Sudáfrica en la Sub-20 y se estrenará como 'bleu' en la categoría senior. Más allá de Willemse, apenas un par de jugadores (el neozelandés Uini Atonio y el caledonio Vahaamahina) han nacido lejos de las fronteras galas. Son una excepción que se ha caracterizado en los últimos años por su fuerte componente africano.

El equipo francés. (EFE)
El equipo francés. (EFE)

Equipos multinacionales

Inglaterra no podrá alinear a su capitán, el talonador neozelandés Dylan Hartley, un tipo mal recibido por los puristas del rugby inglés, más por su historial tumultuoso que por su origen kiwi. Pero además de Hartley, los también neozelandeses Mako Vunipola, Brad Shields y Ben Te'o, el 'australiano' Billy Vunipola, los fijianos Nathan Hughes y Joe Cokanasiga, los kiwis y el samoano Manu Tuilagi conforman el roster de un XV de la rosa que con Jones en el banquillo mira irremediablemente al sur.

Irlanda ha reclutado a sudafricanos como CJ Stander o Quinn Roux y neozelandeses como Bundee Aki, mientras Gales echa mano de los kiwis Gareth Anscombe y Hadleigh Parkes para disparar el juego en su línea de tres cuartos. Escocia, condicionada por su limitación poblacional, ha nacionalizado con neozelandeses (Simon Berghan, John Hardie y Sean Maitland), sudafricanos (WP Nell, Josh Strauss y Alan Dell), australianos (Ben Toolis y Sam Johnson), ingleses (Chris Harris) y hasta estadounidenses (Tommy Seymour). La Italia del irlandés O'Shea y el argentino Parisse parece, por su parte, la ONU con los kiwis Dean Budd, Jayden Hayward y Jimmy Tuivaiti, el alemán Dave Sisi, el zimbawues Sebastián Negri, el sudafricano Braam Steyn y el irlandés Ian McKinley.

Ganar es la obligación y no se negocia. Y para ello las selecciones se nutren de jugadores nacionalizados bien por sus antecedentes familiares o por su estancia en el país en cuestión. Algo que Agustín Pichot, actual vicepresidente de World Rugby, ha querido combatir ampliando la fecha de estancia en España de tres a cinco años para poder disponer de la opción de jugar con los Leones. Medida impopular entre los jugadores, pero práctica para frenar la desidentificación de las selecciones. Y todo con el Mundial de Japón asomándose.

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