10.000 euros en gastos de desplazamiento

Por qué no interesan los equipos andaluces en la primera división del rugby español

Ni el sur ni las islas están representados en la primera división masculina de rugby. Los clubes se concentran en el norte, con más tradición rugbística y mayor tejido industrial

Foto: Los 12 equipos de División de Honor se reparten por País Vasco (3), Castilla y León (3), Cataluña (2), Madrid (2), Cantabria (1) y Comunidad Valenciana. (EFE)
Los 12 equipos de División de Honor se reparten por País Vasco (3), Castilla y León (3), Cataluña (2), Madrid (2), Cantabria (1) y Comunidad Valenciana. (EFE)

Si uno dibuja un mapa del rugby de élite en España, no encontrará ni rastro de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y, por supuesto, de las islas, ya sean Baleares o Canarias. Tan triste como real. La semiprofesionalización del rugby español ha generado una brecha entre el norte y el sur que se amplía con el tiempo. Los 12 clubes que conforman la División de Honor española están localizados en el País Vasco (3), Castilla y León (3), Cataluña (2), Madrid (2), Cantabria (1) y Comunidad Valenciana (1).

Una concentración rugbística que muchos justifican por la cercanía de los Pirineos y la tradición de Francia, mientras otros la explican por la falta de tejido industrial o empresarial de estas regiones.

"Ascender a División de Honor es un sufrimiento económico para cualquier club andaluz porque el 60% o 70% del presupuesto se va en viajes", dice Camarero, director deportivo del Ciencias

Desde Sevilla, donde el Ciencias marcha líder invicto en su grupo de División de Honor B, Joaquín Camarero, el director del área deportiva del club hispalense, tiene claro que "en División de Honor no interesa que haya un equipo andaluz". "Porque eso supone aumentar el gasto por desplazamientos 10.000 euros a los clubes para venir a jugar aquí abajo. Así que imagínate lo que supone para un club como el nuestro ascender, que es nuestro objetivo, a una División de Honor en la que tienes que viajar a País Vasco, Cataluña, Madrid o Valladolid cada 15 días. Logísticamente ascender a División de Honor es un sufrimiento económico para cualquier club andaluz porque el 60% o 70% del presupuesto se va en viajes. Y esto está fracturando al rugby español en dos, el del norte, semiprofesional, y el del sur, amateur".

Preguntado por la cuestión del rugby insular el sevillano es categórico: "¿Las islas? Lo de las islas es directamente inviable. Viajar desde una isla a la península y menos aún obligar a los equipos de la península a ir a jugar a una isla no es factible en el rugby español actual. Es triste decirlo, pero todos sabemos que es así. Tanto ellos como nosotros".

Sin embargo, para Camarero, más que geográfico, que lo es, "el problema es económico". "Mientras en el norte los clubes cada vez reciben más ayudas públicas y más patrocinio privado, en el sur esa inversión se ha ido reduciendo. Aquí ahora estamos obligados a buscar un perfil estudiante porque es el terreno en el que somos algo atractivos y podemos ofrecer ayudas, reuniendo a varios jugadores en un piso que cede alguien afín al club. Hacemos malabarismos y le echamos mucho arte y mucho ingenuo para conformar una plantilla competitiva con la que pelear por el ascenso", explica.

Pero el exjugador no esconde que si subes con una estructura amateur "después es muy difícil competir con equipos semiprofesionales o directamente profesionales". "Te comes cuatro palizas después de viajes duros y los chicos se desaniman, suponiendo que no acaben lesionados. Así es complicado, pero no nos queda otra que echarle imaginación y seguir llamando a mil puertas para buscar inversión". De hecho, comenta Camarero, "esa semiprofesionalización ha llegado incluso a División de Honor B, donde en invierno hemos visto cómo de repente se refuerzan los rivales del norte y eso te complica más la vida".

No obstante, el 'científico' no baja los brazos y apunta que "mientras aparece un mirlo blanco deben seguir trabajando con las canteras, elevando el nivel de los chicos y esperando a que se popularice el rugby, como parece que está pasando, para que aparezcan empresarios interesados en invertir". "Si hay equipos de fútbol de pueblos pequeños con buenos presupuestos, tenemos que pensar que nosotros también podemos lograr eso", dice.

Desde Valencia, otra ciudad grande sin representación en la élite, Toni Gimeno, director deportivo del CAU, equipo histórico del rugby español, observa con inquietud el panorama. "En nuestra ciudad está ocurriendo lo contrario que en Madrid y Barcelona. Aquí el rugby está consolidado dentro de la ciudad. El problema es que históricamente no hemos reclamado unas instalaciones a la altura de nuestros equipos porque hemos tirado para adelante con ese espíritu de que nos vale cualquier cosa. Sin embargo, los que han llorado a la Administración han conseguido esos campos. Tenemos un problema de instalaciones por el bajo número, pero también por la carencia de un centro de tecnificación de rugby. Se lo hemos puesto demasiado fácil a los gobernantes. Es culpa nuestra".

"Necesitamos un Juan Roig en el rugby"

En Valencia conviven hasta siete equipos, ocho si contamos al de Moncada, que se encuentra a sólo diez kilómetros. Tres históricos como Tecnidex, CAU y Les Abelles (con más de 400 fichas), Tatami y San Roque (superan las 250), y Estudiantes y UCV (sobrepasan las 100). Casi 2.000 jugadores de rugby en siete equipos para trabajar en una ciudad sin instalaciones para este deporte. "En las del Río entrenan cuatro clubes, con lo que te toca una semana. En las de Quatre Carreres trabajamos tres, así que con suerte puedes ir dos veces a la semana. Así es complicado", apunta Gimeno.

Sin embargo, este veterano del rugby español cree que "el problema es que en Valencia el tejido empresarial centra sus recursos y su inversión en las directivas falleras". "Va mucho dinero a las Fallas, que se convierten en competencia, y el deporte no termina de seducir a los empresarios. Más allá del fútbol, aquí solo le ha ido bien al baloncesto porque Juan Roig se empeñó en relanzarlo. Necesitamos un Juan Roig en el rugby", reclama. Sí hay rugby en Alicante, algo que Gimeno explica "porque el fenómeno de La Vila se debe a que maneja mucha población extranjera y sobre todo porque hace años que tienen una gran instalación como El Pantano, que empuja a sus categorías inferiores y atrae a jugadores".

Mirando más allá, Toni, padre del centro internacional del VRAC Quesos Entrepinares Alvar Gimeno, cree que el rugby valenciano no se asoma a la División de Honor por un problema estructural. "Una plantilla de División de Honor en España te vale 300.000 euros, presupuesto de club aparte. Ese dinero no lo maneja ningún club aquí hoy en día. Pero además, si sonase la flauta y subiera, tendría que cambiar su estructura y contratar jugadores de fuera, algo para lo que no estamos preparados. En División de Honor necesitas un 8 polinesio, seis primeras de nivel... No vale con cubrir los puestos con gente de la casa. Hay que cambiar la estructura. Hernani es el club de División que más se podría parecer a los clubes valencianos, pero reúne el apoyo del pueblo, de la comarca y de las instituciones. Y aun así cada año le resulta más difícil aguantar el tipo porque todos se van profesionalizando de una u otra forma".

Gimeno concluye afirmando que la fractura geográfica tiene más que ver con la falta de tejido empresarial y con el arraigo del rugby en determinadas zonas que con una mala gestión de los clubes en el sur o en las islas. "En Baleares han hecho una franquicia con jugadores de todos los clubes como alternativa para competir con en la península. Canarias lo tiene muy complicado".

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