se han presentado las alegaciones finales

España no podría ir al TAS porque World Rugby no contempla esa posibilidad

La Federación Española no podría recurrir al TAS porque la internacional no contempla en su normativa la opción de acudir al tribunal. Es una más dentro del caos judicial que tiene el rugby

Foto: El partido de la discordia. (EFE)
El partido de la discordia. (EFE)

En los años 90, Jean-Marc Bosman desafío al fútbol y ganó. Por goleada ademas, aunque para él significase ya más bien poco. Con la sentencia que lleva su nombre dio un golpe al poder establecido e hizo cambiar para siempre las instituciones deportivas mundiales. El mantra tantas veces repetido, ese que decía que los tribunales ordinarios no eran lugar para deportistas, quedó desestimado de un plumazo. Pero por lo que se ve, en el rugby no se dieron por aludidos y ahora se encaminan a hacer la misma concatenación de errores en la que incurrió la UEFA en su momento. España y su lío con el Mundial de Japón 2019 podría hacer de 'Bosman' en el mundo del oval.

La World Rugby, federación internacional de este deporte, no está sometida al Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS). Solo reconocen esa instancia en casos de dopaje y en los que tienen que ver con el programa olímpico, algo a lo que están obligados por la Agencia Mundial Antidopaje y por el Comité Olímpico Internacional respectivamente. Nada más que eso, todo lo demás, que es mucho, se tiene que resolver dentro de los cauces de la propia federación. Fuentes de World Rugby señalan que en sus normativas no se contempla la opción del TAS más allá de los puntos en los que están forzados a ellos. Y eso incide, lógicamente, en la justicia de todo el deporte.

El caso es el de España, pero si fuese solo de España se podría considerar como algo particular, un error concreto. Cuando tres de los seis equipos que peleaban por una plaza mundialista han errado en lo mismo el conflicto deja de ser de los equipos para convertirse en uno de la norma. Obviando la farsa que supuso el arbitraje de aquel partido en Bruselas, que es obviar bastante, es evidente que la federación internacional de rugby no ha logrado una reglamentación lo suficientemente buena para que la sepan aplicar con criterio la mitad de los equipos participantes.

Casi peor que eso fue el paso siguiente, la manera de juzgar lo acontecido. Las federaciones internacionales serias, las normales, cuentan con un comité jurídico que se dedica a valorar la necesidad de sancionar o no los distintos casos que se van produciendo. Porque poco importa ir por el mundo sacando pecho por ser un deporte de caballeros, lo cierto es que en el rugby, como en el resto de ámbitos de la vida, ocurren a veces sucesos que necesitan de una visión independiente para dar la razón a unos u otros. Las federaciones serias, las normales, mantienen también comités de apelación, porque en general se considera que para que haya una justicia real tiene que existir la posibilidad de una doble instancia judicial.

Bill Beaumont, presidente de World Rugby. (Reuters)
Bill Beaumont, presidente de World Rugby. (Reuters)

Comités creados de la nada

Y, además, está el TAS. Que como es externo y, por lo tanto, desvinculado de la propia federación internacional para asegurar una independencia total y absoluta, puesto que en no pocas ocasiones la citada institución puede tener intereses interpuestos. Pero bueno, para eso hay un tribunal internacional específico, auspiciado por el Comité Olímpico Internacional, para que resuelva en última instancia los errores que pueda haber en las partes previas del proceso. Que se lo cuenten al Madrid, que se libró de un verano sin fichar gracias al TAS.

¿Y qué pasa en World Rugby? Nada de lo anteriormente comentado. No importa que sea una federación de cierta entidad o que se encargue de organizar el Mundial cada cuatro años, uno de los grandes eventos del deporte en el planeta. Un pequeño análisis de lo acontecido en este proceso. El problema cae en el Comité Ejecutivo, que no debería en ningún caso dar una sentencia porque también ejerce como poder político de la institución, lo cual hace que colidan dos poderes en un mismo órgano. Ellos, sabedores de ese conflicto y conscientes de que el problema es grave, convocan a un comité independiente.

Se vende como un gran avance, pero no es más que una necesidad. No hay la estructura necesaria para llevar a cabo un proceso sancionador válido. La palabra independiente, en la justicia, suena bien, pero no es la única importante. También es necesario que sea previsible, es decir, que los que se someten a escrutinio puedan tener idea de lo que puede pasar, que se conozca el proceso y las posibles sanciones. Algo que, por lo general, es imposible con un tribunal constituido 'ad hoc' para una eventualidad concreta como la que ha ocurrido estos meses.

Existe una apelación en curso a la sentencia de ese tribunal independiente, uno que va otro comité específico sacado de la manga por World Rugby para la ocasión. Efectivamente, quienes tienen que resolver las apelaciones tampoco existían antes de que esta ola apareciese y tienen los mismos problemas específicos que el comité independiente que en primer lugar tuvo que juzgar los casos de las nacionalidades cambiantes de una multitud de jugadores de rugby. Y todo este caos aún tendría cierto remedio si al final del camino se encontrase el TAS, pero recordemos, esa no es una opción actual para World Rugby.

Alfonso Feijoo y José María Epalza, presidente y vicepresidente, respectivamente, de la Federación Española de Rugby. (EFE)
Alfonso Feijoo y José María Epalza, presidente y vicepresidente, respectivamente, de la Federación Española de Rugby. (EFE)

Los tribunales ordinarios

Queda la última opción, los tribunales ordinarios. En este caso, y como la World Rugby tiene su sede en Dublín, los irlandeses. En el deporte mundial siempre se ha temido esta alternativa, porque cuando la justicia entra en escena ocurren cosas como la de Bosman. La FIFA y la UEFA amenazaban abiertamente en los años 90 con sanciones a aquellos que osaran a ir a tribunales independientes. Llegó Bosman y les dio una lección.

Primero porque a un ciudadano no se le puede negar su derecho a acudir a la justicia ordinaria, después porque los propios tribunales, en sus sentencias, normalmente incluían frases poco agradables para los organismos deportivo. A los jueces no les gusta que torpedeen su labor ni que se prohiba a los ciudadanos ejercer sus derechos. Todavía quedan vestigios de aquello en el fútbol, pues es bastante común hoy en día escuchar hablar de "injerencias" estatales cuando normalmente se tratan de estados de derecho aplicando sus normas. En España ha pasado recientemente, con variadas amenazas que incluían sacar a la Selección del mundial de fútbol. Papel mojado, por supuesto.

Hay también otro tema interno en el rugby que casi está relacionado con la filosofía del propio deporte. Desde hace año se lleva a gala la limpieza, la caballerosidad, y la gentileza de todas sus estructuras. En este proceso se ha demostrado que no siempre es así, como caso paradigmático está la designación de un árbitro parcial en un partido, a sabiendas de sus intereses, la primera ventana a un caos federativo más que evidente. Esto, en todo caso, es lo normal, lo lógico, por más que se intente vender que los problemas pueden arreglarse estrechando la mano o con una cerveza en el tercer tiempo. Hay algunos conflictos que no se solucionan con sonrisa. Se necesitan sistemas justos y previsibles, no sacados de la manga, y normativas claras y aceptadas por todos. Todo eso ha fallado en el rugby actual, aunque queda una esperanza en forma de tribunales ordinarios. Igual estos dan una cornada suficiente para que se lo empiecen a tomar en serio, el rugby ha crecido lo suficiente para no ser gestionado como un club de señores y España, si se produce este avance judicial, tendrá buena parte de culpa.

¿Qué falla en la norma?

La normativa de nacionalizaciones era bastante absurda en el rugby, tanto que decidieron cambiarla en su momento para lograr algo un poco más lógico. Lo que resulta curioso es que el cambio de norma no ha beneficiado a los que infringían la regla anterior, que con el nuevo texto estarían exonerados de culpa. Es decir, pudiendo hacer de la nueva reglamentación algo con efecto retroactivo, decidieron por el camino que era mejor que los casos anteriores se siguiesen juzgando por una normativa que ellos mismos consideraban inadecuada. 

Hay un problema con la norma que es también uno de los grandes problemas del rugby: las Islas Británicas. El deporte se ha internacionalizado, pero no ha conseguido sacudirse la eterna tradición del Reino Unido, algo que sí hizo el fútbol, al fin y al cabo el deporte rey fue creado por ingleses y sublimado por el resto. En el rugby ese paso está por dar, y se nota, en sus instituciones, que viven de espalda al resto del mundo, y en sus normas. 

¿Por qué todo este lío con las nacionalidades? Porque todos los deportes tienen sus problemas con las nacionalizaciones, es cierto, pero aún lo más que todo es mucho más complejo de delimitar cuando el Reino Unido aparece segregado. Porque las leyes españolas, francesas o italianas, también las británicas, establecen quiénes son sus nacionales y que procesos se pueden llevar a cabo para conseguir una nacionalidad. Eso entre Gales, Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte no sucede. Todos tienen la misma nacionalidad y están sujetos a la misma ley, lo que lleva a que distinguir unos de otros obligue a unas normas compleja que, según se ve, no funcionan.

Un detalle más, que tiene que ver con la tradición judicial de las islas y del continente. Los británicos utilizan el 'common law', es decir no codifican tanto y se basan más en la jurisprudencia y los procesos previos. En la ley civil, típica de la Europa continental, todo está puesto en negro sobre blanco y es por lo tanto mucho menos dado a la interpretación de los órganos, es un proceso en el que prima la literalidad y es más la aplicación de lo reglamentado que otra cosa. 

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