el equipo ha estado de gira por reino unido

Un primer ministro a quien nadie cree señala la gran injusticia del rugby mundial

Tuilaepa Aiono Sailele es el primer mandatario de la isla pacífica y también el gerente del deporte nacional. Ha exigido más dinero a la federación internacional, pero le acusan de mala gestión

Foto: Dos jugadores samoanos tratan de placar a Maro Itoje. (Reuters)
Dos jugadores samoanos tratan de placar a Maro Itoje. (Reuters)

Los maristas llevaron el rugby a Samoa en 1920. Es improbable que pensasen que aquello, planteado como un juego, un divertimento entre las atosigantes jornadas de sol y humedad, se fuese a convertir con el tiempo en el deporte nacional y casi en una obsesión para el pequeñísimo archipiélago colocado en la línea en la que nace el día. Pero así fue, el tiempo fue pasando y Samoa y el rugby empezaron a tener una relación especial. Allí nacieron las 'hakas' y es raro ver el equipo o, incluso, la selección en la que no se cuela algún samoano de origen. Da la casualidad, además, de que son muy buenos.

Quizá lo que mejor enseña la importancia que tiene el rugby en el país es señalar el nombre del director gerente de la federación nacional. Tuilaepa Aiono Sailele Malielegaoi suena casi a maleficio en occidente, pero si preguntan en Apia, la capital del país, es probable que no tarden en responder sobre quién es. No se acordarán, eso sí, del rugby sino más bien del otro oficio del señor, pues es un pluriempleado. También es el primer ministro del país. Como si Mariano Rajoy fuese el primer directivo de la federación de fútbol en España.

Y estas semanas, mientras el equipo llamado 'Manu Samoa' se preparaba para viajar a Reino Unido a jugar dos partidos internacionales, dio un golpe en la mesa y aseguró que el equipo nacional está en crisis, que el drama económico es máximo y que la bancarrota acecha a las raíces de un deporte que es, prácticamente, el único deporte que conoce su población. "Estamos en bancarrota, somos insolventes, no podemos tener esta federación ni pagar nuestras deudas con los bancos. Necesitamos dinero para pagar a los jugadores", decía en un discurso reciente el primer ministro samoano.

Su siguiente paso fue hacer una cuestación a ver si, con su petición desesperada, conseguía algo. Con 195.000 habitantes que tiene Samoa, un país del tercer mundo, logró recaudar unos 170.000 euros, cifra muy notable teniendo en cuenta las circunstancias, pero insuficientes para complacer al primer ministro, que elevó su petición a la federación mundial de rugby, preocupada por supuesto por el tema, pues el pequeño país no es una anécdota para el deporte.

Empezaron a mirar cifras y descubrieron que el político samoano era, cuando menos, exagerado. "Desde World Rugby podemos asegurar que la federación samoana no está en bancarrota", explicaron en un comunicado. Tuilaepa había amenazado con sacar al equipo de la gira porque no podía pagar los pertinentes seguros, pero la federación mundial asegura que ya los pagan ellos, como hacen siempre. También había comentado que los gastos del viaje eran excesivos, a lo que respondió la federación inglesa que no serán para tanto si son ellos mismos, y no los samoanos, quienes pagan la estancia del equipo oceánico.

Digamos que Tuilaepa, en principio, no parece muy dado a aferrarse a los hechos. Lo cual no quiere decir que no tenga algo de razón en sus reclamaciones. Y es que esta fiesta la juegan todos, pero solo la cobran unos pocos. Samoa jugó en Twickenham, un estadio con capacidad para 82.000 personas a las que cargó con unas entradas que a buen seguro no fueron baratas. Pero Inglaterra no tendrá que pagar a la federación rival ni un céntimo. Porque así funciona el rugby mundial. Se estima que en ese partido la federación del XV de la rosa recaudó 5,6 millones de euros y sus rivales no verán nada de eso.

Limosnas, no soluciones

Desde Inglaterra anuncian un donativo a la federación samoana, algo parecido a lo que hicieron ya el pasado año con Fiyi, otra mínima isla obsesionada con el deporte del oval. Calculan 75.000 libras, 85.000 euros. Es un gesto de buena voluntad, pero no deja de ser una limosna que no cambia nada de un sistema en el que los países pobres no tienen mucho que ganar. La World Rugby está intentando que los equipos más grandes vayan también de gira por el Pacífico, pero hay varios impedimentos logísticos para ello. Además, las sumas no salen, el estadio más grande de Samoa tiene capacidad para 10.000 personas y, como es lógico, los precios que pueden afrontar los aficionados isleños son muy inferiores a los ingleses.

La diferencia se nota en todos los detalles. Por ejemplo, los jugadores ingleses percibieron 22.000 libras cada uno por disputar el partido. Se plantearon donar algo a sus rivales, pues ellos solo cobraron 650. No lo hicieron, en parte porque entendieron que este problema no se resuelve con la buena voluntad de unos pocos sino con un pacto global que haga el sistema más sensato.

Tuilaepa Aiono Sailele Malielegaoi, en la ONU. (Reuters)
Tuilaepa Aiono Sailele Malielegaoi, en la ONU. (Reuters)

Hay algo en el funcionamiento de todo esto que está atrofiado, aunque los propios samoanos también saben que los problemas no solo están fuera, también son fácilmente rastreables dentro. La herencia del equipo se ve en todas partes en el rugby, y muchos de los que están lejos ven los conflictos con claridad. Es el caso de Manu Tuilagi, un samoano que juega con la selección inglesa: "Los equipos del Pacífico tienen que ayudarse a ellos mismos primero, empezar a gestionar las cosas apropiadamente. En cuestiones de dinero fallan, pero es que la gente que está al mando podría ser mucho mejor".

"Hay mucho potencial si se hacen las cosas bien", añade el centro inglés. Y algo parecido piensa Daniel Leo, que fue delantero samoano con 39 internacionalidades y jugó durante más de diez años en las principales ligas europeas. "El problema es que tenemos a gente tomando decisiones sin ningún tipo de experiencia profesional, pero siempre les votan en las asambleas porque les tienen miedo, son políticos muy poderosos", explicaba Leo. Y tan poderoso, el primer ministro, ni más ni menos. "Hay que pensar en el rugby como un negocio, no puede ser solo el deporte que amamos, tiene que tener sentido financiero", añade el exjugador.

Hay incluso una petición en Change.org para que el primer ministro deje en paz el rugby. Un deporte que ama, pero que no es su deporte. Lo suyo, en realidad, es el tiro con arco, en el que ha llegado a ser internacional por Samoa y a disputar los Juegos del Pacífico. Cuando lo hizo ya era primer ministro, lo que le convierte por el momento en el único dirigente político en activo que ha participado representando a su país en un evento multideportivo de primer orden.

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