¿Son los peores Lions de la historia? El equipo de las islas británicas roza el ridículo
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"CÓMO JUEGAS ES LO QUE ERES"

¿Son los peores Lions de la historia? El equipo de las islas británicas roza el ridículo

Este fin de semana, los Lions echaron a andar por Nueva Zelanda, donde pasaron apuros para derrotar a un equipo amateur. Es su primer choque y queda tiempo para prepararse ante los All Blacks

placeholder Foto: Rory Best es placado por James Tucker, de los New Zealand Barbarians. (Reuters)
Rory Best es placado por James Tucker, de los New Zealand Barbarians. (Reuters)

Los Lions debutaron el sábado en Whangarei con una pírrica victoria sobre los New Zealand Barbarians (7-13). Su primer partido de la Gira 2017 fue contra una selección de jugadores de la Mitre 10 Cup, la liga provincial neozelandesa semillero de las franquicias del Súper Rugby, que los laminó durante tres cuartas partes del encuentro. Bochorno, dudas. "¿Es este el peor equipo de los British and Irish Lions de la historia?", se preguntan los aficionados. Pensando en los nueve partidos, tres de ellos tests matches contra los All Blacks, que les quedan por delante, la respuesta, ahora mismo, puede ser dolorosa.

Había avisado Jonny Wilkinson en los días previos al primer partido en tierras neozelandesas que si los Lions quieren evitar el caos que supuso el Tour de 2005, necesitan un plan de jugo simple y darlo todo en el campo. En aquella gira, la última en el país de la nube blanca hasta la fecha, la selección británica comenzó ya con el pie cambiado antes siquiera de subirse al avión. Empataron ante Argentina en el Millenium de Cardiff en un partido de preparación. Luego, tras dos encuentros en los que vencieron con holgura, la selección Maorí les venció. La apertura de la serie contra Nueva Zelanda fue un infierno.

Foto: Los Jaguares de argentina contra Western Force en un partido del Super Rugby. (EFE)

El dolor de O’Driscoll

En aquel infausto 2005, 45 segundos de juego bastaron para que entre Kevin Mealamu y Tana Umaga enterraran cualquier opción de victoria de los turistas. Allí, sobre el césped de Christchurch, decidieron que Brian O’Driscoll no iba a suponer amenaza alguna en las series. Levantaron en un ruck al talentoso centro irlandés para hundirlo en la miseria. Volteado, cabeza abajo, el hombro y el codo del de Leinster quebraron violentamente en una agresión que quedó impune y los kiwis pavimentaron el camino hacia un 3-0 global.

Pero hubo más. Antes del encuentro los delanteros de los Lions habían decidido cambiar los códigos de lanzamiento en las touches. No todos se enteraron y cada reinicio del juego era una invitación al ridículo. El segunda línea Paul O’Connell vio una amarilla, superado por los hombres de negro y el propio Wilkinson, metrónomo de sus equipos, perdió el cuajo que le definía como jugador ante Dan Carter, Umaga y compañía.

Foto: Imagen del equipo de rugby que sufrió el terrible accidente en Los Andes. (FOTOS del libro escrito por Roberto Canessa)

Y, de repente, pareciera que en vez de 15 había 20 All Blacks sobre el césped. “Nunca he visto tanto caos”, afirmó Wilkinson en declaraciones recogidas por ESPN. “En las abiertas hasta metíamos 12 jugadores. Estábamos, literalmente, desarbolados. Nos hicieron trizas. Hubo momentos en los que tenía que defender a 5 jugadores. ¿Cuántas veces se ve eso en el rugby moderno? Hasta ellos estaban sorprendidos de nuestra desorganización”.

La solución que propone el exapertura de Inglaterra y Lions para evitar los errores del pasado es la sencillez. Un plan de juego en el que una defensa contundente se da por sentada y al que hay que añadir pocas consignas pero claras. Y voluntad de atacar.

‘Warrenball’ o en el pecado la penitencia

Pero en ese mismo plan de juego que propone el diez se advierten las costuras del romo juego que practican los equipos del Hemisferio Norte. A Warren Gatland, técnico de la selección galesa y de los Lions, se le conoce por implementar un rugby que irónicamente ha sido bautizado por la prensa británica como ‘Warrenball’. Percutir, ganar un metro y volver a percutir. Un pase y dos pases. Percutir y esperar. Un pase, dos pases, y hasta el infinito o hasta que alguien cometa un error. Sencillo es, desde luego, y Wilkinson habla desde su experiencia, pero los Lions van a necesitar más.

El sábado se notó falta de ritmo y acople desde la primera pelota. Sobre el terreno de juego había hombres de la talla de Sexton, Hogg o Warburton, que completaban una tercera línea totalmente galesa con Faletau y Moriarty. A los 15 minutos los turistas no habían atacado una sola vez en campo contario. Y eso que enfrente tenían a jugadores amateurs. Los Blues, Crusaders y los propios All Blacks, ahora mismo, podrían preparar sus partidos a base de barbacoas y torneos de play station que daría igual. Al descanso, 7-3 para los Barbarians. Ridículo.

A los 51 minutos de juego, Anthony Watson, el tres cuartos inglés, aprovechó una buena internada de Moriarty y una habilitación de Farrell, que había entrado por un errático Sexton, para cruzar la cal de los locales y salvar la honra de los Lions. Cierto es que sólo un equipo de los Lions ha ganando unas series a los All Blacks, el de 1971, pero también es cierto que las diferencias entre una selección amateur con los mejores jugadores de las islas debería ser mayor.

El mejor jugador del partido, un local

Para más inri, el mejor jugador del partido fue el hijo del propio Warren Gatland defendiendo la camiseta de los locales. Bryn Gatland, apertura de North Harbour, atacó a los Lions con la soltura y frescura de ideas que su padre había prometido para su equipo y que no apareció salvo en el destello de Watson y Moriarty. Y cada partido va a ser más duro. Como las giras van in crescendo, el miércoles los turistas se enfrentarán a los Blues del Super Rugby entrenados por Tana Umaga. El sábado a Crusaders y el martes próximo a Highlanders, antes de medirse a la selección Maorí y a los Chiefs previo al primer test contra los All Blacks el 24 de junio.

Los europeos tienen partidos y tiempo de sobra para afinar ante equipos que van a contar con todas sus estrellas antes del encuentro que marcará la serie. De los Lions se espera el orgullo de conservar la esencia de un juego en el país de los mejores jugadores. Como afirma Wilkinson: “Una de las cosas que aprendimos en 2005 es que lo único que importa es el rugby. Así es cómo te comunicas con el público de Nueva Zelanda: a través del rugby. No a través de lo que dices. Cómo juegas es lo que eres”.

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