análisis de la primera jornada del 6 naciones

​Irlanda topó con un doble muro en Murrayfield: 242 placajes

El XV del Trébol vio cómo se esfumaban sus opciones de Grand Slam en los primeros 20 minutos del partido inaugural. Escocia ejecutó a la perfección y frenó la reacción verde

Foto: Escocia frenó a Irlanda en el primer partido del Seis Naciones 2017, disputado en Murrayfield. (REUTERS)
Escocia frenó a Irlanda en el primer partido del Seis Naciones 2017, disputado en Murrayfield. (REUTERS)

A lo largo de un curso de rugby internacional las sorpresas se pueden contar con los dedos de la mano. Las remontadas, también. Asimismo, el ranking de la World Rugby acostumbra a reflejar fielmente lo que ocurre en el terreno de juego y por ello no es habitual que una selección como Escocia, en séptimo lugar, venza como lo hizo el pasado sábado a Irlanda, cuarta clasificada. Si acercamos la lupa al plan de juego que ideó Vern Cotter para los suyos frente a una de las favoritas, podemos ver, además, que los primeros 20 minutos del vibrante encuentro en Murrayfield calcaron el patrón de otros encuentros de similares características.

Durante el Mundial de 2015 Irlanda quedó apeada en los cuartos de final ante Argentina. La decepción del XV del Trébol fue tremenda porque el partido pareció que se les había escapado de las manos en los últimos minutos. Algo similar a lo que también ocurrió el sábado. Pero no fue así. El partido lo ganaron, tanto aquel de Cardiff en 2015 como éste reciente de Murrayfield, Pumas y escoceses, en los primeros 20 minutos.

La barrera de los 10 puntos

Nos explicamos. Chris Tipping y Simon Gleaves, los jefes de estadística del equipo de World Rugby durante las Copas Mundiales, llaman “barrera mágica” a las ventajas de más de 10 puntos que un equipo logra en un partido internacional. Una diferencia casi imposible de remontar al final de los 80 minutos porque hay que combinar dos anotaciones y que no te anoten. Y todo ello pese a que durante el transcurso del encuentro el equipo que va por detrás en el marcador logre, eventualmente, acercarse en el tanteador o incluso remontar para acabar, irremediablemente, perdiendo.

El siguiente extracto del análisis de aquellos cuartos de final dice que: “Es muy raro ver tests en los que los equipos puedan dar vuelta una diferencia de diez puntos y consigan ganar. La mayor remontada lograda por Irlanda fue contra Francia en París en el Seis Naciones del 2000 cuando, hat-trick de O’Driscoll mediante, dieron la vuelta a un 19-7 en el minuto 54 para ganar 27-25. En partidos de la RWC, Irlanda nunca remontó más de tres puntos para ganar. Con una perspectiva más amplia, en 323 partidos en RWC antes del Irlanda vs Argentina, sólo 14 equipos lograron recortar 10 o más puntos y terminar ganando. Un porcentaje de 4,3 de éxito. La estadística sube hasta el 5,6 por ciento en partidos de eliminatoria de la RWC”.

En el pasado, no hace tanto, Argentina y Escocia, dos selecciones de similares características (delanteras duras y trabajadoras, correcto pateo y entrega sin cuartel) adolecían de jugadores con velocidad terminal. Auténticos esprinters que pudieran marcar la diferencia en partidos cerrados más allá de la lucha de delanteras y la batalla por la posesión en el centro del campo. Argentina lo ha solucionado y Escocia, con el zaguero Stuart Hogg (dos ensayos el sábado), está en vías de hacerlo. De esta manera, mientras selecciones de este calibre incorporan armas a su arsenal, para ganar encuentros a otros equipos mejor pertrechados como puede ser Irlanda, una de las claves es hacer muy bien lo que se sabe y hacerlo rápido, porque según esa teoría del “muro de 10 puntos”, esa ventaja es (casi) definitiva.

Aparte de las estadísticas que proporcionan en el anterior análisis de World Rugby, en todos los partidos que disputaron el año pasado las 10 selecciones del Seis Naciones y el Rugby Championship, contando ambas competiciones y las giras de verano y otoño, sólo hubo un encuentro en el que el marcador se volteara al descanso con un déficit mayor a ¡cuatro puntos! Y fue Irlanda, precisamente, quien desaprovechó una ventaja de 19 a 3 en Johannesburgo frente a los Springboks para acabar perdiendo por 32 a 26. En el resto, el equipo que consiguió la ventaja de 10 puntos al descanso acabó por ganar.

De alguna manera Cotter “copió” el plan de juego de Argentina frente a Irlanda del pasado Mundial. Presión desde los agrupamientos y pelotas recuperadas para ser jugadas con verticalidad por su tres cuartos. Así nacieron los dos primeros ensayos escoceses. El tercero fue una genialidad también pergeñada en la pizarra. En una touch a cinco metros, suerte que habitualmente ejecutan sólo los delanteros, Escocia incorporó a un ala, al medio melé y a su primer centro en el alineamiento. Ante la impasible mirada de la defensa irlandesa, que no se enteró del señuelo, Alex Dunbar cruzó la cal sin oposición.

Volviendo a los cuartos de final del mundial, en aquel partido, Schmidt, el entrenador de Irlanda, abundó en la idea de que “el encuentro se les había escapado en los últimos minutos después de remontar”. Pero no. Como muestran los números, la victoria se esfumó con esa diferencia inicial. Igual que entonces, ante Escocia, al desgaste de acometer la remontada se sumó el de tener que rematar un partido ajustado. Algo que, entre equipos de primer nivel, hace que las costuras acaben por saltar en el mínimo detalle.

Festival de placajes

Y así llegamos al segundo muro. El de verdad. Los 242 placajes con los que Escocia frenó las acometidas rivales. Una barbaridad porque, si Irlanda entró en el partido y pudo voltear el marcador mediada la segunda mitad hasta el 21-22 del minuto 69, fue gracias al descomunal trabajo de su tercera línea con y sin la pelota. CJ Stander, O’Brian y Heaslip colocaron a su equipo en disposición de ganar gracias a su verticalidad y precisión en los agrupamientos. Sin embargo, la tarea, titánica por momentos, pesó en sus piernas en los últimos minutos y Escocia floreció de nuevo. Precisamente gracias también a su tercera línea.

A quien haya seguido el rugby internacional en las pasadas campañas le parecerá mentira lo siguiente. Pero sí, el sábado Escocia tenía mayor profundidad de banquillo que Irlanda. Tras años de presentar quinces apañados y suplentes muy lejos del nivel que se necesita para competir en test matches, Cotter, por fin, pudo cambiar a dos terceras líneas durante la segunda parte sin bajar el nivel de desempeño de su equipo. Tras el descanso dio entrada a Barclay por Watson; y Swinson remplazó al Strauss en el minuto 68. Piernas frescas para apoyar la ingente labor de los hermanos Gray (Jonny 27 placajes, Richie 23) que se tradujeron en un golpe de castigo tres minutos después, en el 71, para que Laidlaw colocara de nuevo a Escocia por delante.

De ahí hasta el final, Irlanda, que dominó la posesión y la melé durante todo el encuentro, que supo levantarse cuando estaba casi acabada, reculó y volvió a empequeñecer. Porque parecía que por mucha barrera mágica y la defensa, la lógica del favorito se impondría más que la estadística. Además, Escocia es especialista en doblar la cerviz en ocasiones cantadas. Y claro está, las estadísticas están para romperlas. Pero no fue así. Escocia terminó el partido a cinco metros de la marca rival, renacida. El postrero golpe de Laidlaw amplió la diferencia hasta el definitivo 27-22, acabando así con la racha de derrotas en encuentros inaugurales del Seis Naciones: los escoceses no ganaban uno desde 2006.

El escocés Greig Laidlaw. (REUTERS)
El escocés Greig Laidlaw. (REUTERS)

El próximo domingo Escocia visitará París para enfrentarse a una Francia que cayó derrotada en Twickenham frente a Inglaterra por 19-16. El año pasado los escoceses vencieron al Gallo ahondando en la crisis de identidad del equipo galo. En éste, tanto uno como otros tienen fundadas razones para esperar la victoria. Francia demostró en Le Crunch que puede hacer daño a equipos más ligeros: ante Inglaterra lo hizo y en igualdad de condiciones en lo físico con un Picamoles espectacular.

Por su parte, Irlanda recibe a Italia. Una víctima propiciatoria, la Azzurra, para lamerse las heridas en Dublín y recomponerse de la primera derrota. En teoría, el torneo de Irlanda debería haber ido in crescendo hasta recibir en el último partido a Inglaterra para, supuestamente, jugarse la victoria final. Puede que ya no será así. Quien también tiene todavía opciones de Grand Slam es Gales, victoriosa en Roma (7-33), y que recibirá en Cardiff a un funcionarial XV de la Rosa (ugly, feo, dijo su entrenador Jones tras el encuentro contra Francia) en el gran partido de la segunda jornada.

Ah, y de los nuevos puntos bonus, hubo dos defensivos. Para que quede claro.

Rugby

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