así es una sesión de esta mítica selección

Tonga ensaya hasta su haka: "Los chicos tienen que saber la coreografía"

El Sipi Tau, esa danza ritual que bailan antes de los partidos, forma parte del entrenamiento del combinado nacional de rugby. Llevan dos semanas en Madrid y ahora van a San Sebastián

Foto: La selección tongana se prepara para una foto (Itxaso González)
La selección tongana se prepara para una foto (Itxaso González)

En el campo de entrenamiento anexo al Central de la Complutense el problema más acuciante es encontrar unos bancos para hacerse una foto. La selección de rugby de Tonga no se ve con frecuencia y quiere un recuerdo de familia. Unos pocos jugadores están ya en el campo, uniformados, dando vueltas. Algunos llevan gorritos de lana, muestra inequívoca de que esto es Madrid en noviembre y ellos crecieron en el cálido Océano Pacífico. "Pero unos cuantos juegan en Inglaterra y esto les parece casi verano", cuenta entre risas el mánager del equipo. Luce el sol pero en el césped aún se nota la escarcha de una noche de heladas. La temperatura no llega a los diez grados.

Los tonganos están en España porque es un lugar óptimo para sobrevivir a noviembre. Tampoco hay tantos sitios en el mundo para reunirse sin crear grandes quebraderos de cabeza en esta época del año. Los jugadores están diseminados por todo el mundo, los hay en la liga inglesa, en Australia, Nueva Zelanda, Japón y no son muchas las opciones de su seleccionador para reunirlos a todos. "Logísticamente es un reto, es complicado, pero también es lo que hay. Tratamos de hacerlo lo mejor posible con lo que tenemos", explica el seleccionador Toutai Kefu

Un momento del España-Tonga en la Universidad Complutense de Madrid. (EFE)
Un momento del España-Tonga en la Universidad Complutense de Madrid. (EFE)

La sorpresa de jugar a la hora de la siesta

Llevan ya dos semanas en España. Han recibido con agrado la amabilidad del Alcobendas, que ha ejercido durante sus primeros quince días de estancia de anfitrión de los tonganos. Todo bien, o casi todo, porque vivir en este país no es del todo fácil para un tongano. "Solo hemos conseguido que el hotel nos sirva la comida a partir de la una, que es bastante más tarde de lo que acostumbramos, pero, bueno, está bien", comenta Landon, el mánager. 

"Sí, hemos tenido que mover todos nuestros horarios para adaptarnos, el desayuno, la comida... pero está bien, es vuestra cultura y también tratamos de aprender cosas nuevas, nos gusta introducirnos en una cultura nueva", explica Kefu, quien pone al mal tiempo buena cara. Es un hombre enorme, por encima del 1.90 y con las espaldas muy anchas, pero la sonrisa bonachona delata su capacidad para adaptarse a las circunstancias. "Lo que no entiendo es que nos pusieran el partido a las cuatro de la tarde ¿esa no es la hora de la siesta aquí?", pregunta curioso Landon. Sí, los tópicos viajan rápido y son capaces de llegar a las islas más alejadas del Pacífico. 

El equipo tongano posa para la foto (I.G.)
El equipo tongano posa para la foto (I.G.)

Aún no ha empezado el entrenamiento, pero parecen haber desistido en su búsqueda de bancos. La solución era bastante obvia, en uno de los laterales del campo hay unas gradas de cemento suficientemente buenas para hacer cualquier foto grupal. Y a eso se ponen los jugadores, que se van colocando por líneas. Tampoco es que se vayan a hacer una sesión profesional, cuando se han conseguido situarse, después de unas cuantas vueltas, solo aparecen algunos móviles para captar las instantáneas. Es, en el estricto sentido, una foto de colegas

Primero ellos solos, luego con el entrenador, con los asistentes, incluso con los españoles que han estado ayudándoles estos días. Que no falte nadie por posar para el álbum. Algunos jugadores hablan entre sí en sus lenguas polinésicas, aunque cuando alguien quiere que todo el grupo le entienda el idioma utilizado es el inglés, la lengua franca del rugby. 

El ensayo del Sipi Tau

"Silly photo", grita uno. Es decir, acaba de pedir a los jóvenes rugbieres que hagan un poco el payaso. Y en ello están. Uno tiene una cartulina roja y otra amarilla que se coloca delante de los ojos como si fuesen sus gafas. Otro, más a su derecha, pone la cara más horrible que se le pasa por la cabeza. Dos forcejean al estilo de los luchadores de sumo. Otro, de cabellos y barba rubia, sonríe lo más que puede. En la fila más alta uno de los jugadores más bajitos posa exhibiendo músculo en una postura que bien firmaría el propio Cristiano Ronaldo. Es improbable que tengan ensayado, pero la escena es magnífica. 

La fotografía se rompe y comienzan a entrenar. Se separan por líneas para hacer ejercicios específicos. "Alu, aluuuu", grita el preparador físico. Está en una de las esquinas del campo junto a algunos miembros de la ofensiva tongana. Los más altos, anchos y profundos. Les pide que se tiren en el suelo y que respondan a sus gritos levantándose, corriendo tres pasos a la derecha, dos a la izquierda y finalmente chocando contra una mullida colchoneta tras la que se refugia algún asistente. "Alu, aluuuu", vuelve a gritar el fisio en algo que solo puede traducirse como el típico "vamos, vamos" español. Hay claves que sin saber un idioma se entienden. 

Tonga ensaya hasta su haka: "Los chicos tienen que saber la coreografía"

Los más bajitos se pasan el balón con precisión quirúrgica. El oval sale de sus manos a velocidad endiablada, recto y girando sobre sí mismo. Perfecto. Otros entrenan los 'drops', que sin presión son más sencillos. Patadas altas en las que la pelota vuela tan solo para caer en picado siempre en los brazos de un compañero. Son buenos estos tonganos

Sorprende la continua reunión a la que se someten los jugadores. Cada pocos minutos se juntan varios, se abrazan y escuchan al técnico matizando problemas. Solo han dejado grabar diez minutos del ensayo, como pasa también con el fútbol, teóricamente para que no se capten las tácticas que el equipo se plantea desplegar el día siguiente en ese mismo escenario contra España (victoria clara de los tonganos por 13 a 28, quizá porque no hubo imágenes del enternamiento) aunque es probable que la causa del apagón sea otra. 

Se conoce el motivo al final de la sesión, cuando los cansados jugadores ya piensan más en la ducha que en seguir sobre el helado césped. Hay una nueva reunión, los brazos enlazados, los jugadores hablan entre ellos. Parece algo importante, aunque algunos de los miembros del equipo siguen en una esquina peleándose con colchonetas. De repente los que están en el corrillo se alinean en tres hileras y se escucha un ruido bronco de gritos tonganos. ¿Qué ha pasado? Que están haciendo el Sipi Tau, la haka tongana. 

Porque sí, la muy racial e intensa danza también está sujeta a práctica. Si pensaban que es algo que sale sin más de la sangre, de las entrañas, como si fuese de nacimiento, se equivocaban. El rugby a veces recuerda al Bolshoi. "Es que alguno de los chicos no lo han hecho nunca, así que tratamos que se sepan la coreografía correcta", dice entre risas Kefu. No tiene la finura del ballet, pero los pasos tienen su gracia. Hay que poner cara de enajenación mental transitoria, dar los pasos con fuerza, sin miedo, saber cuándo cruzar los brazos y, en lo que es la pieza maestra de la danza, arrodillarse y golpear al suelo como si el césped fuese el enemigo. Todo esto, previamente ensayado y diseñado, suele tener al capitán en la delantera para ir marcando el ritmo. 

"Es algo culturalmente integrado en nuestra historia, una parte de nosotros. A los tonganos nos dirige la familia y la fe, y el Sipi Tau tiene mucho que ver con eso", explica, ya en serio, el seleccionador de las Águilas del Mar. 

Terminan sus días en Madrid, pero aún les queda una semana más en España. Viajan a San Sebastián, la ciudad que pondrá escenario al 'test match' que disputarán el próximo domingo contra los Estados Unidos. Siete días para continuar esa inmersión cultural de la que habla Kefu, la que les ha llevado a comer un poco más tarde y las que le conducirá, también, a Aranda de Duero a tomar cordero. Viendo cómo se hacen una foto, o la meticulosa preparación del Sipi Tau es probable que eso también sea un gran espectáculo. 

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