gran partido de los leones, que caen 13-28

El rugby español alcanza la madurez contra Tonga y clama por jugar ya en un estadio

España plantó cara a una gran selección y solo un postrero ensayo de los tonganos les alejó en el marcador en un partido en el que la afición dejó pequeño el Central de la Complutense

En un momento dado, el rugby español empezó a dar un salto cualitativo que nadie esperaba. De repente, empezaron a crecer las expectativas en torno a lo que podía suceder en nuestro país sobre el balón oval, quizá algunas aparentemente inalcanzables, imposibles para un deporte que apenas tiene masa social detrás y, sobre todo, pocos resultados positivos en su historia. Y aun con la dificultad que todo esto implica, de alguna manera, esas expectativas se han ido cumpliendo. Se quiso hacer un partido espectacular para la final de la Copa del Rey en Zorrilla, y se llenó instantáneamente. Se dijo que se iba a poner a los dos 'Seven' en los Juegos de Río, y se hizo. Se ha traído a Tonga a España y no solo se le ha plantado cara a un equipo muy superior, sino que se ha evidenciado que se podía haber jugado en un gran estadio.

Dos tandas de venta fueron suficientes para vender 12.500 entradas, según datos de la Federación Española de Rugby (Ferugby). En un par de ratos, el estadio Central de la Universidad Complutense de Madrid se dio cuenta de que este sábado a las 16 horas se iba a ver rebosado. Se daba por hecho que en las gradas sin asientos se iban a quedar cortos y, como siempre, las laderas de césped también recibirían a decenas de aficionados. Todos querían ver a la selección española de rugby enfrentarse a la 'haka' Sipi Tau, un rival mundialista que ha estado en siete de las ocho Copas del Mundo y que, como muchos de los países del Pacífico, tienen una enorme tradición rugbística.

El rugby español alcanza la madurez contra Tonga y clama por jugar ya en un estadio

Decía esta misma semana el seleccionador nacional Santiago Santos en este periódico que era una buenísima piedra de toque para ver dónde estaba su equipo. Desde bastante antes del Mundial de Inglaterra se viene rumiando en nuestro país sobre la posibilidad de que España alcance la clasificación para la siguiente edición de Japón en 2019. Y Santos creía firmemente que si sus chicos eran capaces de aguantar a un equipo del potencial de Tonga, creer en ese imposible (decía que, en condiciones normales, España tendría un 1% de posibilidades de ir directa al Mundial y entre un 7% y un 8% vía repesca) se tornaba en algo factible. Pues bien, la sensación al acabar el partido era de lo más positiva. 

El técnico, pese a la emoción general, era cauto. Deformación profesional, se le llama. Era una pena, decía, haberles dejado escapar justo al final, cuando el resultado de 13-21 parecía definitivo. Cuando se hablaba de que se podía perder por 30 o 40 puntos con relativa facilidad, España arribó al último minuto cayendo solo por ocho tantos. El postrero ensayo de Kali Hala dejó el marcador del Central en un definitivo y honroso 13-28. Es una derrota y el entrenador la valora como tal, pero no es ni mucho menos la paliza que muchos auguraban. Y esta Tonga es un gran equipo, mejor, sobre el papel, que el presentado en Inglaterra en septiembre de 2015.

Fabien Perrin luchando por abrirse camino (JuanJo Martín/EFE).
Fabien Perrin luchando por abrirse camino (JuanJo Martín/EFE).

Durante unos minutos, tres, para ser exactos, España estaba por delante en el marcador. Fue un golpe de castigo transformado por Brad Linklater, pero poco antes pudo ensayar, pero el árbitro japonés interpretó una infracción previa y no le dio validez. A partir de ahí, Tonga fue superior, pero sin doblegar nunca a los españoles. Dos errores puntuales tras la conversión de Linklater pusieron un agorero 3-14 en el marcador, pero el ensayo de David Barrera devolvió lo más cercano al equilibrio que tuvo España hasta entonces con el 10-14. En el segundo tiempo, la presión tongana apenas surtió efecto con otro ensayo hasta el último del último segundo. 

La afición del Central disfrutó, igualmente, de un partido serio, no de una pachanga de un gigante contra un gnomo cualquiera. Y fueron 12.500 personas, pero bien pudieron haber sido más. El rugby está latente en España, está despertando una afición dormida que siente en lo más profundo de su ser este deporte y que quiere verlo y disfrutarlo lo mejor posible. Ya lo demostró en Valladolid, rebosando el José Zorrilla, que hasta se quedó pequeño pese a que parecía demasiado grande. Quizá este partido era una oportunidad única para repetir el experimento.

¿Por qué no haber jugado este partido en un estadio de fútbol de primer nivel? En Vallecas no, porque las dimensiones del césped no permiten jugar al rugby, pero el Coliseum Alfonso Pérez parece idóneo. No es solo por la mayor capacidad del recinto, sino por las facilidades que supone para la afición ir a un lugar preparado para acoger a grandes cantidades de público, que no un estadio universitario que origina aglomeraciones, coches mal aparcados y gente sentada en césped, que tiene su encanto, pero no es lo más cómodo en una fría tarde en Madrid. Se suele decir que los estadios de fútbol no se ceden para jugar al rugby por lo maltratada que acaba la hierba, pero en Anoeta no parece que tengan problemas para dejar jugar allí a Estados Unidos contra Tonga el próximo fin de semana.

Y si no es en la capital, ¿por qué no volver a Zorrilla? Está más que demostrado que Pucela es la ciudad del rugby en España, ya ha acogido un gran partido con afluencia masiva y todo salió a pedir de boca. Aquel día no había más partidos que ese Chami-Quesos. Esta vez, jugando la selección su partido más importante en años, se jugaba a la vez División de Honor y División de Honor B. Eso hay que trabajarlo...

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