LAS MENTIRAS Y EL FÚTBOL, OTRA FORMA DE 'DOPAJE'

Las insoportables maneras de un futbolista a los ojos del rugby

La actitud en el campo de algunos futbolistas manchan la imagen no sólo de su disciplina, sino del deporte en general y los valores que aporta

Foto: Pepe, jugador del Real Madrid, durante la final de Champions (Oliver Weiken/EFE/EPA)
Pepe, jugador del Real Madrid, durante la final de Champions (Oliver Weiken/EFE/EPA)

Llega la Eurocopa de Francia y mientras la mayoría de aficionados cruza los dedos para que gane su equipo, yo hago lo propio para que la actitud de las grandes estrellas del fútbol no avergüence al concepto y los valores ded deporte, entre los que se encuentra el rugby. Hace tan sólo unos días contemplaba con cierta estupefacción el espectáculo bochornoso de uno de los 'tipos duros' del fútbol cuando tras una ‘caricia’ de un rival se retorcía de dolor fingiendo una agresión que nunca existió. Lo malo es que esto no es una actitud aislada, sino que en deportes como el fútbol es 'el pan nuestro de cada día'.

Nos llevamos las manos a la cabeza cada vez que sale un caso de dopaje porque intentan engañar a rivales y espectador, pero ante la mentira de un futbolista lo tildamos de picaresca. Yo entre ambos casos no veo diferencias en su objetivo: mentir y sacar provecho.

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(En el pasado Mundial fue famoso el piscinazo de Robben ante México que costó la eliminación a los mexicanos)

Me gusta, y mucho, el deporte. Entre las diferentes modalidades que sigo se encuentra, además del rugby, el fútbol (no soy un ‘allatolah' del esférico). Pero lo que me da angustia y arcadas es la actitud de ciertas estrellas actuales del considerado deporte 'rey'. Esperamos que en el torneo que comienza en Francia -país también de rugby- esta semana, no se dé ninguna situación ridícula y que atenta contra la educación de los más jóvenes.

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A los 'torpes' se les recuerda a qué juegan

Si usted es amante del balón oval quizás le ha pasado lo mismo que a mí, ya que habrá crecido (si ha jugado) y vivido (si es aficionado) un deporte en el que el respeto y la caballerosidad son los valores máximos tanto dentro del campo, como en la grada. Esto no quiere decir que el rugby no tengamos nuestros ‘torpes’ a los que hay que recordarles a lo que juegan, pero afortunadamente son una minoría a la que entre todos (y sobre todo las estrellas del mundo oval con sus acciones) hacemos ver en el deporte que se encuentran.

Un ejemplo claro lo tenemos en el considerado mejor árbitro del mundo, Nigel Owens. Este galés en diferentes ocasiones no ha dudado en explicar y demostrar a un jugador que estaba fingiendo una agresión a qué estaba jugando.

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Conversación del vídeo: "Lo estaba viendo. Él estaba en el aire, controlado.... No ha habido nada malo en la acción. Tírate así otra vez y vuelve en dos semanas a jugar. No lo hagas de nuevo. Lo vi". Nigel Owens se refería a que si seguía con esa actitud, debería volver en dos semanas a jugar con el equipo de fútbol Newcastle United (cuyo estadio es el mismo en el que se estaba disputando el encuentro de la Copa del Mundo de Rugby).

Cuando fingir se convierte en noticia

Esta acción de fingir, cuando se da en rugby, es noticia. Es a partir de esta pérdida de valores, donde llega mi crítica a estos deportistas que hacen que dos deportes hermanos como son el fútbol y el rugby ( podríamos considerar al deporte oval como el hermano pequeño del fútbol, ya que nació de él) tengan tan poco que ver en la actualidad. 

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Y ahora que estoy hablando de árbitros… ¿ustedes se imaginan a un árbitro de rugby rodeado por siete jugadores de un equipo gritándole lo que debe pitar? o ¿un jugador encarándose con él amenazando o acusándole de ser un sin vergüenza? La verdad es que si consigue ver esta imagen tan extendida en un campo de fútbol en un campo de rugby es usted un afortunado porque en mis años como aficionado al oval (y son unos pocos se lo aseguro) no he visto esta situación.

La figura del árbitro en ocasiones, tan maltratada por algunos deportes, en el rugby toma gran importancia siendo realmente la autoridad dentro del campo y el juez al que sus decisiones son respetadas y acatadas por los jugadores sin protestar. Acierte o se equivoque.

 

Un árbitro tapándose los oídos.
Un árbitro tapándose los oídos.

Pero vamos a lo que realmente me sacó de quicio el otro día. La acitud de los jugadores: ¿Se imaginan ustedes a dos estrellas del rugby atacándose por las redes sociales durante todo año dando un espectaculo y un ejemplo lamentable para el joven deportista que idolatra a ese jugador? O, mejor, vamos a darle la vuelta a la tortilla: hace unos meses, durante el Mundial de Rugby de Inglaterra, contemplamos como el mejor jugador del Mundo, Dan Carter, o la leyenda de los All Blacks, Richie McCaw, no dudaban en ponerse el peto de aguador y salir a dar el agua a compañeros, rivales y hasta el árbitro del partido. Sí, lo han oido bien... al árbitro.

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Compañerismo, respeto y, por supuesto, competición. Estrellas cercanas (como Sonny Bill Williams entregando la medalla de campeón a un niño) y grandes jugadores de carne y hueso fuera de galaxias y firmamentos (que alejan al jugador del deporte convirtiéndolo en un producto comercial) son los que dotarían al rugby de las credenciales para ser el abanderado por ejemplo, de unos JJOO.

Las insoportables maneras de un futbolista a los ojos del rugby

Un fondo con bengalas o un estadio dividido

Y si el comportamiento de árbitros y estrellas normalmente es ejemplar, el de la grada no se queda atrás. En un partido de rugby no encontrarás un fondo lleno de bengalas ni un estadio divido en dos partes para cada afición, sino que lo normal es que los aficionados estén mezclados comentando las jugadas del partido (y con una cerveza de por medio).

Como nada en esta vida es absoluto, todos estos ejemplos que el rugby nos deja casi a diario, alguna vez se han visto ensombrecidos por actitudes de jugadores indignas de este deporte como ocurrió en el caso de Tom Williams de los Harlequins durante el 2009. El jugador simuló una agresión con unas capsulas de sangre falsas en la boca. La sanción fue contundente y ejemplarizante: un año fuera de los terrenos de juego y 260.000 libras para su club. El mundo del oval y la mentira no se llevan bien. Y esto lo tiene claro desde el más pequeño hasta la gran estrella mundial. Hagamos que estos valores reinen en el deporte y en sus referentes de cada modalidad deportiva, empezando por la Eurocopa de Francia.

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