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La gran valentía de las hermanas Muzychuk: ¿por qué se negaron a la abaya en el Mundial?
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SUCEDIÓ EN EL AÑO 2017

La gran valentía de las hermanas Muzychuk: ¿por qué se negaron a la abaya en el Mundial?

Las campeonas Muzychuk renunciaron a defender el título en Riad por las normas de vestimenta y libertades, al mismo tiempo que un tercio de los inscritos boicotearon el torneo

Foto: Anna Muzychuk, una de las mejores ajedrecistas del mundo. (EFE/EPA/Neil Hall)
Anna Muzychuk, una de las mejores ajedrecistas del mundo. (EFE/EPA/Neil Hall)
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Cuando la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) decidió que el campeonato del mundo de partidas rápidas y relámpago de 2017 se efectuara en Riad (Arabia Saudí), a sabiendas de que iban a participar muchas y prestigiosas ajedrecistas, solo miró las jugosas cifras que iba a ingresar en detrimento de la dignidad de docenas de mujeres europeas, africanas, americanas y asiáticas, obligadas por los patrones de la cultura local a usar una indumentaria que en puridad las inhibía de su propia identidad y libertad de expresión. Entonces, a sabiendas de que era un torneo internacional, ¿por qué no se consideró por ambas partes este estándar tan necesario en la ecuación?

Pues muy sencillo: las cantidades que se manejaban eran astronómicas y los valores de Occidente se prostituían con una facilidad pasmosa. ¿No había otros lugares en el planeta en los que todas las mujeres pudieran vestir a su antojo acorde con la situación? ¿Por qué precisamente hubo que ir a desarrollar el torneo a un lugar donde se sabía que podría haber problemas para las mujeres? Y, aun reconociendo que el dinero es muy poderoso, ¿por qué no se optó por una solución más salomónica? Está claro que la sensibilidad de la FIDE brilla por su ausencia mientras sus cuentas van viento en popa.

Pues bien, donde huele mal, puede brotar la dignidad. Las hermanas Muzychuk y, más concretamente Anna, campeona del mundo hasta la fecha en ambas modalidades, tuvieron claro que no defenderían sus títulos que, además de perderlos, les suponían una fuerte penalización en el ELO y consiguientes ingresos por premios, a sabiendas de que iban a perder sus títulos y la polémica que iban a crear. Y así fue porque en un país donde no solo se ejecuta a la gente que tiene ligeros desvaríos, discrepancias o disidencias formales, además de encarcelar de forma arbitraria a cualquiera, la mujer tiene rango de ganado.

Foto: un-torneo-de-ajedrez-en-el-pais-vasco-prohibe-a-los-israelies-competir-con-su-bandera

Su negativa a vestir la Abaya, túnica propia de las mujeres árabes, y sus quejas hacia el sistema, que no les permitía darse una vuelta sin compañía masculina homologada por el Reino de Saud, las llevaron a concluir que sus posturas no casaban con las de aquellas gentes locales. La responsabilidad última no era del Reino de Saud, sino de la pésima y abstrusa gestión de la Federación Internacional de Ajedrez, insensible a la hostil condición a la que tenían que enfrentarse las mujeres. Eso y una bajada de pantalones escandalosa.

Según la campeona del mundo, Anna Muzychuk, fue el momento más amargo de su vida, pues no solamente se vio abandonada por la indiferencia de su propia federación y del resto de las mujeres participantes que, bien podían haber dado un golpe en la mesa y llamar la atención internacional del máximo organismo del ajedrez, sino que, también podían poner el acento ante una injusticia secular y denunciarla en tan alta ocasión. En este punto se hace necesario resaltar que, antes de este evento, la FIDE había tomado la decisión de proyectarse a través de talonario financiado por los saudíes, mientras las críticas por parte de los mejores jugadores y jugadoras llovían inmisericordes.

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Se calculaban cerca de 400 inscritos y, finalmente, en ambos apartados (hombres y mujeres), se calcula que una tercera parte de los inscritos previamente no jugaron en protesta por esa discriminación. A algo que podía haber sido un clamor popular, se le puso sordina y se perdió una oportunidad de oro para reivindicar los derechos de la mujer (derechos humanos, al fin y al cabo), de tal manera que vemos que un país cuyo PIB asciende aproximadamente a 1.2 billones de dólares ocupa en el ranking de las naciones el puesto número 18º, teniendo a su vez una renta per cápita de alrededor de 30.000 $. Eso sí, lavando su imagen con contratos millonarios a famosos deportistas en declive.

Hay que poner de relieve que ya llovía sobre mojado, pues en Teherán unos meses antes, el Gran Maestro Silvio Danilov, expresidente de la Unión Europea de Ajedrez, habló con rotundidad sobre la negligente actuación de la FIDE y su degradación moral. Por lo que reincidir en un escenario similar sugiere sospechas de pasotismo, connivencia sin escrúpulos con los patrocinadores y que el eslogan matriz del ajedrez, Gens una Sumus, no es todo lo consistente que debiera. En todos lados se cuecen habas.

Cuando la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) decidió que el campeonato del mundo de partidas rápidas y relámpago de 2017 se efectuara en Riad (Arabia Saudí), a sabiendas de que iban a participar muchas y prestigiosas ajedrecistas, solo miró las jugosas cifras que iba a ingresar en detrimento de la dignidad de docenas de mujeres europeas, africanas, americanas y asiáticas, obligadas por los patrones de la cultura local a usar una indumentaria que en puridad las inhibía de su propia identidad y libertad de expresión. Entonces, a sabiendas de que era un torneo internacional, ¿por qué no se consideró por ambas partes este estándar tan necesario en la ecuación?

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