Es noticia
Un genial estratega, Tigrán Petrosián: de la negación del espacio a ser una pitón indomable
  1. Deportes
  2. Otros deportes
UNA HISTORIA DE VIDA COMPLICADA

Un genial estratega, Tigrán Petrosián: de la negación del espacio a ser una pitón indomable

El genial jugador armenio llevó al ajedrez a un territorio extremo en el que consolidaba la defensa sólida, atacaba y vencía, en un estilo que después replicaron otros jugadores

Foto: Tigrán Petrosián, en una partida en 1975 (CC/Wikipedia)
Tigrán Petrosián, en una partida en 1975 (CC/Wikipedia)

Leía a Clausewitz, Sung Tzu, biografías de Alejandro Magno y Belisario, Aníbal, Moltke y Zhúkov, además de compartir con todos ellos un elemento común e inherente al arte-ciencia del ajedrez: la profilaxis. El concepto de profilaxis es aquel que te permite mejorar la actividad de tus propias piezas al tiempo que restringe la actividad del adversario. El arte de sabotear los planes del oponente no es baladí. A Anatoly Karpov le dio en su enfrentamientos tan parejos con Kaspárov excelentes resultados. En el caso de Tigrán Petrosián, este maestro de la defensa activa tenía un ángulo de visión que abarcaba todo el tablero, casi como si de una vista aérea se tratara. No era alguien que focalizara sus acciones salvo cuando ello lo requería. Vamos, que no tocaba la puerta para avisar.

Antes de formalizar un ataque, actuaba como Steinitz: obtenía pequeñas ventajas que, sumadas todas, asfixiaban al oponente. Una vez consolidada la negación de área al adversario, la pitón comenzaba a asfixiar a su rival. Era muy bueno en las tres fases de la partida y no solo manejaba con precisión quirúrgica las aperturas, sino que tenía una visión táctica formidable y, de ahí a solventar un final favorable, aunque fuera con un peón de ventaja, le permitía elegir el más adecuado de la estructura para rematar la faena.

Armenio de nacimiento, la II Guerra Mundial le pilló con una edad de diez años y huérfano de ambos progenitores, con el padre caído en combate y la madre aniquilada por la artillería germana. Hizo de padre responsabilizándose de sus tres hermanos, por lo que se hizo cargo de ellos con todas las consecuencias. Ejerció de limpiabotas, paleaba nieve para dejar libres las puertas de aquellos propietarios que le encargaban faena, llevaba huevos a la ciudad de Tiflis para venderlos en el mercado y, finalmente, se le incluyó como camarero en el club de oficiales del Regimiento de la Guardia y todo esto, para ejercer una supervivencia constante.

Foto: garri-kasparov-anatoli-karpov-ajedrez-duelos-historia

Para mantener a sus hermanos, huella de aquella época de sufrimiento extremo para Rusia, anuló su infancia y más tarde, su juventud. Con tan solo 12 años, el maestro Yuri Antonov le dio un tablero y piezas y lo inició en este milenario arte con los principios de Mi Sistema, de Aaron Nimzowich, hasta que su poco pulida habilidad técnica —en sus compases primeros— y talento oculto fueron reconocidos por el Gran Maestro Genrij Kasparián (famoso compositor de estudios con endiabladas posiciones de ajedrez), que vio en él un diamante en bruto. Solo tenía un problema:era prácticamente sordo, no de nacimiento, sino de una otitis aguda mal curada por la carencia de antibióticos durante el periodo bélico. Lo suyo sí que fue una vida dura.

En el año 1944, los nazis se replegaban constantemente ante el empuje del ejército rojo y los ánimos de la población subían enteros. Los periódicos y voceros del régimen comunista amplificaban las victorias de aquel descomunal ejército sediento de venganza, rusos y adláteres. A pesar de la enorme sangría humana que padecieron, estaban tremendamente motivados. Dos años antes, Capablanca, inspirador del juego casi perfecto de Petrosián, había muerto de un infarto como espectador en el Manhattan Chess Club. Fue entonces cuando ganó en un reñido campeonato juvenil el cetro de campeón más joven de la Unión Soviética. Durante su carrera (fue campeón mundial durante seis años, desde 1963 hasta 1969), estudió profundamente al campeón del mundo hispano cubano, intentando mejorar su ya excelso juego. Finalmente, Kasparian, su mentor, lo llevó a Moscú con carácter estable para que evolucionara hacia donde él apuntaba, la grandeza del campeonato del mundo. Allí, en la capital mundial del ajedrez, casi recién llegado, culminaría logrando un segundo puesto en el Campeonato de la URSS.

Su apogeo lo logró cuando en el año 1963 consiguió derrotar al correoso Botvinnik, maestro de maestros. Su audaz estilo —el de Botvinnik— no estaba tanto en el juego como en su personalidad adaptativa. Si perdía con Smyslov, lo estudiaba a fondo y luego le ganaba en la revancha. Lo mismo ocurrió contra Thal en 1961 y más tarde el propio Petrosián le arrebató el título. Petrosián creaba taquicardias entre los espectadores por la variante del agotamiento, los rivales acababan atragantados con el reloj y, por ello, por la infertilidad de tanto tiempo de reflexión, acababan perdiendo.

Foto: boris-spassky-bobby-fischer-estilos-ajedrez-partida-historica

Petrosián llevó al ajedrez a un territorio extremo en el que, consolidada la defensa sólida, atacaba y vencía. El enfoque posicional era su fortaleza y la capacidad de intuir las respuestas del adversario, una de sus muchas especialidades. Tal que un verano nació, en otro verano murió. En agosto de 1984 en Moscú, la herencia de uno de los más destacados jugadores defensivos recibía los honores en el Palacio de Pioneros. Más de un millar de Grandes Maestros, Maestros Internacionales, representantes de la FIDE, autoridades y pueblo guardaron un respetuoso y prolongado silencio.

Testimonio de resiliencia, los profesionales de este arte-ciencia en su particular evolución pasan por el filtro de las partidas comentadas de Petrosián. Quizás Kaspárov en su formidable obra Mis geniales predecesores haya retratado con precisión milimétrica a este grande entre los grandes.

Leía a Clausewitz, Sung Tzu, biografías de Alejandro Magno y Belisario, Aníbal, Moltke y Zhúkov, además de compartir con todos ellos un elemento común e inherente al arte-ciencia del ajedrez: la profilaxis. El concepto de profilaxis es aquel que te permite mejorar la actividad de tus propias piezas al tiempo que restringe la actividad del adversario. El arte de sabotear los planes del oponente no es baladí. A Anatoly Karpov le dio en su enfrentamientos tan parejos con Kaspárov excelentes resultados. En el caso de Tigrán Petrosián, este maestro de la defensa activa tenía un ángulo de visión que abarcaba todo el tablero, casi como si de una vista aérea se tratara. No era alguien que focalizara sus acciones salvo cuando ello lo requería. Vamos, que no tocaba la puerta para avisar.

Ajedrez Segunda Guerra Mundial
El redactor recomienda