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Y Oliver Solberg lo logró: cómo ganar un Rally de Montecarlo a lo grande para ser una leyenda
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CONDICIONES MUY DIFÍCILES

Y Oliver Solberg lo logró: cómo ganar un Rally de Montecarlo a lo grande para ser una leyenda

El mejor bálsamo que podría tener un Mundial de Rallies que vive horas bajas es tener una edición de su prueba más mítica como la vivida. Ha sido espectacular a más no poder

Foto: Solberg ha demostrado ser mas fuerte que nadie. (DPPI/AFP7/Nikos Katikis)
Solberg ha demostrado ser mas fuerte que nadie. (DPPI/AFP7/Nikos Katikis)
EC EXCLUSIVO

Ganar el Rally de Montecarlo nunca ha sido fácil, pero la presente edición ha sido una de las más difíciles de su historia. 2026 será recordado como uno de esos años en los que la palabra leyenda es usada con total propiedad. Hemos vivido estos días ese Montecarlo que siempre nos ha gustado, con nieve, con barro, con ambientazo por las noches. Y, por si fuera poco, hemos vivido la confirmación del fenómeno que parece destinado a dominar esta especialidad en el futuro inmediato: Oliver Solberg.

"Es un día muy emotivo", comentó Solberg al proclamarse vencedor. "Este fue el rally más difícil que he hecho en mi vida. Era mi primer rally en asfalto con este coche y aquí estamos, ganando la carrera. Quiero dar las gracias a Toyota por la confianza". Y es que no es para menos estar emocionado. Debutar con el equipo más laureado del momento, con dos compañeros de relumbrón y vencer de forma convincente en un rally lleno de trampas, es terreno reservado para fueras de serie.

Sacar casi un minuto al final del rally a alguien consagrado como Elfyn Evans tiene mérito, pero hacerlo al gran mito Sébastien Ogier son palabras mayores. El nueve veces campeón del mundo fue muy honesto y demostró su grandeza al reconocer que no era capaz de igualar el ritmo de Solberg en el entorno de situaciones cambiantes que ha caracterizado el Montecarlo de este año. Pasar de asfalto seco a mojado, a barro y finalmente a mucha nieve en un mismo tramo es la prueba suprema de instinto y habilidad para un piloto.

Este Montecarlo ha estado lleno de imágenes tan bonitas como desconcertantes. Se veían coches avanzando muy despacio en las zonas completamente nevadas y aun así acababan saliéndose de pista. No es ni mucho menos un problema de capacidad de pilotaje de la generación actual. Es una cuestión derivada del reglamento y de la limitación de juegos de neumáticos. Poner neumáticos mixtos te hace defenderte más o menos bien en la mayor parte del tramo, pero cuando llega el hielo y la nieve en la parte final, te deja indefenso.

Sorteando las trampas

Oliver Solberg construyó su victoria precisamente en ese contexto. No ganó en los tramos más limpios, sino en los más traicioneros. Su ventaja empezó a fraguarse en especiales como La Bréole–Selonnet, donde las zonas sombrías mantenían placas de hielo invisibles, y se consolidó en Les Hautes Vallées, uno de los tramos más largos y complejos del rally, donde varios de sus rivales perdieron tiempo por aparentes errores de principiante. Pero Solberg, incluso cuando a veces se salía de la carretera, acababa sacando ventaja.

La salida de pista del joven noruego el sábado en el tramo de Saint-Léger va a ser posiblemente la imagen del rally. Solberg se comió una valla delimitatoria y, en una asombrosa capacidad de reacción, subió la cuesta del prado nevado al que se había salido para que la inercia de la bajada le permitiera volver a acceder a la carretera, rompiendo la valla de acceso. Una genialidad al alcance de muy pocos, pero más aún en un piloto tan joven. La juventud es la que te puede hacer fallar en los momentos clave y aquí pasó lo contrario.

La exhibición de Oliver Solberg es la mayor bendición que le puede caer a una especialidad que pasa por horas bajas como los rallies. La deserción de varias marcas ha dejado la cosa apenas en un duelo entre Toyota y Hyundai, además de que la marcha de Kalle Rovanperä, su gran estrella emergente, no ha hecho más que echar sal en la herida. El campeón del mundo finlandés no esconde que su traición obedece a su deseo de triunfar en la Fórmula 1, la especialidad que les está robando el foco mediático y los patrocinadores.

Por eso es tan importante que este Montecarlo, por su dificultad y por el excepcional ambiente que ha proporcionado el público, nos haya recordado a lo más legendario de su historia. Mucho aficionado critica, no sin cierta razón, que los rallies se han desnaturalizado mucho respecto a lo que suponía su desafío hace años. Recorridos más cortos y comprimidos, limitaciones en los neumáticos o una generación de coches que no termina de enamorar, no ayudan, pero lo visto estos días es innegable que ha sido un espectáculo automovilístico extraordinario.

La controversia del reglamento

Los neumáticos han sido uno de los temas calientes del rally. El reglamento actual limita de forma muy estricta los neumáticos disponibles y en Montecarlo tenías que completar todo el recorrido con un total de 28 unidades. Pueden parecer muchas, pero en realidad son muy pocas, pues solo se puede elegir entre dos especificaciones: neumáticos de asfalto sin clavos y neumáticos de invierno con clavos cortos. Un dolor de cabeza para pilotos e ingenieros, pero un problema común a fin de cuentas para todos.

Es verdad que no tener los neumáticos adecuados ha generado mucho debate. No hemos tenido las exhibiciones de antaño cuando veíamos a los pilotos con sus neumáticos de clavos sobre la nieve y está también la legítima preocupación por la seguridad. Sin embargo, puestos a reivindicar el pasado, hay que recordar que la épica de hace sesenta y setenta años tiene mucho que ver con lo que hemos visto este año. Y si el problema es también la añoranza de nombres ilustres, la solución es valorar a un fenómeno como Solberg.

El Montecarlo de hace años era mucho más largo y tenía en ocasiones mucho componente de aventura. En la actualidad, la realidad se impone: cada día resulta más complejo cortar carreteras para que pase una competición. Por logística y sostenibilidad comercial, los itinerarios concentrados resultan inevitables. Pero si nos fijamos demasiado en lo que perdemos, tampoco valoraremos lo que ganamos. El tramo nocturno, por ejemplo, celebrado en el circuito de Fórmula 1, fue un acierto total para el público en vivo y para su seguimiento en redes sociales.

Muchos de los cambios de los rallies se han hecho pensando en la televisión. Curiosamente, lo que ha hecho que el seguimiento del Montecarlo 2026 haya sido espectacular ha sido su brutal pegada en las redes sociales. Y es que la receta de toda la vida para el éxito de las carreras de emoción, imprevisibilidad y pilotaje de alto nivel no falla. Por eso, Oliver Solberg y el Rally de Montecarlo 2026 nos recuerdan que no necesariamente cualquier tiempo pasado fue mejor.

Ganar el Rally de Montecarlo nunca ha sido fácil, pero la presente edición ha sido una de las más difíciles de su historia. 2026 será recordado como uno de esos años en los que la palabra leyenda es usada con total propiedad. Hemos vivido estos días ese Montecarlo que siempre nos ha gustado, con nieve, con barro, con ambientazo por las noches. Y, por si fuera poco, hemos vivido la confirmación del fenómeno que parece destinado a dominar esta especialidad en el futuro inmediato: Oliver Solberg.

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