La furia del titán: Garri Kaspárov, una leyenda forjada gracias a sus duelos al sol con Karpov
Kaspárov, considerado como uno de los mejores jugadores de la historia de esta disciplina, no fue desalojado del sitial de la gloria desde 1985 hasta bien transcurrido el año 2000
Kaspárov, una de las grandes leyendas del ajedrez. (EFE/Pawel Kula)
De Kaspárov se podrán decir muchas cosas, pero si hay algo determinante es que su ascenso al olimpo de los grandes fue meteórico, producto de un entrenamiento literalmente brutal y comprometido por su parte. Botvínnik, uno de los mejores ajedrecistas de la historia de este arte-ciencia que fue padre y abuelo de la Escuela Soviética de ajedrez, entrenó hasta llevar al estrellato a varios campeones del mundo como Garri Kaspárov, Anatoly Karpov o Vladimir Kramnik. Pero Kaspárov, de la mano del hexacampeón del mundo de ajedrez, se convirtió en un precoz campeón juvenil de la extinta Unión Soviética, en el temprano año de 1980, consiguiendo tan solo unos meses después el campeonato del mundo juvenil.
Mientras esto ocurría, para 1984-85 Kaspárov ya había jugado contra Karpov en partidas puntuales. Durante los seis meses que duró la agotadora contienda, dos estilos de juego antagónicos chocaban como una colisión de trenes. Uno, el de Karpov, era como el de una boa constrictor, restricción de área, búnker total; el otro, arte puro, maniobras arriesgadas, sacrificios, ataque, belleza. El Campeonato Mundial de Ajedrez 1984 fue un encuentro entre el retador Garri Kaspárov de la Unión Soviética y su compatriota y campeón defensor Anatoli Karpov.
Se jugó en Moscú entre el 10 de septiembre de 1984 y el 9 de febrero de 1985. Ambos estaban jugando un ajedrez espectacular, no obstante, tras 6 meses y 48 partidas, el encuentro quedó anulado. Este Mundial ha sido probablemente el más polémico de la historia del ajedrez, debido a la decisión del entonces presidente de la FIDE, Florencio Campomanes, de anular el encuentro. Karpov continuaría como campeón del mundo.
Kaspárov, considerado como uno de los mejores jugadores de la historia de esta disciplina, no fue desalojado del sitial de la gloria desde 1985 hasta bien transcurrido el año 2000. Su primer Mundial de ajedrez lo ganaría Kaspárov el 9 de noviembre de 1985, llevándose por delante a Anatoly Karpov en la partida número 24 del match por el título y convirtiéndose en el campeón más joven. Su fin de era concluyó con una derrota ante Vladimir Kramnik. No obstante, y hasta el año 2005, llegó a la cota ELO de 2851 puntos, batida más tarde por los impresionantes 2882 de Magnus Carlsen, la mayor puntuación mantenida inamovible —con ligerísimas variaciones— hasta la fecha.
También fue autor de la enciclopedia de ajedrez más erudita jamás escrita (Mis Geniales Predecesores), un compendio de la historia del ajedrez a través de partidas comentadas y biografías de los mejores jugadores que han desfilado por los tableros. Pero fue conocido por el enfrentamiento entre colosos con Anatoly Karpov, de una intensidad inusual de tal manera que tras sumar el conjunto de sus enfrentamientos en partidas jugadas por el campeonato del mundo (144 en total), se produjeron 104 tablas y 21 victorias para Kaspárov por 19 para Karpov. Esto es, sencillamente, una igualdad casi matemática. Así estaban las cosas en el Olimpo del ajedrez.
En el terreno de la belleza extrema, hay dos partidas —entre muchas obras de arte de Kaspárov— que podrían decorar la Capilla Sixtina del ajedrez. Una de ellas es la inmortal del Campeonato del Mundo de 1985, concretamente la número 16 contra Karpov, con una presión sostenida en el ataque y una comprensión posicional arrolladora. Según él, la mejor partida de su carrera profesional. Aunque también está aquella que jugó contra Topalov, otra partida antológica donde la plenitud de las energías ocultas que rigen las fuerzas arcanas del ajedrez, roza la mística y la plenitud estética.
Kaspárov presidió la clasificación mundial FIDE de forma continua desde 1986 hasta su retirada en 2005, esto es, durante casi 20 años; alcanzando en julio de 1999 una puntuación de 2851, la mayor obtenida hasta el logro del GM Magnus Carlsen en abril de 2014, al alcanzar este los 2882 puntos. Sin embargo, tras ganar a las computadoras en varias ocasiones, habida cuenta de que estas no eran inteligentes, sino que por las bases de datos que manejaban tenían buena memoria, en el año 1997 cayó ante Deep Blue, siendola primera vez que una máquina derrotaba a un campeón del mundo en partida con ritmo de juego convencional.
Kaspárov y Karpov, recreando sus míticos duelos en 2009. (EFE/Kai Försterling)
No obstante, aquí la fórmula de quién fue el mejor de los dos no se puede validar. Karpov representaba el ajedrez científico, el método, era un oficialista cercano a Putin; por el contrario, Kaspárov era un verso suelto, imprevisible, imaginativo, en ocasiones jugaba al caos total para luego recomponer el mapa del tablero. Además, en su rebeldía retaba al establishment que apoyaba a su oponente. Bien decía Einstein que él valoraba más la imaginación que el conocimiento empírico.
Con posterioridad, Kaspárov contribuyó enormemente al desarrollo de los programas informáticos vinculados al ajedrez, incluyendo el naciente escenario online. En 1996 disputó el esperado match con Deep Blue, en el que se impuso por 4-2. Un año después, 1997, Kaspárov se vería sobrepasado por un punto de diferencia con la misma aplicación con el software modificado. Finalizaba una era, comenzaba otra.
Lo dicho, un duelo de titanes con una milimétrica ventaja para uno de los contendientes. A buen seguro, la historia los albergará en su seno.
De Kaspárov se podrán decir muchas cosas, pero si hay algo determinante es que su ascenso al olimpo de los grandes fue meteórico, producto de un entrenamiento literalmente brutal y comprometido por su parte. Botvínnik, uno de los mejores ajedrecistas de la historia de este arte-ciencia que fue padre y abuelo de la Escuela Soviética de ajedrez, entrenó hasta llevar al estrellato a varios campeones del mundo como Garri Kaspárov, Anatoly Karpov o Vladimir Kramnik. Pero Kaspárov, de la mano del hexacampeón del mundo de ajedrez, se convirtió en un precoz campeón juvenil de la extinta Unión Soviética, en el temprano año de 1980, consiguiendo tan solo unos meses después el campeonato del mundo juvenil.