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¿Quién era Wilhelm Steinitz? El genio del ajedrez que no pudo escapar de sus fantasmas
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¿Quién era Wilhelm Steinitz? El genio del ajedrez que no pudo escapar de sus fantasmas

El austriaco pareció en los torneos a mediados del XIX para revolucionar la teoría del ajedrez con su famosa Escuela Posicional, un genio incomprendido que es historia del tablero

Foto: Wilhelm Steinitz, un genio del ajedrez mundial. (Creative Commons)
Wilhelm Steinitz, un genio del ajedrez mundial. (Creative Commons)

Aunque en el siglo XVI se jugó el primer torneo internacional de ajedrez en España, siempre se ha hablado de que el momento fundacional surge con un jugador austriaco. A efectos prácticos, Wilhelm Steinitz (1836 -1900) formalizó el primer campeonato del mundo arrasando con una metodología arrolladora. La erosión tranquila de la posición adversaria a través de pequeños zarpazos —una especie de gota malaya—, sistematizó una novedosa forma de jugar al ajedrez a través de rascar la posición del oponente con un piano piano.

Steinitz apareció en los torneos a mediados del XIX para revolucionar la teoría del ajedrez con su famosa Escuela Posicional. En aquel tiempo, hasta el propio Emanuel Lasker —su sucesor en la corona y segundo campeón del mundo—, alabó reiterativamente su método de pequeñas maniobras sutiles y casi imperceptibles en el tablero que, a la postre sumadas, resultaban demoledoras. Su predecesor, Paul Morphy, era un genio intuitivo, pero carente del concepto de estrategia o al menos de una estrategia digna de tal nombre, aunque ello no es óbice para alabar la belleza del juego del norteamericano.

Para navegar en los territorios magistrales, es necesario contar con el concepto de evaluación permanente, esto es, la lectura de la posición. La acumulación gradual de pequeñas ventajas daba lugar a la idea teórica de ataques bien fundados. Esta profundidad teórica, no alcanzada nunca hasta el momento de la aparición del austriaco, fue un salto espectacular en la teoría del ajedrez, quizás equiparable a los grandes descubrimientos científicos de aquella época. Es, en definitiva, el salto hacia el ajedrez moderno sin hacer de menos al francés Philidor y su enorme aportación a través de una frase legendaria: Los peones son el alma del ajedrez (sic), frase que se puede interpretar incluso por extensión en una proyección antropológica y social.

Foto: boris-spassky-bobby-fischer-estilos-ajedrez-partida-historica

De una familia numerosa con una economía de supervivencia, este austriaco nacido en Praga (existía el imperio austrohúngaro), apostaba en los cafés de Viena para sacarse unas perras e ingresar unas monedas extras en la economía familiar. Corría el año 1862, cuando en la capital austriaca su nombre evocaba victorias. Con 26 años, la criatura fue designada para representar a Austria en el torneo de Londres. Sexto entre catorce participantes, generó una partida contra el afamado Mongredien que fue calificada como la más brillante del torneo, un trabajo a todas luces de orfebrería pura. La conclusión que sacó tras ganarse la nada despreciable cantidad de cinco libras no fue otra que una búsqueda sistemática de las fuentes de la lógica. No se trataba de buscar combinaciones ganadoras al azar, sino cocinar previamente el asunto para atacar al adversario desde una posición de superioridad.

Con su peculiar carácter agrio, se enfrentó al arrogante británico y magnate, Epstein, en Londres, al que le espetó con cajas destempladas que, sobre el tablero, el único Epstein era Steinitz. Steinitz se caracterizaba por una inquebrantable fe en sí mismo. Preguntado en una ocasión sobre si se creía capaz de obtener el triunfo en un torneo de profesionales, respondió y, ni corto ni perezoso, dijo: "De salida tengo gran ventaja, pues soy el único que no tiene que enfrentarse a Steinitz". Tal cual...

Tanto contra Paulsen como contra el juego elegante de Andersen, la Nueva Escuela de Steinitz se impuso de forma contundente. Steinitz comenzaba a imponer de forma inapelable su superioridad en la lectura de las posiciones, tanto en la búsqueda estática de consolidación como en los factores dinámicos y tácticos. Sus piezas parecían tener vida propia.

Foto: mijail-tal-ajedrez-quien-fue-perfil-campeon

Pero los azares en la vida tienen su peso invisible y lamentablemente Steinitz, ya con evidentes signos de alteraciones mentales varias —depresión, sicosis e insomnio— perdía fuelle. Dos o tres fuertes oponentes aparecían en el escenario llamando a la puerta. El prestigioso Dr. Siegbert Tarrasch, que declinaría su participación para seguir atendiendo a su nutrida tribu de pacientes, Chigorin y, finalmente, la joven promesa Emanuel Lasker, que contra todo pronóstico alcanzaría la sucesión en el trono del ajedrez. Ya en el torneo de Londres de 1899 era patente su deterioro y los destrozos de las medicinas paliativas para las diferentes patologías que le afectaban. En buena ley, se puede decir que jugaba drogado.

En el umbral del siglo XX, un viejo vapor lo conducía hacia Nueva York. Económicamente sin recursos ni amparo, con un deterioro visible, sería ingresado en un psiquiátrico en la isla de Ward próxima a la capital. Tanto Chigorin como Alekhine siempre tuvieron elogiosas palabras de reconocimiento para con el austriaco. La naturaleza lógica y perfectamente definida del arte-ciencia que es el ajedrez tenía cierto componente determinista. El asiento teórico para descubrir estas verdades ocultas lo puso él en una primera piedra. ¿O piedra angular?

Durante treinta años, dominó con sus aperturas cerradas —más seguras, pero menos dinámicas— el mágico escenario de esta milenaria disciplina. Murió en la indigencia y retando a Dios...

Aunque en el siglo XVI se jugó el primer torneo internacional de ajedrez en España, siempre se ha hablado de que el momento fundacional surge con un jugador austriaco. A efectos prácticos, Wilhelm Steinitz (1836 -1900) formalizó el primer campeonato del mundo arrasando con una metodología arrolladora. La erosión tranquila de la posición adversaria a través de pequeños zarpazos —una especie de gota malaya—, sistematizó una novedosa forma de jugar al ajedrez a través de rascar la posición del oponente con un piano piano.

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