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Mercedes Coghen: "La vida de los deportistas es muy corta, nosotros morimos dos veces"
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ENTREVISTA A LA ATLETA

Mercedes Coghen: "La vida de los deportistas es muy corta, nosotros morimos dos veces"

Fue campeona olímpica de hockey hierba en Barcelona 92. Más tarde, fue candidata a presidir el COE, lideró la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2016 y acabó absuelta en el 'Caso Nóos'

Foto: La campeona olímpica de hockey hierba en Barcelona 92, Mercedes Coghen, posa para El Confidencial. (S. B.)
La campeona olímpica de hockey hierba en Barcelona 92, Mercedes Coghen, posa para El Confidencial. (S. B.)

Barcelona 92 fue el despertar del deporte español con 22 medallas que todavía no se han superado y quizá la atmósfera de aquel verano lo justifique. Entre ellas, estuvo la de hockey hierba, el único oro de un deporte colectivo femenino hasta que las chicas de waterpolo han tomado el testigo este verano en París. Mercedes Coghen (Madrid, 1962) era la capitana de aquel equipo que triunfó en la Ciudad Condal.

Coghen llega más que puntual a la cita con El Confidencial. Accede con suma simpatía a las fotos, a pesar de la dificultad existente para posar por el enorme viento. Tiene un partido de pádel poco después de la conversación, pero no mira el reloj en ningún momento, ni atiende al teléfono a pesar de las numerosas llamadas que le entran.

Su hermano fue plata olímpica en Móscu 1980 en hockey hierba, junto a cuatro compañeros que habían pasado por su colegio, el Santa María de los Rosales. Su padre fue uno de los que contribuyó a que los sticks aterrizaran en su escuela. Aunque Mercedes empezó en balonmano, acabó en el deporte que su progenitor había instaurado.

Su papel en el deporte fue mucho más allá de la pista. Coghen fue rival de Alejandro Blanco en las elecciones al Comité Olímpico Español en 2005. Más tarde, fue consejera delegada de la candidatura de Madrid 2016, Juegos Olímpicos que finalmente acogió Río de Janeiro. "Nos faltó más apoyo estatal", señala. También vivió la parte más amarga de su vida cuando fue imputada en el Caso Nóos, una causa de la que salió absuelta "con la felicitación del juez". Ahora es vicepresidenta de Madrid Open City y da clase en másteres universitarios.

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PREGUNTA. Era casi inevitable que usted no se dedicara al deporte, concretamente al hockey.

RESPUESTA. Países Bajos es un país donde el hockey es deporte nacional, sobre todo el femenino, donde hay millones de licencias. Mi madre, de hecho, apenas jugaba, conoció a mi padre a través del trabajo de una aseguradora. A mi padre, en cambio, le encantaba el deporte y fundó, junto a un grupo de amigos, un equipo de hockey. También lo impulsó en mi colegio, el Santa María de los Rosales. Incluso plantó árboles en la Casa de Campo.

P. Para más inri, su marido también fue deportista.

R. Yo conocí a mi marido en el Club de Campo. Al final, haces las relaciones en los entornos en los que te mueves. Él estuvo a punto de ser olímpico, pero cuando lo tenía todo preparado para viajar, se le salió el hombro.

P. Usted, sin embargo, jugaba al balonmano en el colegio. ¿Cómo llegó entonces al hockey?

R. Por mi familia. Yo tuve un profesor de balonmano en el colegio con el que fuimos campeonas de España en cadete escolar. Lo malo es que no había equipo juvenil. El balonmano estaba bien hasta cierto nivel, porque era un deporte duro cuando pasabas las ligas escolares. Mi padre introdujo el hockey masculino en el colegio y así salieron cuatro integrantes del equipo que fue plata olímpica en Moscú 1980. Ese mismo profesor, más tarde, venía por las clases diciendo que quién quería aprender a barrer, porque fue cuando el hockey llegó al colegio.

P. Aquella era una época en la que la estructura del deporte femenino era inexistente.

R. No había nada de deporte femenino. De hecho, yo tenía que mentirle a una señora, la delegada de FET de la Jons, porque no te dejaban jugar con poca edad. Me tocó jugar con las mayores porque no teníamos equipo juvenil. Siempre me preguntaban la edad y le decía que tenía 18 años para que me autorizaran a jugar.

Recuerdo que mi padre, en el Club de Campo, me decía que corriera de un lado para otro. Me dijeron que lo hacía como un chico y aquello fue lo más orgulloso que me habían dicho en mucho tiempo.

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P. ¿Había miradas raras a las mujeres que practicaban deporte en ese momento?

R. Había muy pocas mujeres que hicieran deporte, sí. Se extrañaban porque veían que el hockey es un deporte masculino, por más que las chicas lo practicaran en Inglaterra y Argentina.

P. ¿Qué otras inquietudes tenía al margen del deporte?

R. A mí me gustaban mucho los idiomas y fui una buena estudiante. Mi padre se murió muy joven, cuando yo tenía 14 años, y me quedé un poco sin guía. Demasiado tuvo mi madre con sacar a seis hijos adelante sola.

P. Era de las que sacaba buenas notas entonces.

R. Sí, era de las que sacaba buenas notas, pero no tenía una vocación muy definida, no sabía bien qué hacer. Me gustaban los idiomas, así que pensé en estudiar interpretación, pero aquí no había carrera, solo en Granada o en Suiza. Sinceramente, no tenía muchas ganas de salir de España. Ya tenía algún noviete, al margen de que me convocaba la Selección sub-21 y poco después empezó la preparación para el 92. Empecé Turismo, pero acabé en Derecho, carrera que compaginé con los idiomas que estudié hasta que estuvimos dedicadas en exclusiva a prepararnos para Barcelona.

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P. ¿No perdió el interés por el deporte con la ausencia de su padre?

R. No, no. En casa habíamos heredado su pasión y seguíamos siendo una familia grande, unida en parte por esos lazos. Todos los amigos de mi padre nos conocían porque nos pasábamos el día entero en el Club de Campo, algo que le hizo las cosas más fáciles a mi madre. El día lo echábamos de aquí para allá y a nosotros nos encantaba. En el colegio, en cambio, era un poco raro, porque la gente empezaba a salir y yo tenía ese entorno del deporte. En realidad, me vino bien porque fueron unos años malos en Madrid por el tema de la droga.

P. ¿Cómo se hace para sortear eso?

R. Cuando tienes compromisos y responsabilidades, es mucho más fácil. Hacer deporte no significa que no salgas. Realmente, si te gusta lo que haces, da igual que sea música o deporte, si tienes un compromiso contigo mismo y con otras personas, entiendes que no es compatible. Por eso, el deporte es una herramienta buenísima, porque pone a la gente en situaciones que luego te van a pasar muchísimas veces a lo largo de la vida. Pero las conoces a una edad temprana.

P. ¿Qué tipo de situaciones?

R. Tener que madrugar porque tienes una convocatoria, respetar al resto del equipo que ha podido tener un mal día, seguir las normas que me ponen, mostrar respeto por el entrenador que se está preocupando por mí, ayudar a los compañeros para que estén comprometidos… Luego tengo que asumir que, a veces, las cosas no van a salir como me gustaría, que eso es muy difícil cuando estás protegido. Mis hijas, de hecho, me decían que en el colegio les llamaban las "no puedo, porque tengo hockey".

placeholder Mercedes Coghen fue la capitana de aquella Selección. (S.B.)
Mercedes Coghen fue la capitana de aquella Selección. (S.B.)

P. Veo que ellas han seguido sus pasos.

R. Era difícil, por más que yo no quisiera ser una madre Pantoja. La mayor bailaba muy bien e incluso hizo gimnasia rítmica en Las Rozas. Pero era un poco tiesa [risas]. Yo les he hecho probar de todo desde pequeñitas para que encontraran algo que les gustara.

P. ¿Se les dan facilidades a los deportistas en el ámbito educativo?

R. Tú eres de otra generación, de la de mis hijas. En mi caso, he tenido un examen, cuando estaba en Derecho, y no podía hacerlo porque tenía una Copa de Europa sub-21. Le pedí al profesor que me lo cambiara y me dijo que su sobrino jugaba al waterpolo. Parecía que iba a moverlo de fecha, pero se negó al final [risas]. He tenido que hacer virguerías para compaginar los estudios con el deporte, porque no había esa conciencia de lo que significa compatibilizar ambas cosas. Al menos ahora se habla más de eso, porque la vida de los deportistas es muy corta. Nosotros morimos dos veces.

P. ¿Se ha avanzado algo en este aspecto?

R. Sí, porque ahora existe la consideración de deportista de alto nivel e incluso se le reservan plazas en la universidad. Las tutorías, al igual que las carreras, se pueden hacer a distancia y eso permite que haya más facilidades. No obstante, se ha producido un enorme aumento de la exigencia porque el avance físico ha sido brutal. Se exige vivir como un profesional, aunque no cobres como tal. Siempre he dicho que mis hijas han entrenado tanto yo como en mi última etapa.

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P. ¿Cómo hacía para compaginar deporte y los estudios?

R. Yo he viajado con los apuntes a todos los sitios. Jugaba un partido, pero me iba enseguida al hotel y esperaba al autobús con los papeles en la mano. Me encerraba las horas que tenía disponible para sacar los exámenes adelante. Los deportistas contamos con la ventaja de tener mucho orden.

P. ¿Cuánto hay de verdad y de leyenda en que los deportistas saben optimizar más el tiempo?

R. Creo que es así, porque no me daba tiempo a tener muchas distracciones. Si tenía una hora para estudiar, era ese momento o no tenía otro. A veces les preguntaba a mis compañeros a qué dedicaban todo el día, porque me parecía demasiado dedicárselo a un examen concreto. Cuanto más tiempo tienes, te relajas.

P. ¿El Plan ADO les cambió la vida?

R. Sin el Plan ADO no había vida. Eso cambió la vida del deporte español, no solo de los deportistas, también del concepto de las estructuras, de los técnicos, de los dirigentes… Para las mujeres españolas, además, fue un plus. Barcelona 92 fue el despertar del deporte femenino.

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P. Su entrenador en el 92, José Brasa, me contó que ustedes cobraban menos que el equipo masculino. ¿Estaban al tanto de esa discriminación?

R. Quizá te vas enterando cuando empiezas a necesitar el dinero, pero no eres muy consciente de esa injusticia que todo el mundo ve. En ese momento, no le dábamos la connotación que tiene ahora, porque los chicos siempre habían ganado cosas, mientras que el nivel del hockey femenino era muy bajito.

P. En Barcelona nadie creía en ustedes. ¿Ni ustedes mismas?

R. No, no, eso no es verdad, para nada. Siempre hemos hablado de que José Brasa fue bastante revolucionario en su planteamiento, fue un entrenador especial. Era un señor muy noctámbulo y se inspiraba mucho en cosas que había hecho desde joven. Fue un sabiondo y buscaba una segunda alternativa a las cosas. El planteamiento que tenía es que necesitaba que diéramos todo para ser campeonas. Fue muy difícil pasar de amateur a profesionales en seis años, porque, por ejemplo, mi nivel físico era el de corretear en el colegio. Mi padre decía que corría como un chico, igual era la que más corría de mi clase. Pero no bastaba para la élite.

P. Ustedes se enfrentaron a las grandes selecciones en la previa de aquellos Juegos Olímpicos.

R. Ese fue un gran planteamiento de José Brasa, que quería que nos enfrentáramos al menos una vez a todos los equipos que estaban por encima de nosotros. ¿Con qué intención? Para ver el nivel que teníamos y si éramos capaces de ganarle una vez al menos. Para nosotras era algo inalcanzable, porque recuerdo, por ejemplo, cómo calentaban las australianas. Tiraban un gran disparo por la escuadra y parecía complicado, pero luego nosotras también fuimos capaces.

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P. ¿Ese triunfo del 92 fue el de la fe absoluta?

R. Sí, sí. Muchas veces llamas fe al convencimiento que te falta para estar 100% seguro de algo, pero en realidad nosotras teníamos mucha confianza por todo lo que habíamos entrenado.

P. ¿Cómo llevó la retirada?

R. Lo tuve bastante claro. Cumplí 30 años en Barcelona y me retiré con una medalla de oro. Estaba casada y vi que era el momento para pasar a otra etapa. Ganar ese oro era el mejor colofón posible. Cuando estás en deporte, es cierto que, en parte, te están dirigiendo la vida porque te dicen la hora de charla, la de levantarse, la de desayunar… Cuando lo dejas, te llega un gran vacío porque la retirada no está bien planteada. Esa transición del deportista sigue siendo algo en lo que las entidades públicas deben preocuparse más, deben estar en ese acompañamiento.

P. Usted se presentó a la presidencia del COE en 2005. ¿Por qué?

R. Porque siempre me he implicado mucho. Recuerdo que mi padre fue tesorero de la Federación de Hockey y yo estaba corriendo por los pasillos. Con José Brasa, cuando nos conocimos, hablábamos mucho de la responsabilidad de la Federación, discutíamos sobre la posibilidad de cambiar las cosas… Me nombró capitana cuando había gente mayor que yo, supongo que fue por mi compromiso con el equipo.

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P. ¿Qué personalidad debe tener un buen capitán?

R. Es como el liderazgo de un jefe, no hay dos iguales. Lo que debe hacer, y para mí es básico, es predicar con el ejemplo. Si fallas, los compañeros se van a agarrar eso. Siempre he intentado tener empatía con la gente veterana del equipo y con los más jóvenes. En el 92, tuvimos un detalle importante: mucha gente era líder en sus equipos.

P. ¿Eso es positivo en un vestuario?

R. Si se sabe manejar bien, sí. Puede que tengas encontronazos en la liga, pero luego que hay que centrarse para lograr el objetivo común. En los equipos hay roces, pero el carácter viene bien porque, cuando uno falla, hay otro que está ahí.

P. Hablábamos de cuándo se postuló al COE.

R. En 2005, yo llevaba tiempo colaborando con el COE, porque entré en la Comisión de Deportistas en 1996. Para mí era un mundo mágico, porque trabajaba para que los deportistas vivieran lo mismo que yo. Me sentía superafortunada. Hablé con mucha gente y muchos me dijeron que había una buena oportunidad para darle un aire fresco al COE. Vieron a mí a una figura, a una deportista que había sido medalla de oro y que estaba implicada. Estaba todo bastante cerrado y tuve que pelear por seis avales, porque Alejandro [Blanco] los tenía casi todos. Por salud democrática, creo que es bueno que haya más de una alternativa.

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P. ¿Se esperaba el resultado?

R. Tuve más votos individuales que Alejandro, pero perdí en el voto ponderado. Visto con perspectiva, igual estaba un poco verde para lo que pensaban que podía ser un dirigente.

P. ¿Qué le parece la gestión de Blanco en el COE?

R. Ha acertado en que los deportistas reconozcan el COE como su casa. Asimismo, veo que su liderazgo es demasiado personal y que debería haberse dado un cambio porque lleva muchos años. Es un experto maravilloso ganando elecciones. Él lo controlaba todo, mientras que yo no invitaba a periodistas a comer a ningún lado. Mi experiencia me hubiera permitido hacerlo mejor en un segundo o tercer intento, pero la vida me llevó por otros sitios.

P. ¿Hay algo más que no le guste de su gestión?

R. Hay una cosa que ha sido continua y que se mantiene: que la relación entre el COE y el CSD nunca ha sido buena. Esa bicefalia implica mordiscos en lugar de trabajar para el bien común. Blanco dice que apoya mucho el modelo del Comité Olímpico Internacional (COI), pero en el COE no establece el límite de mandatos. En su momento, además, cambió los estatutos para evitar que vinieran paracaidistas. Yo he estado 20 años en el COE, pero como no he estado en los tres últimos o no soy presidente de Federación, no me puedo presentar a las elecciones. Eso no significa que mi amor por el COE no sea maravilloso. Hay cosas en las que no coincido.

placeholder Mercedes Coghen lideró la candidatura. (S.B.)
Mercedes Coghen lideró la candidatura. (S.B.)

P. Luego acabó como consejera delegada de la candidatura de Madrid 2016.

R. Estuve en la junta directiva de la Federación de hockey en 2004 y nos dieron el preolímpico masculino en mi club. Y quisieron que fuera la directora ejecutiva. En ese momento, la candidatura de Madrid estaba muy avanzada y tenía bastante relación con la gente del Ayuntamiento de Madrid. El vicealcalde era el que llevaba la candidatura y era el presidente de mi club, que es de titularidad municipal.

P. ¿Él le pidió ayuda?

R. Jugábamos al pádel incluso y ya sabes que el deporte une mucho. Llegó el momento de optar a los Juegos Olímpicos de 2016 y teníamos como referencia a Sebastian Coe, que fue el adalid de Londres 2012. Buscábamos figuras para liderar la candidatura hasta que me dijo que fuera yo. Coe era mucho más reconocible, al margen de que hacía un deporte individual, pero me lo pidieron y acepté.

P. ¿Los vio más cerca en 2012 o 2016?

R. Según los que más sabían, y uno de ellos era Samaranch padre, en 2012. Luego hablé con la gente que estuvo en la votación y no se lo creían, decían que no se hizo lobby suficiente. Si hubiéramos llegado a la final de la votación con Londres o París, hubiéramos ganado. Fue una pena.

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P. ¿Y en 2016?

R. Ahí nos mató la crisis económica. El presidente del Banco de Brasil prometió 50 millones de euros para lo que hiciera falta y nosotros estábamos en una situación delicada. La parte económica es vital para todo el engranaje olímpico.

P. ¿Pone ese mazazo a la altura de algunos vividos en la pista?

R. Son incomparables porque las situaciones personales no las puedes comparar con otras. En 1992, vino una revista a entrevistarme a casa, en septiembre, y ya estaba embarazada. Me preguntaron si era más importante el bebé o la medalla de oro, pero no era comparable.

P. Usted estuvo imputada en el Caso Nóos. ¿Cómo llevó ese proceso?

R. Siempre digo que mi vida ha sido extraordinaria para lo bueno y para lo malo. Con perspectiva, lo llevé todo lo serena que se puede llevar y con mucho apoyo familiar. Intenté no esconderme, porque tenía muy claro lo que había hecho y lo que no. Conocí un mundo que era completamente desconocido para mí. Fue difícil de gestionar porque se te ocurren mil tonterías a las cuatro de la mañana, al margen de que me despertaba todas las noches. Mis mimbres deportivos me ayudaron a tener esa capacidad de resiliencia.

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P. ¿Se puede ser optimista en un proceso judicial?

R. Es más fácil gestionar con optimismo aquello que controlas. En ese caso, dudaba mucho, dudaba del modelo. Y yo había estudiado Derecho. Mi primera charla fue con un abogado que me dijo que en la Audiencia Provincial de Baleares todos pactaban. Afortunadamente, encontré a un abogado maravilloso, muy sereno, que no era estrellita y que me dio muchísima confianza. Aquello me causó mucha desconfianza en las personas.

P. ¿Se sintió traicionada por la gente?

R. No, no lo llamaría traición. La gente no aparece porque le da miedo. Cada uno tiene su propia vida, sus propias responsabilidades. A mí se me olvidan las cosas malas y no me han durado mucho en el tiempo. Ese es un mundo muy difícil, muy cruel. Creo que no tenía que haber llegado a ese grado de imputación, pero entendí que querían hacer el caso mayor.

P. Usted llevaba caramelos a las sesiones.

R. Sí, sí, los llevaba y le daba a la gente. Yo pintaba mucho en una libreta para distraerme. Eran horas y horas de hacer cosas surrealistas. Me costó mucho aquella etapa por mis hijas, que eran pequeñas. Cuando yo me entero de la imputación, ya estaba mi cara en los periódicos.

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P. ¿Cómo reaccionó?

R. Estaba en Cádiz en un campeonato de las hijas. Vino una amiga de ellas y me dijo: "Mercedes, no te preocupes, sabemos que no eres una choriza". Siempre supe que mi cara iba a quedar conocida, porque he aparecido en muchísimas fotos, al margen de que estaba a tiro de las cámaras. Estaba delante de la Infanta en el juicio y salía en todas las televisiones. Quizá me ha cortado mi carrera porque imagínate presentarte a otras cosas con ese precedente.

P. Usted salía en todos los informativos.

R. Sí, porque aunque hayas salido absuelta con una felicitación del juez, eso no queda. Cuando fui imputada, salí en El Mundo con la flecha para abajo. Pero no salí con la flecha para arriba cuando el juez me absolvió. Entonces descubrí que la condena del telediario existe. Mi carrera de gestora deportiva no se llegó a cumplir por eso. Además, no te quedan ganas de enfrentarte a situaciones que te comprometan.

P. Este verano las chicas de waterpolo ganaron el oro en París. ¿Sienten que les han usurpado el pseudónimo Las chicas de oro?

R. No, no. Estoy súper feliz de que las chicas ganaran, porque ya no somos el único equipo femenino que ha ganado un oro. Queremos que el deporte español esté lo más arriba posible.

Barcelona 92 fue el despertar del deporte español con 22 medallas que todavía no se han superado y quizá la atmósfera de aquel verano lo justifique. Entre ellas, estuvo la de hockey hierba, el único oro de un deporte colectivo femenino hasta que las chicas de waterpolo han tomado el testigo este verano en París. Mercedes Coghen (Madrid, 1962) era la capitana de aquel equipo que triunfó en la Ciudad Condal.

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