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Así es ser copiloto en un coche del Rally Dakar: derrapes, saltos... y un extraño pitido con el que se ríe Isidre Esteve
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Rubén Rodríguez

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Así es ser copiloto en un coche del Rally Dakar: derrapes, saltos... y un extraño pitido con el que se ríe Isidre Esteve

Antes del comienzo del Rally de Marrakech, Isidre Esteve pone a prueba las novedades de su coche, las mismas que llevará al Dakar, y El Confidencial es testigo en primera persona

Foto: De copiloto junto a Isidre Esteve. (Repsol Media)
De copiloto junto a Isidre Esteve. (Repsol Media)

Son las 06:30 horas en Marrakech y, tras una ducha corta, llega el momento de desayunar. Bajo al comedor confiado y con ganas, con la emoción de saber que es una jornada importante, pues podré vivir en primera persona cómo es ser copiloto de Isidre Esteve, un deportista de élite que ha corrido hasta en trece ocasiones el Rally Dakar. El Repsol Toyota Rally Team se prepara para el último raid antes de la gran prueba y tengo la oportunidad de disfrutarlo sobre el propio coche.

Pronto, llega mi primera duda: ¿debo desayunar o es mejor acudir al evento con el estómago vacío? Opto por una decisión salomónica: café y media tostada, pero me llevó un par de magdalenas para tomar en medio del desierto. Nunca se sabe lo que uno puede necesitar. Tenemos casi hora y media de autobús para recorrer unos sinuosos 35,9 kilómetros, la distancia que hay hasta Sidi Bou Othmane, el lugar donde se va a realizar el shakedown en el que participaré como copiloto.

Foto: isidre-esteve-sainz-dakar-toyota

El camino es corto, pero las carreteras no ayudan. El inicio es prometedor, pero una vez abandonado Marrakech, llega el momento de tomar vías bien asfaltadas, aunque estrechas para dos coches en sentidos distintos, lo que a veces obliga a conductor de la furgoneta que me traslada a echarse al arcén. Sorprende que las motos, sin casco muchas veces y hasta con tres personas -niños, incluidos-, adelanten por la derecha... pero toquen el claxon para advertir de su presencia.

Nos desviamos de la carretera, por un pequeño camino de arena, donde reza un extraño cartel: 'Cuidado con las inundaciones'. ¿En una explanada en mitad de la nada? Llego al puesto que el Repsol Toyota Rally Team tiene montado y pronto veo el Toyota Hilux T1+ bajo una carpa. He optado por sudadera y pantalón corto pues, aunque hace 19 grados, me aseguran que a media mañana subirá la temperatura. Efectivamente, los 35º vendrán algo más tarde.

placeholder Isidre Esteve y Txema Villalobos, junto a su coche. (Repsol Media)
Isidre Esteve y Txema Villalobos, junto a su coche. (Repsol Media)

Aparece Isidre Esteve junto a su copiloto, Txema Villalobos, ambos acompañados por la pareja y fisio del equipo, Lidia Guerrero, además de un par de mecánicos. "¿Quién va a ser el primero?", dice entre risas el piloto ilerdense. "Venga, yo mismo", digo, con ganas de probar la sensación de estar dentro de un coche de rallies. Me coloco el casco, monto en el coche y Txema me ayuda a ajustarme los anclajes del cinturón de seguridad. Aprovecho y le pregunto por el roadbook.

"Hay que interpretarlo y saber leer la carretera. A veces, te pintan unas montañas grises y, cuando llegas al punto, de verdad que son grises. Es un cómic que hay que entender rápido", explica con gran amabilidad. "Bueno, qué, ¿nos vamos?", pregunta Isidre. "Dale, sin miedo", le respondo. Sale flojo de la carpa, hace una curva de 90 grados a la izquierda, acelera cien metros y toca el freno a fondo. Vuelve a acelerar en vacío... y comienza la aventura. Serán 5 kilómetros de pura emoción.

El momento de la verdad

Rectas a 120 kilómetros por hora, curvas donde se entra y sale derrapando, cambios de rasante y pequeños saltos en una pista de arena dura, rodeada de pizarra. La sensación de velocidad es extrema, pero también placentera. El dominio de Isidre es absoluto. Su coche puede alcanzar algo más de 180 km/h pero, cada vez que da gas a fondo, el coche pita. "¿Qué pasa?", pregunto. Isidre solo ríe: es el limitador, puesto a 120 km/h en el shakedown. Lo alcanzamos en un par de ocasiones.

Desde el puesto de copiloto, observas zonas donde crees que el coche va a golpear duro, pero la pericia del piloto, acompañada de la suspensión y la amortiguación, hacen que se superen con facilidad. El coche no se mueve, baila sobre la arena, con una tracción que sorprende. Pero lo que más llama la atención es Isidre: sonrisa perpetua en la cara, es feliz mientras conduce... aunque con sus manos deba de controlar volante, acelerador, frenos y embrague al mismo tiempo.

placeholder Junto a Txema Villalobos, copiloto de Isidre. (Repsol Media)
Junto a Txema Villalobos, copiloto de Isidre. (Repsol Media)

No tiene un segundo de descanso en el puesto de conducción. Cuando en 2007 sufrió un accidente que le hizo perder la movilidad de ambas piernas, tuvo que adaptarse a la nueva situación e impresiona ver de cerca cómo controla tantos parámetros al mismo tiempo. Pese a ello, la sonrisa nunca falta y se le ve disfrutar mientras conduce. Pasamos frente a una guardería y un rebaño de cabras, gira 180º y encaramos el camino de vuelta, más escarpado y con más resaltos.

Isidre me pregunta varias veces: "¿Cómo vas?". "Dale, dale, todo genial", respondo emocionado por la experiencia. Supera varios saltos poderosos y termina subiéndose a un talud en la recta final. Suena un golpe en los bajos: "Le hemos pegado a la roca", dice Isidre mientras se ríe. Entra de nuevo en la carpa del Repsol Toyota Rally Team y frena con suavidad. Bajo del coche completamente emocionado: la sensación de velocidad es liberadora y me llena de adrenalina.

placeholder Imagen del coche de Isidre Esteve. (Rubén Rodríguez)
Imagen del coche de Isidre Esteve. (Rubén Rodríguez)

Le pregunto a Isidre por el cartel de las inundaciones. "Sí, sí, es peligroso, hace una semana ha llovido y se han anegado algunas zonas", explica. Feliz por la experiencia, pido una segunda vuelta con Isidre, pero el tiempo es oro y no da tiempo. Es el momento de acabar el codriving... y de mis magdalenas. No hago prisioneros, pues quedan otras dos horas de vuelta. El calor ya aprieta y los 35º lucen en su esplendor en mitad del desierto. Pero la experiencia ha merecido (y mucho) la pena.

Son las 06:30 horas en Marrakech y, tras una ducha corta, llega el momento de desayunar. Bajo al comedor confiado y con ganas, con la emoción de saber que es una jornada importante, pues podré vivir en primera persona cómo es ser copiloto de Isidre Esteve, un deportista de élite que ha corrido hasta en trece ocasiones el Rally Dakar. El Repsol Toyota Rally Team se prepara para el último raid antes de la gran prueba y tengo la oportunidad de disfrutarlo sobre el propio coche.

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