El francés que dio con la gran clave por la pieza de menor valor y transformó el ajedrez para siempre
Philidor impulsó la concepción del juego más allá de lo táctico. En su obra 'Analyse du jeu des échec', por primera vez se habla de planificar posiciones y de las estructuras de peones
El ajedrez tal y como lo conocemos cambió en Francia. (EFE/Sergio Adrián Ángeles)
A las puertas de la Revolución Francesa, surgió un teórico del ajedrez al que la historia no ha hecho justicia o, al menos, no le ha dado el eco que se merecía. La Ilustración, tal y como hoy se entiende, fue un destello de conocimiento en un ambiente de oscurantismo feroz. Los términos Ilustración o Iluminismo son equivalentes, aunque a la postre haya prevalecido el uso del primero. En Francia se le llamó Siécle des Lumières (el Siglo de las luces), en Alemán, Aufklärung, y en inglés, Enlightenment.
Para el filósofo alemán Immanuel Kant, suponía para la humanidad el abandono de su infancia histórica y una apertura al control de su destino. Se hace necesario recordar que la definición exacta que él hizo es clarividencia pura: "El abandono del hombre de una infancia mental de la que él mismo es culpable. Infancia es la incapacidad de usar la razón sin la guía de otra persona".
En aquel ambiente, saliente del tenebrismo medieval, consolidadas las ideas renacentistas, quedaba por rematar la faena. Un rayo de esperanza asomaba cauto, pero firme, en apoyo de cambios políticos que acabarían cuajando en la llamada Revolución Francesa.
Introducido en Europa por los árabes y castellanos más tarde, el ajedrez era un juego de sobremesa instalado en ambientes aristocráticos. En este caldo de cultivo, llegaría a las cortes europeas para ser dotado del glamour propio de estos saraos. En esos momentos, la monarquía francesa comenzaba a tambalearse por efecto del insulto y desprecio cortesano hacia un pueblo sumido en la miseria. Eran los tiempos de Luis XV y XVI.
En aquel tiempo, existía un local famoso por dar cobertura a los jugadores de ajedrez adictos a este arte-ciencia. Cerca del museo del Louvre, en el 167 de la Rue Saint Honoré, el famoso café de La Regence fue el lugar en el que se instaló Philidor. En este lugar que podríamos llamar sagrado para los ajedrecistas, François-André Danican, conocido como Philidor para la posteridad, fraguó la que probablemente haya sido una de las mayores reformas del ajedrez.
Es usual que el jugador novel o de café no dé demasiada importancia a los peones y a las estructuras de peones. ¿Por qué? Pues es sencillo: como, a priori, valen solo un punto, se menoscaba su potencialidad, aunque no es poca. Una sana estructura de peones que no contemple peones doblados, triplicados en la misma columna, débiles o aislados, garantizará claves para la victoria. La unión entre unos y otros forma un equipo sólido y compenetrado en su apoyo mutuo. Philidor dijo en su momento, 200 años antes de que se aplicaran estas normas de forma estándar, que "los peones son el alma del ajedrez". Sus estudios brindaron a los vulnerables peones de un aura mágica que les permitía caminar con seguridad.
Ya fuera el Destino o la Razón, estaba dicho en uno de los más famosos textos antiguos que, entre los mortales, yacería un ser humano de enormes inquietudes culturales. Quizás ese era Philidor; poliglota, excelente jugador de ajedrez, músico y viajero contumaz, entre muchas otras cosas.
Calle en honor a Philidor en París. (Creative Commons)
Sus estudios invocan su talento genial. Después de más de 250 años, ningún módulo de análisis ha conseguido mejorar la elaboración teórica de un final de rey, torre y peón contra rey y torre, quedando en tablas por la penalización de la torre del rey negro para evitar la intervención del rey blanco, como así demostraron dos jugadores neerlandeses, Leo Jansen y Jerry van Rekom. Quizás Descartes aprobara su imbatible talento o el alma crítica de Diderot lo enfrentara al mundo de lo sensible y emocional, así como a la razón. El primer campeón del mundo de ajedrez oficial, Wilhelm Steinitz, creador de la Escuela Moderna de ajedrez, determinó que un peón, cada vez que avanza, define casi siempre el carácter de la lucha con independencia de la táctica del adversario
La belleza del orden y la armonía coordinaron al músico y a las fuerzas ocultas del ajedrez. Philidor impulsó la concepción del juego más allá de lo táctico. En su obra más notoria, Analyse du jeu des échecs ("Análisis del juego de ajedrez" [1749]), por primera vez se habla de planificar posiciones y de la teoría acerca de las estructuras de peones. Obra de éxito arrollador que superó las 100 ediciones en su momento, en una época en la que se jugaba sencillamente a capturar y en paralelo, a desarrollar temas tácticos, él sería el primero en estudiar las aperturas de forma sistemática. Era el tiempo de la magia y de la fantasía en el tablero.
Philidor, la batuta de un maestro y 64 casillas. ¿O eran músicos? Después de él, vino el invierno...
A las puertas de la Revolución Francesa, surgió un teórico del ajedrez al que la historia no ha hecho justicia o, al menos, no le ha dado el eco que se merecía. La Ilustración, tal y como hoy se entiende, fue un destello de conocimiento en un ambiente de oscurantismo feroz. Los términos Ilustración o Iluminismo son equivalentes, aunque a la postre haya prevalecido el uso del primero. En Francia se le llamó Siécle des Lumières (el Siglo de las luces), en Alemán, Aufklärung, y en inglés, Enlightenment.