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María Quinatal, la medallista olímpica a la que no dejaron competir por ser mujer
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EN TIRO OLÍMPICO

María Quinatal, la medallista olímpica a la que no dejaron competir por ser mujer

Empezó cuando la presencia femenina en esa modalidad era más bien escasa. En 2004, ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos y la guarda en el cajón de su casa

Foto: María Quintanal, después de una prueba. (Cedida)
María Quintanal, después de una prueba. (Cedida)

"El culpable de todo esto fue mi padre", afirma la tiradora María Quintanal, en cuya hoja de servicios aparece en lugar destacado una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atenas (2004) que aún guarda en una cajita en el salón de su casa en Puerto Rico (Gran Canaria). En su extenso palmarés, aparecen también dos Mundiales, otros cinco europeos y hasta en seis ocasiones se ha proclamado campeona de España. La última, en 2021. Su éxito sirvió para que durante 24 horas se hablara en las televisiones, radios y periódicos nacionales del tiro olímpico, una disciplina que en los últimos años ha venido reduciendo el número de licencias federativas. Después, el olvido. "Los medios de comunicación solo invierten en deportes llamativos", se queja.

A sus 52 años, María Quintanal acaba de presentarse a las elecciones a la presidencia de la Real Federación Española de Tiro Olímpico (RFETO), celebradas el pasado 18 de septiembre. Las cosas no salieron como ella esperaba. Fue reelegido para el cargo Miguel Francés, con el respaldo del 78'6% de los asambleístas. "Fue una pena, porque iba con un proyecto bonito e ilusionante", se lamenta. El caso es que ni a ella ni a los otros tres aspirantes a la presidencia les dieron siquiera la oportunidad de exponer sus propuestas sobre su modelo federativo de futuro. "Es que todo fue lamentable y muy triste. Si al menos puedes explicar tus iniciativas, quizá consigas que alguien cambie el voto", afirma. De ahí que la medallista olímpica sea pesimista de cara a que el tiro olímpico recupere su pujanza de antaño. Es de las que creen que antes de las elecciones ya estaba todo el pescado vendido y que, con Francés, "el deporte del tiro no va a avanzar".

Foto: Fatima Galvez and Alberto Fernandez con la medalla de oro. (EFE)

La afición por la escopeta le viene de lejos. No resultaba nada habitual hace medio siglo que una cría fuera por ahí con un arma del calibre 12 disparando a platos de 11 centímetros de diámetro a una distancia de unos 75 metros. Sin embargo, en su familia, tanto su padre como sus dos hermanos varones, todos eran aficionados a la caza. "Era lo que veía en casa, así que probé en un campo de tiro llamado El Regato y el Pino, muy cerca de Bilbao, y me aficioné". Allí se practicaba tiro de pichón y también había un foso para tirar al plato. Eso sí, antes tuvo que sacarse la licencia de armas a los 16 años, un permiso que en la actualidad se puede obtener a los 14 años, aunque limitado a la caza o a competiciones deportivas y a determinada categoría de armas, siempre y cuando el menor vaya acompañado de una persona mayor de edad con permiso de armas.

placeholder María Quintanal, en sus inicios en el tiro. (Cedida)
María Quintanal, en sus inicios en el tiro. (Cedida)

Sin apenas presencia femenina

En aquella época, la presencia femenina en el mundo del tiro olímpico era más bien escasa. "Recuerdo que éramos muy pocas y, aun así, salieron buenas tiradoras, como María Mentxaka". Así que parece inevitable imaginar que antes solo se las mirara como si fueran "bichos raros". Eso no le hace pensar que exista o que haya existido machismo en el deporte que practica. Ese pensamiento no es óbice para que a algunos hombres, "que no a la mayoría", les sorprendiera ver a una mujer con su escopeta de caza pegando tiros. Ahora bien, no olvida que con 17 años un día se presentó en un pueblo de La Rioja para competir y se lo impidieron. Fue la única vez en su carrera que le ocurrió algo parecido "Les enseñamos mi licencia de armas y mi permiso de federativo y la Guardia Civil nos indicó que lo mejor era que nos volviéramos para casa. Total, que mi padre se mosqueó y nos fuimos".

Cuando empezó a disparar con su primera escopeta, "que era heredada", las tiradoras más punteras eran Dolores Palazón, Mari Carmen de Cubas o Gema Usieto. Con la última de ellas compartió su primera cita olímpica en Atlanta (1996). Tenía 26 años y poca experiencia en la alta competición, "pero el hecho de ir a unos Juegos Olímpicos y verte allí desfilando en el estadio con la bandera de tu país…". El abanderado de aquella expedición fue el canario Luis Doreste y, casualidades de la vida, María Quintanal reside ahora en la isla de Gran Canaria, porque se casó con un canario al que conoció durante sus competiciones nacionales y con quien compartía su afición por el tiro. "De repente, me vi allí desfilando con los mejores deportistas del mundo y te aseguro que fue algo impresionante".

En Atlanta, participó en una modalidad conocida como 'doble trap', muy similar al foso olímpico, solo que salen dos platos en vez de uno. Los recuerdos del desfile por el estadio se difuminan al tratar de recordar en qué puesto quedó. "Sé que no lo hice bien y, aunque no me acuerde de la clasificación final, puedo decir que no quedé tan mal". Lo cierto es que en el currículo aparece que ocupó la undécima posición. En Atenas, ya fue otro cantar. "Durante esos ocho años, me fui formando deportivamente, al tiempo que empecé a subir puestos en el 'ranking' internacional", espeta. Eso sí, una cosa es partir como favorita en una competición como son unos Juegos Olímpicos y otra bien distinta es ir "muy bien preparada". Pero es que, además, "te tiene que salir el día". Es una especie de lotería.

placeholder Quintanal, tras ganar la plata olímpica en 2004. (Cedida)
Quintanal, tras ganar la plata olímpica en 2004. (Cedida)

Falló el clima

En realidad, la prueba en la que partía con más opciones de conseguir medalla era la del 'doble trap'. No en vano, había sido campeona del mundo el año anterior. En la modalidad de tiro al plato, también conocida como foso olímpico, las seis mejores pasaban a la final después de haber realizado 125 disparos en cinco tandas. "Empecé bastante floja", afirma. La climatología no acompañó a los tiradores en una disciplina donde la precisión es vital. Era un día que hacía un viento "impresionante" y, pese a no hacerlo "muy bien", consiguió meterse entre las mejores. Fue entonces cuando exclamó: "¡Ostras!, por lo menos, ya tengo diploma olímpico".

Antes de empezar su actuación con las otras cinco tiradoras, se dijo a sí misma, "¡que sea lo que Dios quiera!". Y lo que quiso fue que fallara el primer disparo. Luego ya vinieron todos los aciertos seguidos. A partir de entonces, "todo fue una locura". Era la primera medalla que obtenía la delegación española en Atenas. No le importa reconocer ahora que "aquel día nadie daba un duro por mí". De ahí que los máximos responsables del deporte español estuvieran presentes en otras competiciones donde a esa misma hora competían con grandes posibilidades de lograr un metal olímpico la yudoca Isabel Fernández, que había sido la abanderada de la delegación española, o la nadadora Nina Zhivanevskaya. No obstante, cuando disputó la final, allí se presentaron para animarla su presidente, Rodrigo de Mesa, junto al entonces secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky.

Todavía recuerda cómo "durante un día entero me tuvieron del tingo al tango". Incluso que alguien de la Casa Real se le acercó, teléfono en mano, para que pudiera charlar unos instantes con el Rey emérito, que le dio la enhorabuena. Al día siguiente, vuelta a la normalidad. "Es como si la prensa te subiera a un pedestal y, cuando ya no ganas, les dejas de interesar", añade con cierta resignación. Por cierto, Quintanal no se ha deshecho de la escopeta con la que consiguió la plata olímpica. Tiene otras tres y, aun así, en la alta competición sigue pegando tiros con su antigua arma. Es como si fuera una especie de amuleto, porque "es la que he utilizado en los campeonatos que he ganado".

placeholder Fátima Gálvez, con su medalla de oro. (EFE/Juanjo Vidal)
Fátima Gálvez, con su medalla de oro. (EFE/Juanjo Vidal)

Atlanta no solucionó nada

Tras aquel logro, llegó el ostracismo mediático. Alguna que otra aparición esporádica y nada más. Hasta que el año pasado ganaron el oro en tiro olímpico Alberto Fernández y Fátima Gálvez en la modalidad de mixto. "Me llamaron para preguntarme qué me parecía todo aquello y poco más". María Quintanal, que también tiene palabras de recuerdo para el primer medallista español de tiro en la modalidad de 'skeet', Jorge Guardiola (Seúl, 1988), expresa su deseo de que se den a conocer en los colegios otros deportes minoritarios como el que ella misma practica, u otros como el bádminton, la petanca o el taekwondo. "Es que nosotros aparecemos una vez cada cuatro años si obtenemos medalla, y luego se acabó".

La plata de Atlanta no sirvió para solucionar los problemas "exclusivamente deportivos" que tenía con su entrenador. "Pensé que al ganar la medalla tenía la sartén por el mango y pedí a la Federación que le cesara". No le hicieron caso. "Le prefirieron a él", apostilla. Dado que su suegro entrenaba a las tiradoras de República Dominicana, se decidió a probar suerte al otro lado del charco. "Renuncié a todo lo que había ganado y me dijeron que me fui por dinero, pero todo eso es falso". Su forma de demostrar que dice la verdad es que "puedo demostrar que devolví mi beca ADO, por la que percibía 48.000 euros anuales". Su aventura caribeña duró unos pocos años, con una separación matrimonial de por medio, y en 2012 regresó a España. "Me abrieron de nuevo las puertas como si no hubiera pasado nada y eso se lo tendré que agradecer toda la vida al presidente Rodrigo de Mesa".

Asentada en Gran Canaria, la bilbaína suele entrenar cerca del barranco de Majadilla, en Las Palmas. Ha estado retirada durante un tiempo por una lesión de hernia discal y en julio ha vuelto a coger la escopeta. "Todavía me queda la ilusión de lograr más cosas en el tiro", explica. Quintanal subraya lo importante que es coordinar la mente con la vista a la hora de disparar y conseguir dar en el blanco. "Ten en cuenta que son décimas de segundo lo que va desde que aprietas el gatillo hasta el impacto", advierte. Al igual que otros deportistas, tiene sus manías antes de tirar. "No te das cuenta hasta que te graban", dice. Ahora ve que mueve mucho las piernas, hace cosas "raras" con las manos, se toca el chaleco o se estira la ropa. "Cosas de esas, pero que las haces casi sin querer".

"El culpable de todo esto fue mi padre", afirma la tiradora María Quintanal, en cuya hoja de servicios aparece en lugar destacado una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atenas (2004) que aún guarda en una cajita en el salón de su casa en Puerto Rico (Gran Canaria). En su extenso palmarés, aparecen también dos Mundiales, otros cinco europeos y hasta en seis ocasiones se ha proclamado campeona de España. La última, en 2021. Su éxito sirvió para que durante 24 horas se hablara en las televisiones, radios y periódicos nacionales del tiro olímpico, una disciplina que en los últimos años ha venido reduciendo el número de licencias federativas. Después, el olvido. "Los medios de comunicación solo invierten en deportes llamativos", se queja.

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