Nasser Al Attiyah, el jeque catarí que sabe ganar Dakares mientras disfruta de la vida
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CUARTO TRIUNFO EN EL DAKAR

Nasser Al Attiyah, el jeque catarí que sabe ganar Dakares mientras disfruta de la vida

Vinculado a la familia real catarí, Al Attiyah ha sido siempre una personalidad deportiva ambiciosa y polivalente, que ha logrado otro sueño: ganar el Dakar en un país árabe

Foto: Nasser Al Attiyah ha logrado su cuarto Dakar tras dominar de principio a fin. (EFE/Brais Lorenzo)
Nasser Al Attiyah ha logrado su cuarto Dakar tras dominar de principio a fin. (EFE/Brais Lorenzo)

Fue una de las primeras noticias del presente Dakar. No precisamente deportiva, sino sobre deportividad. El presidente de Rebellion Timepieces, Alexandre Pesci, vio estupefacto cómo su prototipo ardía el día antes de comenzar la prueba. Un error de su equipo provocó una fuga que acabó con el coche carbonizado. Nasser Al Attiyah saltó a la palestra y le ofreció su Toyota ganador de 2019 como sustituto, un coche único, la unidad que ha logrado la única victoria del fabricante japonés en el Dakar en 2019. El segundo piloto del equipo, Roman Dumas, cedió finalmente su unidad al jefe. No importaba, Al Attiyah le prestó su montura al piloto francés para tomar parte en la prueba.

Reconocido por sus gestos de generosidad personal, ya sea con pilotos desconocidos o en su vida privada, Al Attiyah parece querer compartir su fortuna vital como forma de agradecer su destino. El catarí se presenta como un tipo feliz, siempre sonriente, que se hace querer, aunque menos cuando se trata de competir. Su caso es singular en el mundo del deporte. Nacido en un entorno privilegiado -es primo del emir de Qatar- sigue logrando las más altas cimas deportivas que se propone. Ansioso de reconocimiento internacional, decidió concentrarse en los rallies y el tiro, en los que ha derrochado dedicación y capacidad de trabajo. Ha triunfado en ambos y acaba de lograr su cuarto Dakar.

Al final, el metal

Al Attiyah nació entre algodones, pero no se ha regodeado en ellos. Hípica, atletismo, fútbol, gimnasia… Desde la infancia, mostró una gran facilidad por cualquier tipo de deporte. Siempre fue un culo inquieto, pero decidió concentrarse en el automovilismo y el tiro al plato. Entre otras razones, porque le permitían brillar más allá de su pequeño país. "Mi objetivo es siempre ondear la bandera de mi país internacionalmente". Pero el deporte ha canalizado una fuerte competitividad natural, motivada también por el orgullo de su raza árabe.

Esa polifacética versatilidad le permitía pasar, por ejemplo, de una semana de entrenamiento en Chipre para preparar los Juegos Olímpicos de Londres, a un rally en Abu Dabi, y volver a Qatar ante los últimos preparativos para la cita olímpica, hasta lograr finalmente esa medalla que tanto ansiaba tras varios intentos sin éxito. Porque Al Attiyah ha sabido siempre moverse en diferentes planos al más alto nivel, con la inevitable sensación de hacerlo proyectando a la vez el disfrute de la vida.

Necesitó cuatro Juegos Olímpicos para lograr un metal en tiro al plato, su gran sueño por lo que representaba para su país, que solo contaba con tres medallas en total hasta su éxito en Londres 2012. Empezó en Atlanta, llegó a las finales en Sidney y Atenas, donde perdió el bronce en el desempate por un solo blanco. Volvió nuevamente al desempate por el mismo metal en Londres. En esta ocasión no falló ni un solo plato.

Aprender de disparar y pilotar

Al Attiyah no es un diletante lúdico de las carreras, un simple 'gentleman driver'. Al contrario. Su programa deportivo es realmente intenso, y ha pilotado cualquier aparato de cuatro ruedas que se le ha puesto a tiro en su vida. "Se trata de trabajo. Hay que ir a por ello, sudarlo y trabajar cada uno de sus objetivos": es su filosofía personal. En el catarí contrasta esa vida asegurada y rica -como su magnífica finca en Cataluña- con la entrega necesaria para cumplir sus objetivos deportivos. En 2015, por ejemplo, logró en el mismo año el Dakar, la Copa del Mundo de Raids, el título WRC2 en el Mundial de Rallies y el Campeonato de Rallies de Medio Oriente. Mucho jaleo y trabajo para quien tiene todo, sin duda.

Ganar en un país árabe

Al Attiyah muestra una sonrisa permanente y un carácter siempre afable. Extrovertido, no duda en mezclarse y charlar con cualquier participante en el vivac del Dakar. Pero también es un competidor feroz capaz de todo para ganar, incluso pasar ciertas líneas rojas. Los éxitos llegaban en el automovilismo desde 2004 en los rallies, pero sobre todo en los raids. Ha sido el rival directo de Carlos Sainz en el Dakar durante esta última década, y con el español ha tenido sus más y sus menos en numerosas ocasiones. Tras la primera jornada en la que muchos competidores se equivocaron con el error por el libro de ruta, el catarí se despachó el día de descanso para reivindicarse.

"Lo siento por Carlos y Sven Quand, no está bien decir que algún piloto tuvo ayuda de la organización", en relación a las insinuaciones del director deportivo de Audi. "El año pasado y el anterior, cuando Sainz ganaba, quizás tuvo ayuda, no podemos decirlo. Ganamos la última prueba de la Copa del Mundo en Haíl (en Arabia Saudi, poco antes del Dakar). Hay que venir aquí y competir, y no quedarse en casa e ir de un Dakar a otro. Nosotros trabajamos muy duro, hemos competido en cuatro carreras y hemos ganado las cuatro este pasado año. No es una broma".

Por pilotaje, navegación y fiabilidad, no cabe duda que Nasser Al Attiyah ha sido un justo ganador del Dakar, aunque sus organizadores no quisieran enmendar el error de aquella famosa primera jornada. Pero su cuarta victoria quizás haya sido diferente a las anteriores, quizás la más querida. Orgulloso árabe, siempre quiso ganar un Dakar en su contexto cultural, y más en Arabia Saudí, el gigante de la zona. Y ha sabido empujar la bola en el hoyo.

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