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Por qué la ultra profesionalidad de Carlos Sainz es a veces el peor enemigo
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Los Audi demuestran rapidez

Por qué la ultra profesionalidad de Carlos Sainz es a veces el peor enemigo

El piloto español comenzó el Dakar con polémica al denunciar que el nuevo reglamento perjudicaba a su escudería frente a lo inicialmente propuesto. ¿Tenía razón?

Foto: Carlos Sainz. (Reuters/Hamad I Mohammed)
Carlos Sainz. (Reuters/Hamad I Mohammed)

Carlos Sainz mostró su decepción con la organización al principio del Dakar. El motivo era verse privado de gran parte de las ventajas reglamentarias prometidas por la organización al apostar Audi por nuevas tecnologías que favorezcan la movilidad sostenible. Así de contundente se mostró al principio del rallye: "En principio nos dijeron (los organizadores) que íbamos a tener algunas ventajas y finalmente, a pesar del esfuerzo económico de apostar por esta tecnología, hemos tenido desventajas".

Y ciertamente Carlos tiene razón. ASO (el promotor) y la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) no han cumplido lo que prometieron, aunque según ellos por razones más que justificadas. Como ha ocurrido infinidad de ocasiones en la historia de las carreras de coches, la autoridad deportiva ha cambiado sobre la marcha sus propias reglas con el objetivo de aumentar la seguridad o equilibrar la competición. En esta ocasión, el giro reglamentario se debe fundamentalmente a lo segundo: los organizadores son tan conscientes del poderío tecnológico de Audi y de la capacidad del piloto madrileño para desarrollar un gran coche en tiempo récord, que se curaron en salud y 'caparon' al Audi con muchas de las ventajas prometidas.

No vamos a engañarnos. Junto a la seguridad o el equilibrio de la competición existe un tercer factor a la hora de elaborar reglamentos que rara vez se reconoce, pero que a menudo tiene más peso que los dos motivos 'oficiales': atraer o 'contentar' a los fabricantes. Y es justo lo que hicieron los organizadores con Audi: ponerles un 'caramelo' reglamentario para que el gigante alemán apostara por el Dakar.

placeholder Sainz y Castera, director del Dakar. (EFE/ Brais Lorenzo)
Sainz y Castera, director del Dakar. (EFE/ Brais Lorenzo)

Reglamentos a interés variable

LA FIA y ASO saben que cualquier competición automovilística adquiere una dimensión completamente diferente cuando atrae el interés de las marcas. Sin embargo, es un arma de doble filo, porque no atar en corto a los equipos oficiales supone la desbandada de los privados que, como dicen los ingleses, son 'el pan y la mantequilla' de la competición. Y por ello, una vez con Audi dentro del patio, decidieron atarles en corto, no fuera que arrasaran desincentivando no sólo a los privados, sino también a fieles constructores como Toyota.

Jutta Kleinschmidt, la ganadora de la prueba en el año 2001 y actual delegada de la FIA para la prueba, quiso defender el por qué de las medidas y justificar cómo los hechos además les están dando la razón: "Yo no veo que estén en desventaja. Desde fuera los ves pasar y son rápidos. Los veo desde el helicóptero y veo que vuelan sobre la pista. Así que para mí, definitivamente no hay desventaja en potencia o, incluso con el peso extra que tienen, siguen siendo muy rápidos. Además, que tengan sobrepeso no es un problema de regulación. Esto es en realidad porque no podían soportar el peso que ellos pedían".

Kleinschmidt no niega que hayan hecho un 'donde dije digo, digo diego' con el reglamento, pero su argumento también es difícil de rebatir, porque la realidad es que, problemas de fiabilidad aparte, los Audi son tan competitivos como el que más. Queda claro que en circunstancias así son prueba evidente que los reglamentos de las competiciones son terreno abonado para la arbitrariedad. Según el interés a proteger, el regulador consiente, prohíbe o 'apercibe' a coches y pilotos participantes. ¿Hablamos de amaño? No, hablamos de la vida misma. ¿Acaso Sainz no es consciente, como gran aficionado al futbol que es, que no se arbitra igual, ni políticamente se trata igual a un coloso como el Real Madrid o FC Barcelona, que a un equipo de Segunda? ¿Nos caemos del guindo ahora, cuando al país anfitrión se le ayuda en los Mundiales?

placeholder Carlos Sainz. (EFE)
Carlos Sainz. (EFE)

Mezclar profesionales y amateurs

La competición deportiva es imperfecta, responde a intereses políticos y comerciales como lo hace la vida misma, pero cuando el organizador mueve arbitrariamente las piezas del puzzle el rigor y ultra-profesionalismo de Sainz, lleva fatal que las cosas no salgan tal y como las había planeado. Recordemos por ejemplo el año pasado lo crítico que estuvo con David Castera, el director del Dakar, por el excesivo peso de que de repente pasó a tener la navegación y el papel de los copilotos: “No era un raid sino una gymkhana”, denunció. Posteriormente Carlos reculó, quizá al darse cuenta que involuntariamente estaba haciendo un feo a su fiel Lucas Cruz, pero fue un buen ejemplo que ilustra lo mal que lleva el madrileño que le cambien el guion o que el amateurismo gane peso a la profesionalidad.

A la mente rigurosa de Carlos Sainz siempre le ha faltado cierto pragmatismo que le hiciera ver que gente con su nivel competitivo y exigencia en el mundo hay cuatro. En el propio Dakar, sin ir más lejos, el 80 por ciento de los participantes son semiprofesionales o directamente amateurs. Por mucho que se lo curren, están en otra galaxia a nivel de talento, dedicación y medios de alguien como Sainz. Es entendible que las medidas que ASO toma a menudo funda los plomos de alguien con el nivel de intensidad competitiva de Sainz, pero la cuestión es que el Dakar siempre fue más o menos así. Así se hizo legendaria la prueba y los propios aficionados siempre recuerdan que no debe perderse ese espíritu aventurero.

placeholder Carlos Sainz, al fondo. (Reuters/Hamad I Mohammed)
Carlos Sainz, al fondo. (Reuters/Hamad I Mohammed)

Cuando su hijo Carlos competía en el campeonato de España de karting, Sainz Sr. sufría una frustración parecida, pues salvo tres o cuatro chavales bien armados con equipos oficiales el resto de la parrilla estaba compuesto por pilotos y familias cuyas aspiraciones nada tenían que ver con llegar a la Fórmula 1. El campeonato a nivel organizativo y reglamentario se quedaba muy lejos del concepto que el bicampeón mundial de rallies tenía en su cabeza. Y ojo, no era una cuestión sólo de dinero, es también de conocimientos, de enfoque, de dedicación...

El piloto español debería recordarse más a menudo que si el mundo de la competición automovilística se rigiera exclusivamente por el 'estándar Sainz', hablaríamos de una liga de fútbol donde uno gana, otro pierde y otros dos participan. Lo ideal sería que más parte del automovilismo siguiera su ética de trabajo y afán perfeccionista pero, por desgracia la realidad no es así, a veces hay que hacer caso al dicho de Voltaire: "Lo mejor es enemigo de lo bueno".

Carlos Sainz mostró su decepción con la organización al principio del Dakar. El motivo era verse privado de gran parte de las ventajas reglamentarias prometidas por la organización al apostar Audi por nuevas tecnologías que favorezcan la movilidad sostenible. Así de contundente se mostró al principio del rallye: "En principio nos dijeron (los organizadores) que íbamos a tener algunas ventajas y finalmente, a pesar del esfuerzo económico de apostar por esta tecnología, hemos tenido desventajas".

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