ACABA DE MORIR ANIMAL, DE ROAD WARRIORS

La maldición del 'Pressing Catch': por qué tus ídolos de la infancia mueren a los 50

Toda una generación de deportistas empleados en el 'wrestling' está falleciendo prematuramente debido al abuso de esteroides en los ochenta y los noventa

Foto: The Road Warriors, durante su época en la AWA. (AWA)
The Road Warriors, durante su época en la AWA. (AWA)
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Los tipos de la foto son Hawk y Animal, leyendas del 'wrestling' profesional. La mayor parte del planeta los conoce como The Road Warriors o Legion of Doom, los dos nombres que utilizaron durante sus 20 años de carrera, pero los españoles nos referimos a ellos como Los Malditos, el pseudónimo que se sacó de la manga Héctor del Mar para el 'Pressing Catch' de Telecinco.

Sus nombres reales son Michael Hegstrand (Hawk) y Joe Laurinaitis (Animal). Juntos, según el consenso de los analistas, formaron el mejor equipo de luchadores de la historia del 'wrestling', ese espectáculo, ya saben, en el que no se pegan de verdad, pero que tiene una incidencia de lesiones mayor que la del fútbol americano o el boxeo. Amigos inseparables desde la juventud, Animal y Hawk revolucionaron el espectáculo a lo largo de los ochenta y los noventa, ganando todos los títulos posibles y demostrando, ante un público boquiabierto, que los luchadores de 120 kilos también podían volar por los aires.

Hoy, Michael y Joe tendrían que estar disfrutando de sus nietos, a punto de jubilarse, pero la historia no termina bien. El 19 de octubre de 2003, Michael pasó toda la mañana haciendo cajas para mudarse, se sintió cansado y decidió echarse una siesta. Su mujer lo descubrió muerto a la una de la mañana, víctima de un infarto. Tenía 46 años.

Aunque su muerte fue rápidamente enmarcada en la epidemia de fallecimientos que sufre esta generación de luchadores, maldita por el abuso de esteroides, Joe siempre se negó a admitirlo. "Ha sido la mezcla de cocaína y Xanax (Trankimazin), a la que tan acostumbrados están muchos luchadores, la que le ha matado. A él, a Henning (Mr. Perfect), a Rick Rude... La cocaína les lleva a los antidepresivos y, combinados, destruyen la salud por completo", explicó Laurinaitis en varias ocasiones.

Uno de cada cinco luchadores muere entre los 40 y los 59 años

En realidad, lo que Joe no podía admitir es que el hombre al que llamaba "hermano", con el que había compartido cada entrenamiento, comida y plan de musculación durante los últimos 20 años, hubiera muerto por esteroides. Reconocerlo implicaba aceptar que su corazón también podía pararse en cualquier momento, de modo que prefirió cargar las culpas sobre una mezcla de sustancias fácil de evitar.

Su corazón se paró la semana pasada, mientras pasaba unos días de vacaciones con su mujer en un resort de Misuri. Tenía 60 años y aún se subía al ring en ocasiones especiales. A su edad, era casi un superviviente, ya que uno de cada cinco luchadores muere entre los 40 y los 59 años.

El club de los luchadores muertos

Si eres uno de los españoles que se engancharon al 'wrestling' a comienzos de los noventa, cuando llegó a España a través de Mediaset, y lo perdieron de vista cuando dejaron de emitirlo, lamentarás saber que la mayoría de tus ídolos de la infancia han fallecido. Para explicar la magnitud de la tragedia, tomemos por ejemplo la lista de los principales combates de 'Wrestlemania VII', que se emitió en Telecinco durante la primavera de 1991:

  • The Texas Tornado (33) derrotó a Dino Bravo (44).
  • The British Bulldog (39) derrotó a The Warlord.
  • The Ultimate Warrior (54) derrotó a Macho Man Randy Savage (58).
  • The Big Boss Man (41) —con André the Giant (46)— derrotó al campeón intercontinental Mr. Perfect (44) —con Bobby Heenan (72)—.
  • Earthquake (42) derrotó a Greg Valentine.
  • The Legion of DoomHawk (46) & Animal (60)— derrotaron a Power and Glory —Paul Roma & Hercules Hernandez (47)—.
  • Hulk Hogan derrotó a Sgt. Slaughter —con General Adnan—.

En subrayado, los luchadores que no siguen con vida; entre paréntesis, la edad a la que murieron. A Macho Man le sorprendió el infarto mientras conducía por la autopista; invadió el carril contrario y, de no ser porque su mujer se hizo con el volante y estrelló el coche contra un árbol, habrían colisionado de frente contra un autobús. Ultimate Warrior se desplomó en mitad de un parking mientras buscaba su coche, y nada se pudo hacer para reanimarlo, pese a que su condición física era "excelente" según el parte médico. A Mr. Perfect lo descubrieron muerto en su habitación de un hotel, con una sobredosis de cocaína, cuando llegaba tarde a un combate.

Son solo tres ejemplos, la lista es muy larga.

Yokozuna contra Lex Luger, con Mr. Perfect como árbitro, en 1993. Solo vive Luger. (WWE)
Yokozuna contra Lex Luger, con Mr. Perfect como árbitro, en 1993. Solo vive Luger. (WWE)

En 2014, la Universidad de Eastern Michigan condujo el mayor estudio disponible sobre mortalidad entre 'wrestlers'. Los científicos crearon un micromundo de 557 luchadores que habían pasado por el 'wrestling' entre 1985 y 2011 y lo compararon con el resto de la sociedad, para concluir que subirse al ring acorta notablemente las expectativas de vida. En concreto, un 'wrestler' tiene 15 veces más posibilidades de morir de un infarto que cualquier otro ciudadano y seis veces más de fallecer de cáncer.

Te automedicas, tienes que hacerlo. Te jodes y sigues adelante. Si estos fármacos te llevan a la adicción, lo siento, es parte del trabajo

No obstante, la estadística se dispara cuando hablamos de muertes relacionadas con las drogas. En ese caso, los luchadores tienen 122 más posibilidades de tropezar en esta piedra que el resto de los humanos. No solo se trata de esteroides, sino de todo el abanico de sustancias disponible para sobrellevar una vida circense, repleta de largos desplazamientos en coche, moteles de carretera y la imperiosa necesidad de darlo todo cada noche. Anabolizantes y hormona de crecimiento en el gimnasio, cocaína antes y después de los combates y un par de pastillas de Xanax para dormir rápido. Y eso cuando no había lesiones. Así lo explica el exluchador Marc Mero: "Te automedicas, tienes que hacerlo. Te jodes y sigues adelante. Si estos fármacos te llevan a la adicción, lo siento, es parte del trabajo. Si tú no puedes luchar cada noche, hay cientos de tipos esperando coger tu vacante".

Comparativa de la mortalidad de los luchadores por grupos de edad con el resto de la población. (Plos One)
Comparativa de la mortalidad de los luchadores por grupos de edad con el resto de la población. (Plos One)

Tan interiorizado en la cultura del 'wrestling' estaba el uso de sustancias que algunos luchadores posaban ante la cámara mientras esnifaban cocaína en el vestuario. "Para los luchadores, las noches en la carretera eran una nebulosa de alcohol, sexo y drogas", escribe Bret 'Hitman' Hart en su biografía. "Una de las primeras noches, entré en una habitación y sobre la mesa había una montaña de cocaína. Esnifé dos rayas y eso me hizo ganarme la confianza de muchos de mis compañeros".

En consecuencia, y según un análisis de FiveThirtyEigth, los 'wrestlers' de esta época triplican la tasa de mortalidad de los jugadores de la NFL y la NBA, pero esto no sucede con las nuevas generaciones. La diferencia, como sucede en esta pandemia, está en los test.

La era de los titanes

A mediados de los ochenta, Vince McMahon, que acababa de comprarle una promotora local a su padre, tuvo una visión. El 'wrestling' tenía que dejar de ser una cosa de regiones y emitirse por televisión a nivel nacional. Cerró acuerdos con operadores de pago y utilizó el dinero para robarle a la competencia sus mejores luchadores. Pero eran los ochenta, y los viejos 'wrestlers' no lucían tan bien en pantalla como los culturistas que empezaban a aflorar en las playas de California, de modo que McMahon se puso a reclutar por los gimnasios.

Así, sagas de familiares de larga tradición, como los Hart o los Von Erich, cedieron su espacio a montañas de músculo que apenas sabían luchar, pero que eran misiles a la hora de vender 'merchandising'. Es el caso de Ultimate Warrior (mal traducido aquí como 'El último guerrero'), que en casi 20 años de carrera apenas aprendió a realizar cuatro movimientos, o de André el Gigante, que durante sus últimos años sobre el ring apenas podía mantener el equilibrio, no digamos ya correr o saltar. Daba igual: lo importante era el tamaño. La filosofía de McMahon se plasmó en el lema de 'Wrestlemania III', en 1987: 'Bigger. Better. Badder'.

La impresionante musculatura de Ultimate Warrior en 1992. (WWE)
La impresionante musculatura de Ultimate Warrior en 1992. (WWE)

La visión de McMahon funcionó a las mil maravillas: sus 'titanes', liderados por Hulk Hogan, encabezaron una época de crecimiento nunca visto en el sector, convirtiendo el 'wrestling' en una máquina de hacer dinero y llevándolo a los televisores de todo el mundo. Sin embargo, a medida que la WWF (cambió a WWE en 2002 por problemas legales con el Fondo Mundial para la Naturaleza) llenaba jugueterías con sus productos y reventaba recintos de más de 100.000 espectadores, su estructura se envileció desde los cimientos. Por una parte, se polarizaron las condiciones de trabajo, creándose dos clases sociales de 'wrestlers': los que viajaban en primera clase y podían disputar uno o dos combates al mes, y los que se veían obligados a combatir incluso lesionados para sobrevivir, ya que la federación ni siquiera les costeaba los gastos médicos (y sigue sin hacerlo en muchos casos).

Con todo, el origen del problema estaba en un pacto tácito con los luchadores: no hacer ningún tipo de control antidopaje. El Salvaje Oeste farmacológico, una herencia del mundo del fisioculturismo. Pero, en realidad, McMahon fue un poco más allá de hacer la vista gorda con sus muchachos de gimnasio.

Era tan fácil que al final te llevabas varios fármacos, era como ir a la carnicería

Si usted, pongamos por ejemplo, pasa por Hershey, Pensilvania, y tiene una urgencia urológica, puede ponerse en manos del doctor Zahorian. Es lo que hicieron cientos de 'wrestlers' entre 1984 y 1989: cuando tenían cualquier tipo de problema de salud, no dudaban en cruzar medio país para ver a Zahorian, ya fuera un resfriado, una lesión de espalda o miopía. En una investigación posterior de la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York, se descubrió que Zahorian, bajo contrato por la WWF, suministró sistemáticamente sustancias prohibidas entre los luchadores, tejiendo una importante red de tráfico de sustancias dedicada por completo a abastecer a la WWF.

Así explica Jake 'Snake' Roberts el 'modus operandi' de Zahorian durante aquellos años: "Cuando tenías un combate en Allentown o en Hersey, te presentabas en el vestuario y de repente aparecía alguien que te decía 'te quieren ver en el vestuario 3'. Ibas y allí había un doctor, rodeado de cajas y maletas, que te decía: '¿Qué quieres, chico? ¿Qué necesitas? ¿Bajón o subidón? ¿Necesitas dormir? Oh, Halcion, este es bueno. ¿Cuántos quieres? ¿300? Los tengo aquí mismo. ¿Esteroides? Claro, sin problema'. Al final, cogías esto, aquello y lo otro. Era como ir a la carnicería".

En 1994, una corte federal acusó a McMahon de suministrar esteroides a sus trabajadores a través de Zahorian. Durante el juicio, que se alargó 18 meses, varios luchadores ofrecieron su versión de los hechos. Hulk Hogan, el centro de todos los focos y testimonio clave para el gran jurado, reconoció haber tomado esteroides e indicó que "en torno al 85% de los luchadores de la WWF" los tomaba, pero exoneró a McMahon de cualquier responsabilidad. Pese a que se presentaron documentos que demostraban que a la Titan Tower, sede de la WWF en Connecticut, llegaban grandes cargamentos de fármacos, finalmente, el jurado condenó a tres años de prisión al doctor Zahorian y absolvió de todos los cargos a McMahon.

Los luchadores no pueden interponer una demanda colectiva porque no hay forma de relacionar la WWF con los esteroides

La WWF no volvería a ser la misma después del juicio. McMahon impuso un férreo control de sustancias sobre los luchadores y, en consecuencia, puso fin a la 'era de los titanes' en favor de luchadores de un tamaño más lógico, que han normalizado las tasas de mortalidad. Poco a poco, los culturistas fueron siendo apartados del negocio y, para cuando empezaron a darse cuenta de que morían prematuramente, no tuvieron a quien reclamar, ya que McMahon y WWF cuentan con una sentencia que les absuelve de cualquier relación con la distribución de esteroides durante aquellos años.

Hoy, los titanes del 'Pressing Catch' de Telecinco, como Animal y Hawk, llevan años abandonados a su suerte, a menudo lidiando con adicciones y problemas físicos mientras llega el día en que los años dorados del 'wrestling' les pasen la factura final. Pese a que fueron la generación que impulsó el 'wrestling' hasta donde está hoy, un negocio que factura 960 millones de dólares, apenas son una vieja carretera por donde pasó el circo. Al ser preguntado, en 2015, por las muertes prematuras entre sus extrabajadores, la WWF respondió así: "Desafortunamente, algunos luchadores del pasado tomaron decisiones pobres y poco saludables para ellos, que en algunos casos se mantuvieron incluso después de sus años en el ring. Los atletas de hoy tienen una gran responsabilidad personal a la hora de cuidarse. Son sometidos a test de drogas aleatorios y esperamos que lleven estilos de vida saludables".

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