cumplía cadena perpetua en un presidio

Se suicida Aaron Hernandez, la estrella de la NFL condenada por asesinato

El 'tight end' jugó en los New England Patriots y estaba considerado uno de los jugadores con mayor futuro dentro del fútbol americano. Fue condenado por matar a Odin Lloyd en 2015

Foto: Hernandez recibe el balón en la SuperBowl de 2012. (EFE)
Hernandez recibe el balón en la SuperBowl de 2012. (EFE)

Aaron Hernandez iba camino de ser una estrella de la NFL, pero su vida tomó otros derroteros. Cometió un asesinato, fue condenado por él. También fue absuelto, esta misma semana, por otros dos casos, pues las pruebas encontradas no eran suficientes para no tener dudas de su cullpabilidad. Esta madrugada se ha suicidado en prisión colgándose de unas sábanas. Así termina la historia de un estrella que se apagó.

Hernandez era un 'tight end', esa posición que es un híbrido entre un bloqueador y un receptor que, en los últimos años, ha ido tomando cuerpo como una de las más importantes en el fútbol americano. Medía casi 1.90 metros y pesaba 111 kilos, pero movía su cuerpo de manera gracil. Primero en la Universidad de Florida, de altísima relevancia en la NCAA. En el 'draft' de 2010 fue elegido por los New England Patriots, que cuando se habla de este deporte no es cualquier cosa.

Bill Belichick, el entrenador más celebre del deporte, vio algo en él. Fue elegido el mismo año que Rob Gronkowski, quizá el mejor tight end de toda la competición y por el mismo equipo, porque el técnico, un visionario descubrió en Hernandez una nueva arma para que su quarterback Tom Brady pudiese lucirse. No en vano había sido all-american, el premio que designa a los mejores deportistas universitarios del país. Si llegó sin escoger a la cuarta ronda del draft fue solo porque ya se le veían problemas personales, en aquel momento relacionados con el consumo de marihuana.

Desde muy pronto se vio que su capacidad deportiva era enorme. Empezó a coger pases y a derribar récords de precocidad en su posición. Jugó y perdió una Superbowl, la de 2012. También se supo pronto que su vida iba a estar llena de problemas, de malas decisiones y de delitos consecuencia de un carácter imposible. De hecho, los problemas llegaron antes del profesionalismo. En 2007 se le relacionó con una pelea en un restaurante en el que se negó a pagar un par de bebidas alcoholicas. La cosa terminó en una riña y un acuerdo judicial en el que pagó para no ser imputado. Dos días después participó en un tiroteo que, en aquel momento, no se esclareció.

Aaron Hernandez, esposado. (Reuters)
Aaron Hernandez, esposado. (Reuters)

Relacionado con tres asesinatos

Era el inicio de una carrera delictiva. En 2012, siendo ya jugador de los Patriots, Hernandez fue investigado por un doble asesinato cometido en Boston. Daniel Jorge y Safiro Teixeira fueron asesinados en su vehículo y el jugador fue procesado por ello, además de por otros cargos como la posesión ilegal de armas, que finalmente fue el único delito por el que fue condenado en ese juicio. La sentencia final, que llegó esta semana, le exoneró de los dos asesinatos.

Cuando supo la sentencia, Hernandez ya estaba en la carcel. El 18 de junio de 2013 se encontró el cuerpo sin vida de Odin Lloyd, amigo de Hernandez, en un parque industrial cercano a la casa del jugador. Los indicios apuntaban al thight end, puesto que se demostró que había destrozado voluntariamente el sistema de seguridad de su casa e intentado contratar limpiadoras para arreglar su casa el mismo día del asesinato. Cuando se supo la noticia los Patriots despidieron al jugador, que pronto fue inculpado por un asesinato en primer grado.

Dos años más tarde, en abril de 2015, fue finalmente condenado a cadena perpetua por el asesinato de Lloyd. Nunca más saldría de la cárcel y se libraba de una probable pena de muerte porque no existe en el estado de Massachusets. El jugador, por supuesto, perdió su trabajo, sus aspiraciones, las marcas que le respaldaban. Su universidad le hizo desaparecer de todos los lugares en los que había sido homenajeado, su nombre dejó de ser un motivo de orgullo para convertirse en todo lo contrario, un gran escarnio.

La vida de Aaron Hernandez no iba a remontar. Lo que le quedaba por delante era una condena a perpetuidad sin posibilidad de revisión, la sentencia que le impusieron por asesinar a Lloyd. El hecho de haber sido exonerado de los otros dos asesinatos estos días no ha cambiado la determinación final del jugador: el suicidio. Esa ha sido su decisión final, quitarse la vida en la madrugada, en una celda de la prisión de Shirley.

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