talisker whisky atlantic challenge

La gesta española en la regata más dura: cruzar el Atlántico a remo con tarjeta dorada

Jesús y Jorge tendrán 64 y 53 años durante su aventura de dos meses a bordo de 'Remolón', el bote de 7 metros de eslora que les llevará desde La Gomera hasta Antigua

Foto: Jesús de la Torre (i) y Jorge Pena (d) posan con el bote con el que recorrerán 3.000 millas náuticas.
Jesús de la Torre (i) y Jorge Pena (d) posan con el bote con el que recorrerán 3.000 millas náuticas.

Jesús de la Torre y Jorge Pena tienen planes para el próximo mes de diciembre: van a participar en una regata desde La Gomera a la isla de Antigua, en el Caribe. Pero no es oro todo lo que reluce, no será una travesía suave: recorrerán a bordo de 'Remolón' un total de 3.000 millas náuticas a remo, en turnos de dos horas cada uno, descansando en una pequeña cámara hermética y con la menor asistencia posible. Y cuando lo hagan, tendrán 64 y 53 años de edad, respectivamente. Así se cruza el Atlántico, aunque tengas derecho a una tarjeta dorada.

Son los primeros españoles que atraviesan en Atlántico como participantes de la Talisker Whisky Atlantic Challenge, una de las regatas más largas y con las condiciones más duras de remo oceánico. Para colmo, se medirán con rivales de distinto calibre, desde "armarios empotrados" a aventureros y 'amateurs'. Desde un grupo de cuatro militares suizos, una pareja de bomberos escoceses, un equipo femenino con un pasado olímpico a un grupo multidisciplinar -incluido un cómico y un agente inmobiliario- o dos profesores de instituto ingleses. Y no hay dolor.

Equipo 'Latitude 35', ganador de la travesía de 2016 con la que batieron el récord en 35 días
Equipo 'Latitude 35', ganador de la travesía de 2016 con la que batieron el récord en 35 días

"La mayoría de la gente joven que participa en esta regata va a batir el récord, va a llegar el primero y en cuanto le surge un problema abandonan, porque su objetivo ya no lo van a conseguir. ¡Si lo que hay que hacer es disfrutar esa travesía!", comenta. "Yo en el gimnasio veo gente joven que se machaca y digo, 'ya me gustaría estar así'. Pero ellos a lo mejor no tienen la constancia, la experiencia, a lo mejor no saben navegar. No vamos a llegar los primeros, vamos a cruzar el Atlántico a remo", dice Jesús.

Ninguno de los dos son deportistas profesionales pero forman un tándem que según describen, parece complementario; Jesús, un madrileño enamorado del mar que trabaja en artes gráficas, es según Jorge "el motor, el tesón", y él, coruñés y patrón de un barco grande en la ría de Ares, la "cabeza reflexiva". A la espalda llevan muchas horas de navegación, pero a vela.

"Sí me gustaría que mucha gente de mi edad, muchos jubilados, se den cuenta de que no solo están para cuidar a los nietos y poco más"

"Hemos navegado mucho pero nunca habíamos remado en una embarcación de banco móvil. Eso sí, todo es ponerse y entrenando y entrenando, ahí estamos", cuenta Jorge.

Efectivamente, el padre de la idea de cruzar el Atlántico es Jesús." Desde pequeñito yo me inventaba aventuras pero no me he podido permitir el lujo de hacerlas porque me casé joven, me tuve que poner a trabajar, tuve una hija y ya se acabó la juerga, pero cuando te haces mayor, empiezas a independizarte y puedes recuperar tus ilusiones". La gesta de Andreu Mateu, que cruzó el Atlántico a remo y sin regata -lo que implicaba en ese caso que sí podía pedir ayuda-, le cautivó ocho años atrás, y un vídeo de Pedro Ripol, terminó de fascinarle. "Ahí pensé: eso lo tengo que hacer yo, el viaje tiene que ser bestial". Convenció a un amigo que por motivos de salud no pudo acompañarle y se lanzó a la reconquista de Jorge, hermano de uno de sus amigos de la infancia, que está "en el bote". Contagiar entusiasmo no supone ningún problema para Jesús.

Jesús de la Torre entrena entre dos y tres horas diarias en su gimnasio de Madrid. (A.G.)
Jesús de la Torre entrena entre dos y tres horas diarias en su gimnasio de Madrid. (A.G.)

"Es la ilusión de mi vida. Además, yo no quiero ser un ejemplo para nadie pero sí me gustaría que mucha gente de mi edad, muchos jubilados o a punto de retirarse, se den cuenta de que no solo están para cuidar a los nietos y poco más. No, ahí es cuando empieza otra vida en la que puedes volver a jugar y hacer cualquier cosa que te plantees, puedes cruzar el Atlántico o puedes estudiar Medicina", dice. Jesús, que está a punto de machacarse sus dos o tres horas diarias en el gimnasio, arenga: "Quiero que la gente se dé cuenta de que no tenemos fecha de caducidad".

La gesta española en la regata más dura: cruzar el Atlántico a remo con tarjeta dorada

A meses de la salida desde el puerto de San Sebastián de La Gomera, el equipo 'Remolón', como se han inscrito en la competición, entrena a conciencia. Cada uno invierte entre dos y tres horas al día en el gimnasio pero además Jorge puede familiarizarse con el bote cuando sale a remar por las tardes si el tiempo lo permite. Muchos fines de semana se juntan en Galicia.

El coach de Carolina Marín y Lopetegui

En los cursos de la Royal Yatching Association (RYA), en los que recibieron las certificaciones para participar en la regata, conocieron a qué se exponen. Y la mentalización de los remeros y sus familias es clave. "A lo mejor llevas tres días en un temporal encerrado en la cabina, revolcando y tal y tu lo estás viviendo pero si llamas a casa y te encuentras alguien llorando se te cae el alma a los pies", cuenta Jorge. Porque la preparación psicológica es "el 80%" del entrenamiento.

Para ello, cuentan con la ayuda de Juan Carlos Álvarez Campillo, el coach que ha preparado a deportistas como Carolina Marín, oro en bádminton en los Juegos Olímpicos de Río 2016; Ángela Pumariega, oro en vela en Londres 2012; y hasta Julen Lopetegui. Todavía no saben cómo ha aceptado el reto. Y Álvarez Campillo responde que accedió a respaldarles "porque es algo admirable".

"Me ha motivado la ilusión que tienen, que es un sueño y el trasfondo social que tiene", porque la Talisker Whisky Atlantic Challenge -que a partir de este año dejará de ser bianual- compromete a cada equipo a derivar parte de lo recaudado en una obra social. La del equipo 'Remolón' irá destinada a la fundación sin ánimo de lucro CRIS contra el Cáncer, que promueve y financia proyectos de investigación contra una enfermedad que conocen de cerca. Por el momento, están en una primera fase de mentalización, de disciplina y preparación. Y sobre todo, "buscar un buen nivel de sintonía con el compañero, que van a pasar muchas horas solos en el Atlántico".

'Remolón', el insumergible

El plan de trabajo es el siguiente: "Vamos a remar en turnos de dos horas y el bote estará el 95% del tiempo tirado por uno solo mientras el otro descansa. En nuestro planteamiento inicial solo hay cuatro horas durante la noche que estaremos descansando los dos a la vez. Eso en los botes de cuatro no pasa, porque siempre hay alguien remando", explica Jorge. Para descansar, utilizan una de las dos cabinas, la que funciona como camarote y se puede cerrar herméticamente.

Jorge, en primer plano, toma un 'selfie' durante un entrenamiento con Jesús.
Jorge, en primer plano, toma un 'selfie' durante un entrenamiento con Jesús.

El bote de 7 metros de eslora por 1,90 metros de manga, que compraron después de una ardua negociación, tiene diez años y ya ha cruzado el Atlántico en dos ocasiones, con marcas de 55 y 77 días, respectivamente. Pesa 250 kilogramos y en plena carga puede llevar hasta 1.000 kilogramos. Mientras que los nuevos barcos de remo oceánico son de fibra de vidrio -más ligeros y más caros-, el barco de estos dos aventureros es de madera contrachapada con un recubrimiento de tres capas de resina de epoxi, muy resistente. No obstante, harán una puesta a punto antes de partir hacia Canarias.

El otro habitáculo funciona como almacén, en el que tienen previsto cargar comida liofilizada para 90 días, aunque prevén tardar unos 60, y a lo mejor algún hornillo y una sartén para no perder la oportunidad de preparar lo que pesquen. En la bodega habrá, además, un total de 150 litros de agua potable que ayudará darse la vuelta si vuelca y que no podrán tocar, a no ser que se rompa la máquina potabilizadora con paneles solares y no puedan subsistir en alta mar. Caso en el que serán penalizados.

Jesús cuenta que se ha dado cuenta de que es más fácil conseguir patrocinio en especie que dinero. Mientras llega el día de la partida, ya tienen en marcha una web, planean organizar una cena de gala con comida liofilizada para que algún productor se anime a respaldarles y han abierto un sistema de donaciones de 50 euros por una milla personalizada para recibir tres postales cuando estén atravesándola, participar en el sorteo de un viaje y recibir un libro que, ya está decidido, imprimirá Xerox.

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