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Gerard Farrés: "El día que cambie… por favor, que alguien me pegue una hostia"
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charla con el mejor español en el dakar

Gerard Farrés: "El día que cambie… por favor, que alguien me pegue una hostia"

Desde el pasado sábado, Gerard Farrés se pasea con una bolsa en la mano. Dentro hay una escultura en la que se puede leer: Dakar. Acariciarlo le ha costado 22 años y picar mucha piedra

Foto: Gerard Farrés con los ojos llorosos después de su tercer puesto en el Dakar.
Gerard Farrés con los ojos llorosos después de su tercer puesto en el Dakar.

“De momento, lo llevo en la bolsa, pero soy de los que le gusta verlo bien, así que ocupará un buen lugar”. Gerard Farrés (Manresa, 1979) aún no ha decidido dónde colocará el 'moro' de bronce que tiene en casa después de quedar tercero en este Dakar. Será lo único que cambie en su día a día porque este épico podio en la aventura de motor más grande del mundo no le va a quitar los pies de la tierra, “soy una persona muy normal. Con muchos valores, humildad y respeto”, explica a El Confidencial. “Y el día que me cambie algo... que me metan una hostia. Este podio ha sido simplemente cumplir un objetivo”.

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Cruzó la línea de meta, supo que era tercero en la general… Después, vio a su mujer y no pudo contenerse: “Lloré. Después de diez dakares me vino a ver y la primera persona querida a la que vi fue a ella. Empecé a llorar como un niño pequeño porque se lo debía a mi familia, también hacen un esfuerzo muy grande, y hay un sacrificio detrás enorme de no ver a las niñas tanto como uno quisiera... Me gusta mucho estar con mi familia y hay muchas cosas pierden por el camino. Lloramos juntos”.

Del mismo modo que es uno de los pilotos que mejor se orienta en mitad de un desierto, Gerard tiene también las cosas claras y una base sólida donde apoyarse para no perder en ningún momento el norte. Su referencia son ellas. “Cuando veo sus caras y sus cuerpos sé que mi madre, hermana, mujer… mis niñas sufren. Sufren mucho, cuando vi a mi mujer tras el Dakar estaba muy delgada… pensé que estaba enferma”. Es la otra cara del deporte, la que está apartada de focos y cámaras; de la misma especie de la lucha en el entrenamiento diario, que tampoco se ve.

Objetivo: una KTM oficial con Himoinsa

Farrés se ha ganado la fama de 'currante'. Trabajo y evolución han ido de la mano en una carrera profesional que se inició cuando a sus 15 años sus padres le regalaron una moto, algo que le sirvió para que posteriormente la federación española y catalana apostaron por él, dio un salto en 2009 siendo mochilero de Marc Coma y ha explotado en Himoinsa tocando las narices con una moto inferior a los mejores pilotos del mundo. “Siempre he picado piedra porque no he tenido los medios para crecer de otro modo” y en 2017 parece haber tocado un techo que sólo se rompe con una moto oficial… “Esta oportunidad me lo ha dado Himoinsa, si es posible me gustaría tener para 2018 una KTM con una mejor montura. Lo merecemos por la posición en la que hemos terminado”.

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Farrés se ha ganado en la pista una moto oficial, que le abre la puerta VIP de los rallys y raids: “Esto significaría pertenecer a una estructura oficial, con más presupuesto, con su propia comida, fisio, asistencia en carrera que ayudan si hay problemas, más personal... Y, sobre todo, la diferencia está en la moto: tiene más potencia, con más punta. Para que te hagas una idea, este año, las oficiales me metieron dos minutos en 90 kilómetros, sentado, en línea recta”.

“Sería tonto decir que con una oficial ganaba”

¿Y si este año ya hubiera ido con una oficial? “Sería de muy tonto decir que con una moto oficial hubiera ganado, pero sí que hubiera ido con otro enfoque y sin tomar tantos riesgos. Se trata de ir mejor”, declara un piloto que este miércoles por la noche, cinco días después de que terminara el Dakar, estaba “aún bastante muerto”. No lo lleva mal después de las toneladas de felicitaciones y cariño que ha recibido de familia, amigos, conocidos, amigos de conocidos, prensa, organización (especial el abrazo de Marc Coma) y hasta de rivales.

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Gerard Farrés, en la quinta etapa llegó sexto y se aupó hasta la cuarta posición de la general. Había tenido que navegar y, cuando llegó a meta, realizó las siguientes declaraciones: “Me han seguido varios pilotos, eso demuestra que lo estoy haciendo bien”. A sus 37 años y con una gran experiencia se ha convertido en una referencia fiable. Un rival batir… y a seguir. Pero este dominio de las etapas complicadas y donde es fácil perderse, como todo (menos el talento) en Farrés, lo ha debido de trabajar y luchar. En este caso en un diván.

“He trabajado para ir en contra de mi carácter”

“Soy una persona de naturaleza nerviosa. Con el tiempo he ido mejorando este aspecto con trabajo psicológico, trabajando para ir en contra de mi carácter, que me había perjudicado anteriormente. Pasamos de la nada al todo y del todo a la nada en poco tiempo. Tienes unos sentimientos que no puedes controlar y en un enlace tan largo como un Madrid-Barcelona se te pasa muchas cosas en la cabeza... Durante estos años he trabajado con los psicólogos sobre cuáles son los pasos a seguir en el momento en el que me he perdido o desorientado y no veo el camino. En ese instante me viene a la cabeza mi rutina sobre lo que tengo que hacer y no volverme loco”. El método que todo gran piloto debe tener para ganar una batalla de eliminación como es el Dakar.

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Esa sabiduría de cómo actuar en el punto crítico en el que se pierde, cuando el reloj vuela y el paisaje se vuelve enemigo, cuando las capas superficiales del cerebro mandan una alerta y las profundas ordenan calma y confianza, esa sabiduría es la que Gerard también aplica en su vida. “Toda la psicología deportiva me ha ayudado en el día a día para marcar objetivos y no perder ganas de entrenar ni concentración. Me ha ayudado en la vida”, y por eso ni un tercer puesto en el Dakar, ni un segundo o un primero provocarán que Farrés varíe su rumbo cotidiano… Y, en el peor de los casos, siempre puede utilizar el botón del iritrack (“que me den una hostia”).

“De momento, lo llevo en la bolsa, pero soy de los que le gusta verlo bien, así que ocupará un buen lugar”. Gerard Farrés (Manresa, 1979) aún no ha decidido dónde colocará el 'moro' de bronce que tiene en casa después de quedar tercero en este Dakar. Será lo único que cambie en su día a día porque este épico podio en la aventura de motor más grande del mundo no le va a quitar los pies de la tierra, “soy una persona muy normal. Con muchos valores, humildad y respeto”, explica a El Confidencial. “Y el día que me cambie algo... que me metan una hostia. Este podio ha sido simplemente cumplir un objetivo”.

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