Ni estar cerca de morir le quita las ganas a Alex Pella de dar la vuelta al mundo a vela
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vuelve a intentar el récord en el julio verne

Ni estar cerca de morir le quita las ganas a Alex Pella de dar la vuelta al mundo a vela

El marino barcelonés se vuelve a embarcar en el Idec Sport para intentar de nuevo batir el récord de la vuelta al mundo a vela, al que se quedaron a apenas 30 horas en 2015

placeholder Foto: El Idec-Sport, en medio del océano (FOTOS: Idec-Sport Sailing).
El Idec-Sport, en medio del océano (FOTOS: Idec-Sport Sailing).

El nombre de Alex Pella no es especialmente conocido en España. A pocos aficionados al deporte les sonará cuando lo oigan o lo lean y puede que les resulte familiar a algunos ya deportistas que se dedican profesionalmente a la vela. Sin embargo, en Francia, Alex Pella tiene una relevancia enorme. La gente lo reconoce por la calle y le preguntan qué tal está, cómo va evolucionando el barco y cuánto les falta para salir otra vez al agua para surcar casi todos los océanos. Allí casi todos saben que Alex estuvo a punto de morir a finales de julio y tampoco les resulta sorprendente que no mucho tiempo después, vuelva a aventurarse en una expedición para superhéroes como es el Trofeo Julio Verne. Junto a otros cinco compañeros y el trimarán de Idec Sport, este barcelonés volverá a intentar el récord de la vuelta al mundo a vela sin escalas.

Foto: Alex Pella, a cargo de la caña (Agua y Sal Comunicación).

Pella cuenta cómo fue su accidente como si no hubiera estado muy cerca de costarle la vida. "Ocurrió corriendo una 'transat' -regata trasatlántica- entre Quebec (Canadá) y Saint-Malo (Francia). Volcamos al sur de Terranova. Esa regata se corre por zonas con vientos cortantes cálidos y aguas muy frías (ya que se corre muy al norte), lo que genera una espesa niebla. A unas 200 millas al sur de Terranova había una marca de la regata y para el tráfico marítimo por posibilidad de hielo y teníamos que pasar al sur de ese punto imaginario.

Un cabo se me quedó enrollado en el pie y quedé colgado al revés a 15 metros del agua. Caí y se me vino el barco encima y con el agua a 7ºC"

"Hacía minuto y medio que había cogido yo la caña, el barco clavó las proas y volcó por delante. Yo pegué un salto al vacío de 18 metros de altura y un cabo se me quedó enrollado en el pie y me quedé colgado al revés a unos 15 metros del agua. Después se rompió el palo, me fui al agua y se me vino el barco encima a las 2 de la mañana y con el agua a 7 grados. Estuve como minuto y medio o dos minutos bajo el agua y conseguí salir. Un compañero me sacó del agua a los diez minutos y ya realizamos el rescate. El patrón sufrió daños físicos y por suerte el resto no, 'sólo' estábamos en estado de shock. No pudo venir el helicóptero por la niebla, así que vino un petrolero con tripulación filipina y bandera de Singapur, estuvimos 24 horas en su barco y ya vinieron los guardacostas canadienses a por nosotros".

Los marinos son unos "burros"

Han pasado tres meses desde aquello, y ahora mismo Pella se encuentra en Brest ultimando los detalles del trimarán (triple casco) de Idec Sport que, patroneado por Francis Joyon, volverá a intentar el Trofeo Julio Verne que rozó hace un año. "Somos así de burros", dice mientras se ríe el marino en conversación con El Confidencial. Evidentemente, aquel accidente le ha hecho madurar. "Me hace controlar más el margen de seguridad de estos barcos. Había estado con gente que ha volcado, pero si no has volcado tú, no sabes lo que es. No es lo mismo que te lo cuenten que vivirlo", reconoce.

Pella lleva navegando desde que es un niño. Viene de una familia de marinos, todos sus miembros navengan y un hermano suyo se dedica profesionalmente como él. Ha recorrido prácticamente todos los mares y posee varios récords en diferentes tipos de cascos. Es decir, es un marino curtido de 43 años que lo ha vivido ya (ahora sí) todo lo que se puede vivir a bordo de una embarcación, pero nunca se le pasa el miedo del todo, como dice él mismo. Y sabe dónde se mete, que este Julio Verne es una locura sólo permitida para los atrevidos.

La preparación del Idec Sport.

"A diferencia de otras regatas, no tiene ninguna limitación (puedes hacer un barco enorme, reducir el peso todo lo que quieras, bajar todo lo que quieras al sur). Nosotros intentamos bajar lo más al sur posible ya que, al ser la Tierra una esfera, cuanto más bajas, más corto es el recorrido. Y ahí te limita el hielo. La Volvo Ocean Race y la Vendée Globe tienen sus puertas al hielo -barrera imaginaria al sur-, pero la Julio Verne no. Y eso, yendo rápido de noche no ves los trozos pequeños de hielo y te lo puedes comer", comenta a la vez que dice que "una vez dentro, no puedes cagarte", afirma en una de las pausas mientras prepara el palo, las velas, la cabuyería -el arte de hacer nudos- y las ropas, sus funciones estos días preliminares a la salida del barco.

La Champions League de la vela oceánica

Allí, en Bretaña, el mar no sólo entra físicamente en modo de ría al interior, sino que forma parte intrínseca de la cultura de la región, y del país, en realidad. Es otro mundo. "Aquí hay 6.000 personas viviendo de esto más sus familias, hay una demanda social de esto". Asegura el regatista que si va por la calle, o a alguna tienda, la gente le pregunta por cómo va el barco. "Puedes estar las 24 horas hablando de barcos. En España, si piensas vivir solo de medallas olímpicas, solo piensas en deporte. Aparecerá puntualmente en el 'Marca'. Hay regatistas estupendos que tienen resultados muy buenos, pero se queda en eso. Aquí la vela es un tema social, económico, de I+D, industrial, cultural... ¡todo! Esto es la NBA o la Champions League de la vela oceánica", cuenta Pella.

¿Los grandes eventos de vela en España? Se han prostituido los valores de la vela para recoger un dinero que no sabemos dónde ha ido"

Y sin embargo, la vela en nuestro país tiene una tradición centenaria. "La primera 'transat' la hicimos nosotros, con Colón y su expedición española. La primera vuelta al mundo la hicimos nosotros, con El Cano y Magallanes. Los primeros en recorrer el Pacífico y llegar a Australia fuimos nosotros", recuerda Pella. Aun si la realidad española es esquiva con la vela, ha acogido eventos internacionales de primer nivel, como la Copa América, la Volvo Ocean Race, la Barcelona World Race. Pero Alex Pella tiene una explicación para ello: "No han sido por una demanda social (la gente no sabe nada de vela), sino porque esos eventos tienen unas exenciones fiscales y se dedicó mucho dinero a ello. Se han prostituido los valores de la vela para recoger un dinero que no sabemos dónde ha ido".

El mismo barco, pero 300 kilos más delgado

El trimarán es el mismo que utilizaron el año pasado, pero con unas mejores funcionales y físicas determinantes ."Hemos configurado mejor el barco porque hemos tenido más tiempo. Y lo conocemos mejor, como nos conocemos mejor entre nosotros. Pesa 300 kilos menos y con velas más grandes". Según cuenta Alex, este tipo de embarcaciones es una de las dos que se disputarán la supremacía marítima en el futuro: "Será la lucha entre la agilidad y la potencia, la de ir poca gente a bordo y con poco peso, a ser muchos en un barco grande", asegura. Pero, ¿cómo se ahorran 300 kilos en un barco delgado y ágil? Pues muy fácil: "Llevábamos material de recambio que no nos llevamos este año, como una vela de repuesto, y ahí ahorramos 150 kilos. Tampoco llevamos otro timón, porque es muy complicado cambiarlo, tendríamos que ir a una costa, parar y perderíamos mucho tiempo. Hemos rascado en comida, ropa... y al final, 300 kilos más ligeros".

Han ahorrado en comida, pero siguen yendo muy preparados, no podría ser de otra manera. "Tenemos las comidas del día a día repartidas en una bolsa semanal por persona con todo metido: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. Tú gestionas cómo te lo quieres comer. El 70% es comida liofilizada y el resto lo completamos con pasta. El año pasado Bernard -Stamm- se lo curró un montón, estaba muy buena y no tuvimos ningún problema. La comida es muy importante, porque llevamos un ritmo muy diferente que en tierra y tenemos que estar comiendo todo el día". Como ya contó a este periódico el año pasado, el problema no estaba tanto en la cantidad de comida, sino en el gas para cocinarla. Se quedaron prácticamente sin combustible en los últimos días de la regata y se las tuvieron que apañar para aguantar.

El equipo, a la espera de unas condiciones climatológicas propicias para tomar la salida (necesitan un viento del noroeste fuerte, de unos 25 nudos), tendrá, cuando se produzcan, 45 días por delante para ser los más rápidos en dar la vuelta al mundo a vela sin escalas. "Lo vemos muy factible, sino no estaríamos aquí. Son seis parciales y el año pasado hicimos cuatro podios, uno lo ganamos -batieron el récord de Cabo Buena Esperanza hasta Australia-. Estamos en los tiempos. Si nos va todo perfecto, podemos bajarlo día y medio o dos días". Sería, de lograrlo, el séptimo record en la carrera de Pella, el más importante de todos.

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