recibe muchas críticas por su desdén a los símbolos

La camiseta que más se vende de toda la NFL es de un suplente antipatriota

Colin Kaepernick, quarterback suplente de los San Francisco 49ers, se ha convertido en un icono para la comunidad negra al negarse a ponerse de pie cuando suena el himno nacional de Estados Unidos

Foto: Colin Kaepernick (Reuters)
Colin Kaepernick (Reuters)

Colin Kaepernick era un jugador de fútbol americano notable. El quarterback de los San Francisco 49ers, ni más ni menos. El que llevó a su equipo a una Superbowl y una final de conferencia. Un mariscal de campo con brazo potente y piernas rápidas, que descolocaba a los rivales con su variedad en el juego. Era así, porque ya no lo es. Dejó de jugar, cayó en desgracia y se convirtió en un miembro residual de la plantilla. En un problema, de hecho, pues no hay posición más sensible en todo el deporte como la del quarterback, y tener uno que ha perdido la eficencia es un quebradero de cabeza.

Su sino era el banquillo, lo es de hecho, pues su franquicia decidió apostar por Blaine Gabbert, a quien consideran más fiable. Corrió riesgo incluso de desaparecer de la plantilla. Y a pesar de ser suplente, es una de las grandes historias de la temporada. En el primer partido de la pretemporada tomó una decisión que, él bien lo sabía, era polémica. "No me voy a levantar para mostrar orgullo de una bandera de un país que oprime a la gente negra. Para mí esto es más grande que el fútbol y sería egoísta por mi parte mirar a otro lado. Hay muertos en las calles". 

El escándalo estaba servido. Es un país que cuida sus símbolos con esmero, que considera antipatriota jugar con ellos. No levantarse cuando suena el himno, como no descubrirse en la misma circunstancia, es considerado alta traición. Y eso fue, precisamente, lo que hizo Kaepernick. El motivo está en el ambiente, es parte de la política del país y uno de los problemas lacerantes que dividien y magullan a toda la sociedad: el trato de la policía contra los negros. El movimiento "Black lives matter" coordina los esfuerzos de la comunidad negra para protestar contra las agresiones policiales. 

No es Kaepernick el único en quejarse, pero si el primero que decide no levantarse cuando suena Barras y Estrellas. Otros, como LeBron James, se han puesto camisetas en los calentamientos con el lema "I can't breathe" (en castellano, no puedo respirar), la frase que dijo al morir a manos de la policía Eric Garner. Y es que los cuerpos de seguridad del estado forman parte nuclear de toda esta polémica. Buena parte de la comunidad negra considera sus métodos con ellos brutales, hablan -y no sin motivo- de discriminación y una peligrosa tendencia a culpar a los negros de los delitos por encima de los blancos. El gesto de Kaepernick ha sido seguido por otros como su compañero de equipo Eric Reid o el de los Seattle Seahawks Jeremy Lane. También por la futbolista Megan Rapinoe, que es blanca. Muchos deportistas negros, algunos de la relevancia de Stephen Curry, o leyendas como Kareem Abdul Jabbar, han mostrado su apoyo al mariscal de campo.  

En partidos más recientes Kaepernick ha cambiado su postura. Ya no se queda sentado, ahora se arrodilla en el suelo mientras suena el himno. El motivo, dice, es que quiere mostrar respeto a los militares, uno de los colectivos que más intensamente ha protestado por la actitud del quarterback. Tras una conversación con Nate Boyer, exjugador y militar retirado, comprendió que necesitaba hacer un gesto diferente, con menos connotaciones que tiene mantenerse sentado. 

Una aficionada de los 49ers levanta una pancarta contra Kaepernick.
Una aficionada de los 49ers levanta una pancarta contra Kaepernick.

Los críticos

Sobra decir que el escándalo es mayúsculo y que prácticamente nadie ha dejado de tomar partido. Boome Esiason, ex quarterback y comentarista televisivo, asegura que es una vergüenza su actitud. El candidato presidencial Donald Trump le ha recomendado, con la moderación que acostumbra, que se busque otro país si el suyo no le gusta. Obama ha recordado que es un gesto aceptable dentro de la libertad de expresión (de hecho el Supremo ha refrendado en varias ocasiones incluso la quema de banderas) y, sin sentirse del todo cómodo con el gesto concreto, incluso aplaudió su toma de postura: "Prefiero que haya jóvenes implicados en el debate y tratando de ver cómo pueden participar en el proceso democrático, que gente que simplemente se queda al margen de todo y no presta atención". Tim Kaine, candidato a la vicepresidencia en el partido Demócrata, dice que hay que respetar a aquellos que defiende causas de acuerdo con su conciencia. Y eso que Kap, como se conoce al quarterback, también ha dicho que su jefa, Hillary Clinton, debería estar en la cárcel. 

Algunos, incluso, han dudado de la pertenencia al colectivo negro del jugador, que es hijo de madre blanca y padre negro y fue adoptado de niño por una familia blanca en la que creció y se educó. Su club y la liga solo han dicho que invitan a los jugadores a honrar los símbolos nacionales, pero que no existe ninguna normativa que obligue a hacerlo. 

Tampoco sorprende que en las gradas sea donde más se está viendo la división que ha generado el gesto de Kaepernick. Los aficionados, por lo general, no tienen que medir sus actos. Los partidos en los que aparece el jugadores de los 49ers se han convertido en un plebiscito sobre su persona. Cuando aparece en las pantallas del estadio se genera siempre una ronda larga de abucheos y no son pocos los que han quemado su camiseta con el 7. 

Claro, que en estas cosas siempre hay un reverso. Porque algunos han quemado la elástica, pero son muchos más los que la han comprado para refrendar su apoyo. Colin Kaepernick se ha convertido en un símbolo para muchos y su camiseta es, actualmente, la más vendida de todo el campeonato. En la última semana, pues el conflicto viene de cerca, ha vendido más que en los ocho meses anteriores. Kap ya no es una estrella, no es un ídolo. Es un icono. Aunque sabe bien que eso, como le pasó previamente a tantos, le puede pasar factura, quitarle patrocinadores y cerrarle puertas. 

En Estados Unidos hay una larga tradición de reivindicación y deporte. Kaepernick es hoy lo que en su día era Ali, que tiró al río su medalla olímpica y se opuso a Vietnam. O John Carlos y Tommie Smith, que alzaron el puño y agacharon la cabeza en el podio de México 1968. Todos tienen en común la reivindicación de los derechos de la raza negra un conflicto de profundísimo calado en la sociedad estadounidense. 

Collin Kaepernick fue un jugador notable. Ahora, unos años después, es un suplente, pero también un símbolo. 

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