Ciclismo: La vuelta al mundo de un homeless español subido en una bicicleta. Noticias de Otros deportes
la apasionante aventura de Jordi Romo

La vuelta al mundo de un 'homeless' español subido en una bicicleta

Jordi Romo (Barcelona, 1981) lleva más de dos años dando la vuelta al mundo subido en una bicicleta. Una apasionante aventura que relata para El Confidencial

Foto: Una bicicleta está siendo la fiel compañera de Jordi Romo en su viaje por diferentes puntos del planeta (FOTOS: aroundtheball.net)
Una bicicleta está siendo la fiel compañera de Jordi Romo en su viaje por diferentes puntos del planeta (FOTOS: aroundtheball.net)

El fútbol manda, pero es la bicicleta la que se impone en la vida diaria del español de a pie. Según la Encuesta de Hábitos Deportivos en España durante 2015, es el deporte de las dos ruedas el que gana con claridad. El informe elaborado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes apunta a que un 38,7% de la población española que practica algún deporte, apuesta por el ciclismo. Un sector muy activo y pujante gracias al crecimiento del número de simpatizantes, que ha activado notablemente este sector para alegría de todos los involucrados, empezando por los diseñadores y constructores. Esa pasión pasó a convertirse en obsesión en algunos casos, como el de Jordi Romo, que lleva ya más de dos años subido en un sillín dando la vuelta al mundo. Va camino de alcanzar los 1.000 días de travesía. De Albania a Costa Rica, de Azerbaiyán a Argentina, de Tailandia a Guatemala, de Malasia a Colombia, de Nueva Zelanda a Panamá… Una apasionante y solitaria aventura que se puede seguir a través de su página web (aroundtheball.net) y en la que detalla sus aventuras y desventuras por el planeta.

El 12 de octubre de 2013 dio las primeras pedaladas. Barcelona, el punto de partida. Nacido en 1981, comenta en charla con El Confidencial que “los deportes siempre han sido fundamentales para mí”, destacando su pasión por el ciclismo. “Mi afición por la bicicleta se remonta muchos años atrás, ya que mi padre siempre fue un amante del deporte y me inculcó desde pequeño los valores más positivos que en el mismo se desarrollan, como el compañerismo, el 'fair play' o el respeto”, relata mientras se encuentra en Estados Unidos”. “Con tan solo 2 o 3 años ya me subía a un triciclo en el pueblo de mis abuelos, en La Redonda (Salamanca), y a los 6 ya practicaba tenis y natación en Barcelona, sin olvidar el fútbol. Y hasta el día de hoy, con lo que podríamos decir que siempre he sido un enamorado ya no solo del ciclismo, sino del deporte en general”. Diseñador gráfico, trabajos relacionados con la fotografía, socorrista, comercial... Aquellos tiempos han quedado en el olvido; disfrutar a conciencia de la vida descubriendo lugares de todo el mundo es lo que le ocupa desde el día que optó por dar un giro radical a su existencia.

La bicicleta de Jordi Romo atravesó varias zonas de Tailandia
La bicicleta de Jordi Romo atravesó varias zonas de Tailandia

Convertir los sueños en realidad

Con ya más de 50.000 kilómetros recorridos subido en una bicicleta, su narración es rica en anécdotas de todo tipo, todo aderezado por sugerentes y atractivas imágenes de diferentes lugares. Recoge en su web una cita de Mahatma Gandhi para encabezar una sección llamada 'Sueños'. “Realmente soy un soñador práctico; mis sueños no son bagatelas en el aire. Lo que yo quiero es convertir mis sueños en realidad”, es la frase del pensador y líder del nacionalismo indio que inspira a Romo. Cuando aparca la bicicleta y disfruta del lugar que sea, en algunos de ellos trata de afrontar y superar “pequeños (y no tan pequeños) retos que me ayudarán a avanzar con cada golpe de pedal”. “Exactamente no sé cuantos kilómetros voy a hacer porque no tengo una ruta del todo marcada, pero seguiré sumando más allá de los 50.000. Creo que en tiempo toda la aventura durará alrededor de 3 años”, explica cuando todavía le quedan unos cuantos meses por delante.

¿De dónde parte este proyecto? ¿Por qué? Jordi responde raudo y sincero: “Porque estoy loco, dice mi madre; ella me parió, así que puede que todo nazca de aquel momento (risas). Ahora en serio, es un sueño que ya se hizo realidad cuando salí a rodar el primer día; ver mundo, conocer gente, ayudar y que me ayudaran viendo que el planeta no es tan peligroso ni malo como se suele decir. Este viaje nace de mis ganas de vivir y creo que parte en el momento que mi ex pareja decide romper con la relación. Mirando atrás, haciendo un repaso de mi vida, me doy cuenta que han sido años deseando hacer cosas como viajar y que nunca había podido o en el fondo querido”. “La vida está ahí, esperando a ser vivida; creo que no nos damos cuenta de que va pasando. La verdad es que es difícil explicar todo lo que sentí y lo que he llegado a pensar en mis largas jornadas de bicicleta recorriendo el mundo”, reconoce.

La India también formó parte de la hoja de ruta de Jordi Romo
La India también formó parte de la hoja de ruta de Jordi Romo

Una máquina perfecta

Este impresionante viaje no sería posible sin disponer de una buena bicicleta equipada hasta el más mínimo detalle, con un poder de aguante superior para que no falle en algún momento. Se trata de un velocípedo de la marca Velotraum y fabricada en Alemania. Es exclusiva para rodar largas distancias por su sólida resistencia; lo confirma el hecho de que por el momento no haya fallado a pesar de los kilómetros que lleva sumados. Su fortaleza quedó al descubierto en Turquía, donde Jordi Romo sufrió un fuerte accidente, afortunadamente sin consecuencias. Colisionó con violencia con un automóvil, sin sufrir daño alguno el cuadro, cuando lo normal hubiera sido que padeciera algún desperfecto. “Esto te convence por completo, no podía tener una compañera mejor y me siento muy a gusto rodando sobre ella”, comenta el viajero.

La resistencia y consistencia de la bicicleta, queda claro, es fundamental para que esta aventura siga en pie después de tantos kilómetros acumulados. No fue Jordi a una tienda, soltó el dinero y se fue con ella debajo del brazo. La realidad es que se diseñó durante un mes con el fin de prevenir cualquier contingencia y dotarla de la fiabilidad necesaria como para resistir en pie durante tantos meses de intensa actividad. Para este largo viaje en cuestión, hacer cicloturismo de larga distancia, el soldado entre las piezas de la máquina es único y ni se nota el punto de soldadura, con lo que el trabajo se puede considerar casi perfecto. El crecimiento del ciclismo a nivel de aficionado, considera Jordi, “se debe en primer lugar a la crisis, ya que cuando el dinero falta se buscan las alternativas más económicas para sobrevivir, y la bicicleta te permite desplazarte por las ciudades sin tanto tráfico y sin gasto alguno”. Y también quiere resaltar que “la tierra está en 'modo emergencia' por el cambio climático y la contaminación en general; la gente se está dando cuenta, con lo que se está despertando una corriente ecológica muy fuerte en todo el mundo que espero y deseo siga creciendo por el bien nuestro y del planeta”.

Jordi Romo atravesó el centro de América, incluyendo Costa Rica
Jordi Romo atravesó el centro de América, incluyendo Costa Rica

Como una tortuga

En un viaje tan largo cualquier detalle se revela como fundamental para que la travesía sea lo más cómoda posible. Así, la bicicleta está diseñada para poder llevar hasta seis alforjas rodeándola. Hay espacio para una tienda de acampada y el material accesorio como un saco de dormir, además de menaje para cocinar, cámaras fotográficas, ropa para todos los climas, medicinas, útiles para la  higiene… “Soy como una tortuga, que va lento con su casa encima”, explica. El peso total entre la bicicleta y toda la carga alcanza unos 60 kilos. “Por ello, y cariñosamente, llamo a mi bicicleta la 'gordita'...”, comenta. Por el momento no sabe a ciencia cierta cuántos kilómetros acabará sumando en este casi interminable viaje, y no descarta coger algún barco en un momento determinado y según las circunstancias; “mejor eso antes que emplear el avión para poder trabajar y vivir otro tipo de aventuras, pero ya se verá. El día a día es el que manda”, explica.

En este último aspecto incide cuando toca hablar de cómo se las apaña con el dinero presupuestado en un principio para hacer realidad esta empresa. “Nunca pido”, deja claro, para explicar que “mi idea siempre fue trabajar donde me dejaran y pudiera sobrevivir gracias a todas mis habilidades, como el montañismo, actividad que siempre he intentado aprender”. “Creo que ha sido duro en muchos aspectos, pero la verdad es que no veo otra forma de afrontar mi viaje, ya que lo más importante para mí era el contacto con la realidad del mundo y es lo que he hecho conociendo a personas buenas y a otras no tanto”, comenta. “Cuando uno viaja con poco se lleva mucho, esa es mi conclusión final y es lo que he tratado de hacer”, resume sobre las apreturas económicas que ha tenido que sortear. El aventurero español lo tiene complicado para ganarse la vida con su pasión; sobre esta cuestión afirma que “es difícil encontrar patrocinadores en España y en la mayoría del mundo, ya que lo que empiezan a querer las compañías son imposibles, y como no existe ponen excusas y buscan patrocinios de canales de televisión o cosas que ellos creen que dan resultados desde el minuto cero o creen que les dan más garantía para conseguir esos números de beneficio que en definitiva buscan. No tienen paciencia ni quieren tener trabajo con ese patrocinio. Lo bueno es que aún hay gente que tiene fe en los demás”.

Jordi Romo en Almaty, una de las grandes urbes de Kazajistán
Jordi Romo en Almaty, una de las grandes urbes de Kazajistán

Los cuidados del físico

El físico aguanta a pesar de acumular miles y miles de pedaladas. Por el momento no ha sufrido graves percances que hayan puesto en peligro la aventura, pero en algún momento le ha ido de maravilla recibir alguna ayuda externa para mantener los músculos a punto. “La verdad es que un 'homeless' como yo, con recursos económicos ciertamente limitados, no puede ponerse de manera habitual en manos de profesionales tal y como me gustaría, pero sí te puedo decir que intento cuidarme lo mejor que puedo”, comenta Jordi, que tiene ciertos hábitos rutinarios para seguir en pie. “Estirar de vez en cuando, comer pasta y arroz… Sin olvidar que ha habido personas que he ido conociendo por el camino que me han ofrecido ayuda y algunas manos me han ayudado a superar dolores, sobretodo en mis rodillas, que han sido las que más han sufrido por las subidas y el peso de la bici”, aclara.

Reconoce ser “un loco en el buen sentido de la palabra. Al principio familia y amigos me querían matar y no creían que llegara ni siquiera a Suiza, pero ahora me quieren rematar por vivir tantas experiencias bonitas que a ellos les encantaría vivir. Resumiendo, todos están recontentos y con ganas de que vuelva”. El peligro siempre está ahí, esperando en cualquier lugar. Por el momento, y por fortuna, no ha sufrido ningún contratiempo importante. No obstante, recuerda algún que otro momento complicado: “A la hora de hablar de instantes duros y complejos, recuerdo los vividos en Australia, surcando desiertos a más de 50 grados; o en la India, con un millón de transportes y con gastroenteritis; o en Grecia, en pleno invierno subiendo montañas con hielo en la carretera y barrancos por todos los lados, sin olvidar la cantidad de coches que me encontré en algunas carreteras sin ningún tipo de arcén ni espacio para la bici…”. “Si sigo, tenemos que cerrar el periódico”, bromea para acabar.

Como sucedió en Suiza, el aventurero ha tenido que coger un tren en alguna oportunidad
Como sucedió en Suiza, el aventurero ha tenido que coger un tren en alguna oportunidad

Más proyectos en el horizonte

Jordi, pese a vivir instantes comprometidos, deja claro que “ni una sola vez he pensado en tirar la toalla, aunque alguna vez me pregunté: '¿qué estoy haciendo? Estoy tonto por haber iniciado esto, quiero dormir en una cama, quiero comer…'. Pero nunca pensé en dejarlo y volver a casa. Sólo dudé cuando se murió mi abuela, en torno a enero del 2014, cuando estaba en Grecia. Pero esa idea duró un segundo, al final consideré que seguir era lo mejor que podía hacer”. Y es que haciendo un resumen, “estas aventuras tienen sus recompensas y de todos los días, de todos los países y de toda la gente podría decir que me he llevado algo bueno. Hay personas más emocionales, como un amigo que conocí en Indonesia que me invitó a su casa, con su familia; sin llegar a entendernos con el lenguaje, nos separamos llorando. Hay otras que me han dado todo sin tener nada, como me pasó en Argentina. Son esas cosas las que nos conectan, como con otras grandes y maravillosas personas que me encontré en cada uno de los países que he visitado. De todos tengo fantásticos recuerdos y si ahora empezara a nombrarlos no terminaría nunca”. 

Tan gratificante está siendo para Romo esta hazaña que no descarta hacer algo parecido en el futuro. “Es totalmente factible que haga otro viaje parecido”, asegura, para recalcar que “todavía podría ser mejor porque este aprendizaje y esta experiencia me han ayudado a disfrutar cada vez más y mejor de cada momento en este presente infinito en el que vivimos, sin pensar demasiado ni en el pasado ni en el futuro”. Su idea cuando aterrice en casa es “escribir un libro para relatar mis vivencias, aunque aún sigo pensando en qué parte de mi viaje me voy a enfocar. También con mis fotografías quiero montar exposiciones y hacer algo bueno. Cuando acabe el viaje espero organizar un evento en Barcelona en el mismo punto que empecé todo esto”. Una pregunta surge para acabar este relato: ¿se ve desarrollando un trabajo convencional? La respuesta de Jordi no ofrece dudas: “Otra de las cosas que he aprendido es a adaptarme; más que aprender he tenido que hacer, y al igual que me he tenido que adaptar y trabajar plantando sandías, entre otras cosas, me tocará adaptarme a una nueva situación y con ello viviré una nueva experiencia. Serán un final y un principio ilusionantes”.

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