se retira el jugador que fue cinco veces mvp

Peyton Manning, el hombre que definió la posición más difícil del deporte americano

El quarterback deja la NFL tras 18 años en los que consiguió batir todos los récords del deporte más seguido en los Estados Unidos. Se despide tras ser campeón por segunda vez.

Foto: Peyton Manning saluda a la grada en la última Superbowl (Reuters).
Peyton Manning saluda a la grada en la última Superbowl (Reuters).

Los niños estadounidenses juegan con frecuencia a pensar cómo sería un superhéroe que combinase las mejores cualidades de todos los superhéroes. Las mentes infantiles dan tantos resultados como niños juegan. Si se hiciese lo mismo pensando en los quarterbacks del fútbol americano, el gran pasatiempo del país, las dudas serían menores porque ese hombre ha existido y se llama Peyton Manning. Lo cuenta bien Tom Brady, que al saber que se retiraba tras 18 años en la brecha no pudo más que conceder que su mayor rival ha creado en estos años el estándar para la posición más difícil que existe en el deporte profesional.

Manning no jugó a un deporte, lo vivió. La diferencia, en casi todos los casos, es lo que distingue a los buenos de los mejores. En su caso, quizá, no hubo nunca otro remedio. Su padre, Archie, había sido un exitoso quarterback y un loco de su deporte. Desde que él y su hermano Eli, también jugador profesional, eran niños les transmitió el amor por la victoria y sus muchos conocimientos sobre el deporte. Podría no haber salido tan bien, pero hoy todo el mundo sabe que en el jardín de aquella casa familiar se estaba gestando algo grande. 

Peyton Manning, el mayor, es el hombre de los récords en la NFL. El que más partidos ha ganado, el que más ha jugado, el que más yardas ha lanzado y más touchdowns ha conseguido. El historial de Manning necesita de un disco duro de alta densidad para poder registrar todas las cosas que hizo y todas las marcas que batió. Manning, como los buenos quarterbacks, es un obseso de su profesión. Tom Brady, su más feroz competencia, dice ahora que admira la decisión de Manning porque eso le supondrá no tener que estar pensando en las coberturas ofensivas del siguiente rival cuando esté en un supermercado comprando o viendo a sus hijos jugar al fútbol. Así son, por lo general, los quarterbacks. Así es, pero elevado a la enésima potencia, Peyton Manning. 

El deporte, una obsesión 

Los que le conocen dicen que nunca se vio alguien más obsesionado con el deporte. No había minuto en el día que no estuviese pensando en el libreto del técnico, en el siguiente rival o en las reacciones de sus compañeros. Su historia es la de un gran perfeccionista y todo en su vida era así. No importaba que estuviese concediendo una entrevista, haciendo un anuncio de coches o en medio de un partido decisivo de la temporada, él no se podía permitir menos que ser perfecto. Un nivel de vida y de tensión que solo los que están hechos de otra pasta son capaces de aguantar. 

Los números de Manning son una perfecta carta de presentación, pero la estadística no es suficiente para relatar su peripecia. Ser cinco veces el mejor jugador de la liga no hubiese valido de mucho si no llega a lograr vencer ninguna final. Durante un tiempo, cuando estaba la cresta de la ola, se llegó a pensar que nunca lo lograría. 

Porque su récord en play off es, quizá, lo más imperfecto de una tremenda carrera. 14 victorias por 13 derrotas. Tardó en conseguir su primer anillo con los Colts y, pocos años después, su hermano menor le había superado con dos anillos con los Giants. Era paradójico que el mejor de los hermanos tuviese menos éxitos, pero sus dudas en los partidos finales le acompañaban. 

Hace dos temporadas Manning salió de Indanápolis por una lesión. Los Colts ya no confiaban en él porque tenía el cuello hecho papilla y sospechaban que no volvería a ser el mismo. Se fueron en el draft a por Andrew Luck, el quarterback del futuro, y dejaron ir a Manning, que salió de allí con cierto resentimiento. Le recogió una franquicia histórica, los Denver Broncos, el equipo donde había reinado el mítico John Elway, que ahora ejerce de vicepresidente y director deportivo. Le dieron cariño y mimos, le rodearon de buenos jugadores y una excelente defensa y él aportó lo suficiente para que el equipo, a pesar de su maltrecho cuello, compitiese al máximo nivel.

Manning, en la celebración del último campeonato (Reuters)
Manning, en la celebración del último campeonato (Reuters)

 

Dopaje y controversia

Tanto es así que Manning, hace solo un mes, llevó a los Broncos al máximo del deporte profesional estadoundense, a ganar la Superbowl. No fue, a diferencia del resto de su carrera, una obra personal. Esta vez dependió de un equipo voraz, capaz de sobreponerse a los elementos e, incluso, a tener un quarterback disminuido por el físico. Da un poco lo mismo, Manning se va con dos anillos, una recompensa lógica a una carrera de campanillas. 

Los últimos meses no han sido sencillos para el quarterback. Un reporte de Al Jazeera le ha acusado de usar hormona de crecimiento para recuperarse de sus lesiones, algo que él siempre ha negado. También un oscuro episodio de su pasado, cuando aún era parte de la Universidad de Tennessee le ha perseguido estos meses. Entre unas cosas y otras ha decidido renunciar a su último año de contrato, algo curioso en él, que nunca permitió cobrar un céntimo menos del máximo. En la NFL es habitual que los grandes jugadores hagan rebajas para que sus equipos, siempre agobiados por los límites salariales, tengan acceso a más y mejores jugadores. Él no fue así, pero a pesar de todo siempre ensambló equipos altamente competitivos en los que era la extensión del entrenador en el campo. 

Su avaricia en los contratos tiene contrapesos en la balanza. Manning ha sido, desde muy joven, un gran filántropo, tiene una fundación que ha ayudado a hospitales infantiles hasta el punto de que hay uno en Indanapolis que lleva su nombre. La humanidad de Manning es otro de sus hechos más recordados hoy, y para ilustrarla basta con contar el modo en el que ha decidido anunciar que se iba. Podía haber intentado varias cosas, pues los estadounidenses son muy creativos en este campo, pero él decidió contarle todo a Chris Mortesen, un periodista convaleciente de un cáncer de garganta con el que tiene buena relación. Mortesen, un hombre muy querido en el presidente yanqui, ha conseguido una de las grandes exclusivas de su vida gracias a ello.

Manning, el que gritaba Omaha cada vez que quería cambiar la disposición del equipo en el campo, el que veía las jugadas dos o tres pasos antes de que sucedieran, ya es historia. Habrá otros quarterbacks, buenísimos, exitosos, diferentes, pero difícilmente alguno representará mejor todo lo que supone la posición para el deporte. 

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