voló en el tubo canadiense de Whistler

La gran aventura de Ander Mirambell en el circuito más peligroso del mundo

El español terminó 21º en el circuito de Whistler en la prueba valedera para la Copa del Mundo de skeleton. El tobogán canadiense es el más rápido y peligroso del mundo

Foto: En la imagen, Ander Mirambell en acción (EFE)
En la imagen, Ander Mirambell en acción (EFE)

Sus infinitas ganas de alcanzar la élite no tienen límite. A través de las redes Ander Mirambell nos informa de todas sus aventuras y andanzas por los circuitos del mundo. Este sábado en el más peligroso del mundo, donde los pilotos de skeleton se han encontrado ante la curva más rápida de todas las pruebas que acogen la Copa del Mundo. El español puso a prueba su categoría en el circuito canadiense de Whistler -sede de los Juegos Olímpicos de 2010-, lugar en el que el físico de los participantes sufre más que en otro lugar. Los moratones aparecen en cualquier lugar del cuerpo, pues al más mínimo descuido, el equilibrio se pierde y es imposible evitar golpes de todo tipo contra las sólidas paredes. No tuvo fortuna, pues no se clasificó para disputar la segunda manga y entrar en el 'Top 20'. "Día complicado, no he sabido encontrar el punto exacto para salir de algunas curvas y eso ha complicado las transiciones. ¡Hay que continuar!", comentó en su cuenta de Twitter.

Mirambell voló en un circuito manchado de sangre en 2010. Entonces, en los juegos mencionados anteriormente, Nodar Kumaritashvili perdió la vida durante la competición. Participante en la especialidad de luge, el georgiano se salió de la pista y falleció en el hospital a causa de las fatales lesiones que sufrió. Durante una sesión de entrenamiento, y cuando se deslizaba a 143,3 kilómetros por hora, se salió de la pista y se golpeó la cabeza con un poste de acero. Kumaritashvili fue el cuarto atleta fallecido en unos Juegos Olímpicos de invierno, después del luger británico Kazimierz Kay-Skrzypeski y los esquiadores Ross Milne (ambos en Innsbruck 1964) y Nicolas Bochatay (Albertville 1992).

La gran aventura de Ander Mirambell en el circuito más peligroso del mundo

Como una lavadora

Se trata de un tobogán que nunca tuvo muy buena imagen a raíz del trágico accidente y de otros muchos percances sufridos por otros deportistas. Se habló de un fallo en la construcción y se apuntó a que los ingenieros nunca pensaron que pudieran superarse los 140 kilómetros por hora. Construido con lo último en tecnología en su momento, tuvo un coste de 105 millones de dólares. Un circuito con 16 curvas, una longitud de 1.450 metros y con la caída vertical (152m) más alta del mundo. Tras la muerte del georgiano, se hicieron algunos retoques para potenciar las medidas de seguridad, como elevar los muros que bordean la tremenda curva 16, la última y más espeluznante. 

Esa última curva, según explicó hace tiempo el propio Mirambell, “literalmente te machaca la cabeza, recibiendo más de 5G; terminas reventado tras cada bajada”. “Es como una lavadora y cada fallo en cualquier lugar del circuito duele mucho”, destacó el español. Cualquier mínimo error de concentración suele ser fatal... Un dato a tener en cuenta para entender la complejidad de este tobogán y de su tremendo peligro es que el alemán Felix Loch llegó a marcar un estremecedor descenso de 154 kilómetros por hora.

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“Con un nudo en el estómago”

En su momento, la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton (IBSF) prohibió a atletas y entrenadores hablar con los medios de comunicación sobre el mortal accidente de Kumaritashvili, lo que provocó las críticas de todos los que participaron en aquellos Juegos. Los dirigentes de la IBSF declararon que un error humano fue el causante de la tragedia, pero desde entonces el tobogán está bajo sospecha. Tras cuatro años sin deslizarse por el circuito de Whistler, Mirambell volvió a tan espectacular pista. Y para ello tuvo que variar su estilo, debiendo trabajar más con los pies.

Ander Mirambell reconoció que la primera vez que se metió en tan tenebroso tubo lo hizo “con un nudo en el estómago”. Han sido múltiples los accidentes en un circuito cortado por el silencio de los espectadores cada vez que algún participante -bobsleigh, skeleton o luge- se sale del trazado. El miedo ha atenezado a más de un participante, como por ejemplo al holandés Edwin van Caulker, que en los Juegos de 2010, y tras la muerte del georgiano, optó por no participar en la prueba de cuatro tripulantes de bobsleigh. Más que miedo, el pánico se apoderó de él y de su familia, que le instó a que se retirara.

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