La final de Copa, "una fiesta del rugby" que atraerá a afición de Londres, París y Panamá
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La final de Copa, "una fiesta del rugby" que atraerá a afición de Londres, París y Panamá

Tras 28 años sin un partido tan importante, el Cisneros regresa a una final como clara víctima ante el poderoso Quesos Entrepinares. Hablamos con el director técnico y el presidente de los universitario

placeholder Foto: Los jugadores del Cisneros forman una melé durante la semifinal de Copa (Rugbycisneros.com).
Los jugadores del Cisneros forman una melé durante la semifinal de Copa (Rugbycisneros.com).

El domingo 19 de abril habrá dos eventos que congreguen toda el ambiente deportivo en Valladolid. Pero habrá uno que llene más el corazón de los que ocupen sus localidades. No será el Nuevo Zorrilla el estadio que reciba las primeras visitas de ese día que cierra la semana, sino uno de los campos Pepe Rojo. La carretera de Renedo se llenará de hombres y mujeres, muchos de ellos con un cuerpo muy fornido que van a disfrutar de la final de la Copa del Rey de rugby. Muchos verán a su equipo y sólo tendrán que recorrer una corta distancia desde sus casas hasta sus localidades, pero otros viajarán desde Madrid… o Londres, o París e incluso Panamá. Es lo que tiene que se enfrenten dos clásicos del rugby español como el Quesos Entrepinares Valladolid y el Cisneros.

En Pucela ya están bastante acostumbrados a que sus quesos luchen por todos los títulos. Son los grandes dominadores del rugby nacional en este lustro y por ello llegar a la final se interpreta como algo lógico y esperado. Sin embargo, el Cisneros lleva 28 años sin asomarse a un partido de esta categoría. El Confidencial ha querido saber cómo vive este histórico club su regreso a la élite y para ello ha hablado con Juan Pedro Brolese, director técnico, y Tobías Cagigal, el presidente del equipo.

“Después de 28 años sin una final de Copa, es un reconocimiento para toda la gente de este club, nos llena de ilusión. Todas las generaciones que han trabajado para esto lo pueden vivir ahora gracias a este magnífico grupo de jugadores”, dice Brolese visiblemente emocionado. Es uno de esos que “no dejamos el rugby, sino que el rugby nos deja a nosotros”. Tanto él como Cagigal saben la dificultad que ha entrañado para este club volver a la lucha por los títulos del rugby nacional.

“Este grupo cambió la dinámica hace seis o siete años. Estaba en la parte baja de la División de Honor B, pero se conjuntó una generación de chavales jóvenes del club y poco a poco se creó un grupo humano muy fuerte que fue evolucionando deportivamente”, comenta.

Aun así, el presidente le resta relativa importancia a la gran progresión que ha hecho su club, ya que “últimamente estamos viendo casos de clubes que con poco presupuesto y con ambiciones menos fuertes se colocan en puestos cabeceros. La crisis ha hecho que nos igualemos todos mucho, y eso da opciones a clubes que a lo mejor no tenemos tanto potencial”. Eso sí, esta final “no deja de ser un premio para nosotros”.

El Cisneros es una de las entidades más antiguas del rugby nacional y se ha ganado una gran reputación entre los demás clubes y sobre todo, en los jugadores, que se muestran muy interesados siempre en jugar en el equipo. “Todos los años -comenta Cagigal- recibimos llamadas de chicos de muchos lugares que quieren jugar en el Cisneros. Muchos vienen a empezar sus estudios a Madrid y quieren estar con nosotros. Incluso clubes de toda España nos mandan jugadores que van a estudiar a Madrid”. Eso demuestra la buena relación entre clubes: “Somos pocos como para pelearnos entre nosotros”, recuerda el presidente de los universitarios.

Pero ese componente de jugar en Valladolid complica la movilización de la masa social del Cisneros. Aunque no es que la capital del Pisuerga esté en Rusia, moverse hasta allí no resulta fácil, sobre todo para un deporte que no mueve a demasiada gente. Un traslado así siempre hace al aficionado mostrarse más reacio a seguir a su equipo. Pero es tan sentimental este partido que, como dice Juan Pedro Brolese, “se está movilizando gente de todos sitios: gente de Londres, de París e incluso un antiguo jugador viene de Panamá. La gente que deja el Cisneros no se va nunca, su corazón se queda aquí”.

¿Y por qué se juega en Valladolid y no en Madrid? Pues porque “teníamos que garantizar una taquilla que con las estructuras de la Central era utópico lograrlo, ya que los accesos no tienen buen control”, nos comenta Brolese, mientras que Cagigal añade que Madrid no es una ciudad que esté habituada a acoger estos eventos y se requería de mucho 'músculo' para organizarla y ese 'músculo' nos costaba mucho”. Como equipo amateur (que maneja un presupuesto de unos 200.000 euros), no pueden permitirse muchos lujos. Por eso se aseguraron un lugar como Valladolid que puede garantizar “una fiesta del rugby”.

Ahora lo importante tanto para el Valladolid como para el Cisneros es jugar y ganar la final. Por la parte del humilde, tienen claro que “cuando estás en una final no puedes ir con otro objetivo que no sea ganar, y vamos a ir a ganar... disfrutando. Pero sabemos que el rival es muy difícil, el dominador del rugby nacional en el último lustro, el que mejor ha sabido compaginar sus estrategias con las dificultades económicas del momento. Son muy favoritos, pero esperemos dar la sorpresa”, finaliza Cagigal.

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