el único español en la Red Bull Air Race

El apasionante paseo de Juan Velarde entre las nubes subido en un Fórmula Uno

La Red Bull Air Race es como la Fórmula Uno del aire y a esta elite ha llegado un español. Juan Velarde comenta y explica para El Confidencial cómo es el apasionante mundo del vuelo acrobático

Es la Fórmula Uno del aire y un español se ha colado en la elite de los pilotos que con una ligera avioneta hacen acrobacias de todo tipo en las alturas. Juan Velarde ha llegado a la cima de un espectacular deporte, el vuelo acrobático, que atrae la atención de millones de seguidores en todo el mundo. Piloto de Iberia -la compañía le ayuda a compaginar su otra faceta-, reconoce para El Confidencial que ha cumplido “el sueño de cualquier piloto” que practica esta especialidad. La Red Bull Air Race World Championship, la competición a la que sólo llegan los mejores del mundo, cuenta con un español que ya hizo su debut en Abu Dhabi y que ahora tiene por delante otras siete pruebas más para mostrar su destreza y mantenerse en el futuro en una competición de máximo nivel. Con su compañero de equipo y también piloto, Anselmo Gámez, siempre a su lado para diseñar los entrenamientos y las mejoras pertinentes, Velarde disfruta el momento cumbre de su carrera.

El avión de 540 kilos de peso -Velarde y su equipo trabaja para hacerlo más ligero- llega a alcanzar una velocidad de 420 kilómetros por hora y recuerda que “este deporte conlleva unas aceleraciones enormes, lo que llamamos fuerza G, la aceleración de la gravedad. Hay que tener en cuenta que en cada giro o cambio de rumbo aguantamos hasta 10 Gs y la aceleración nos aplasta contra el asiento del avión; con un peso de 80 kilos, como yo, con una fuerza equivalente a 800 kilos”. Juan resalta “la importancia de una buena preparación; necesitamos trabajo cardiovascular para que el corazón bombee sangre al cerebro con fuerza y nos permita seguir volando; de lo contrario perderías el conocimiento directamente”, y añade que “el trabajo mental también es fundamental, pues te lo juegas todo en un minuto que dura la carrera; no hay margen de error y la concentración es vital”.

Puro sentimiento

“Este deporte es apasionante, precioso”, dice mientras le brillan los ojos, y subraya que “se vuela por puro sentimiento”. Y con la cabeza bien asentada sobre los hombros porque deja claro, ya con el semblante serio, que “no hay que estar loco para practicar este deporte, hay que estar muy cuerdo. Sí es cierto que hay que tener un punto de locura, pero controlada en todo momento. Soy piloto profesional y siempre me llamó la atención el vuelo acrobático. Poco a poco me fui profesionalizando y estoy feliz de participar en la Red Bull Air Race, una competición increíble”.

“En estos momentos el avión no es competitivo y trabajamos para hacerlo más ligero y rápido, además de desarrollar técnicas de análisis de los datos de la telemetría para poder realizar trazadas perfectas en las carreras”, reconoce el español. Y cuando se le pregunta si la puesta a punto es tan complicada como la de un coche de Fórmula 1, explica sin saber los entresijos del deporte rey del mundo del motor que “todos los aviones tienen la misma planta de potencia y la misma hélice, pero en cuanto a aerodinámica hay mucho que inventar y desarrollar”.

Una legión de seguidores

Deporte desconocido para el gran público, Velarde recuerda que “aunque no es un deporte de masas, las carreras atraen mucha gente porque se trata de un espectáculo impresionante. En Barcelona, por ejemplo, se congregaron un millón de personas en las dos carreras que ha habido. Y los pocos festivales que hay en España a causa de la crisis, llegan a congregar miles de personas. Y es que los aviones fascinan a la gente…”. “No es un deporte de máximo riesgo, aunque eso va implícito a cualquier deporte de motor. El riesgo está controlado porque lo analizamos todo”, significa.

Con un físico a punto y un estado mental óptimo, Juan deja claro que la edad de jubilación se puede alargar mucho en el tiempo, y recuerda que “el vigente campeón -Nigel Lamb- tiene 58 años. La media de edad de retirada es alta, porque este deporte no tiene nada que ver con el automovilismo y el motociclismo. Eso sí, adquirir experiencia en este tipo de vuelos requiere de muchos años. Un piloto de alto nivel suele llevar diez años compitiendo. El desarrollo, en una palabra, es muy lento”. Y para demostrar esa infinita pasión que siente por el vuelo acrobático, comenta entusiasmado que “sientes el avión como una prolongación de tu cuerpo, como si fuera una extremidad más”.

El peligro es el piloto

Ríe cuando se le comenta que tal vez su familia le considere un poco chiflado. “Creo que me ven como una persona relativamente normal, aunque quizás mi madre sí me considere un poco chiflado”. Y ya en serio, destaca que “llevo muchos años en esto y mi familia está mentalizada. Mi gente se sorprendió al principio, pero mi familia me apoya porque sabe que he llegado al punto más alto de mi carrera”. Y sobre lo aburrido que para él puede llegar a ser manejar un avión comercial, con una sonrisa reconoce que le encanta “pilotar en Iberia porque me permite manejar una tecnología puntera. El vuelo está basado en normas y procedimientos que te llevan a unos niveles de seguridad inmensos. Es bonito llevar a cientos de personas a miles de kilómetros de distancia”.

En este deporte, recalca, “no puede haber miedo porque te bloquea y no podrías pilotar estos aviones. Hay mucho respeto y análisis del riesgo, eso sí. Una cosa es no tener miedo y otra ser un inconsciente. Como dice Anselmo, el jefe del equipo, el peligro no es el avión, sino el piloto”. Y, obviamente, comenta para acabar que “la responsabilidad es mayor cuando llevo pasajeros porque sus vidas dependen de mí. En el vuelo acrobático no sientes responsabilidad si atiendes a unas normas básicas. Sí es cierto que hacer acrobacia te da destreza manual a la hora del aterrizaje con un avión comercial”. Buen viaje…

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