mecánica y pilotos sufrieron en extremo

El Salar de Uyuni, cuando el infierno es hermoso en el Dakar

Sin duda, fueron unas de las escenas más impresionantes que se han visto y vivido en el Dakar. Rodar a fondo por singular y espectacular Salar

Foto: Varios participantes toman la salida en la octava etapa del Dakar (Efe).
Varios participantes toman la salida en la octava etapa del Dakar (Efe).

Sin duda, fueron unas de las escenas más impresionantes que se han visto y vivido en el Dakar. Rodar a fondo por el singular y espectacular Salar de Ayuni en Bolivia fue todo un espectáculo. Aunque los protagonistas de las motos no estarán de acuerdo.

3.660 de altitud. Diez mil metros cuadrados del mar de sal más grande del mundo. El pasado lunes, los pilotos de motos afrontaban la segunda y demoledora parte de la etapa maratón en la que no podían contar con asistencia mecánica. Además, la temperatura bajó hasta casi los dos grados con lluvia. Y allá que fueron obligados por la organización los supervivientes de la caravana a atravesar un encharcado mar de sal, con la ropa mojada y sin equipo adecuado a través de un paisaje enormemente bello por lo irreal.

Los coches, pie a tabla y al rebufo

Situado en el suroeste de Bolivia, el Salar de Uyuni es el vestigio de un enorme lago prehistórico. Tiene unas once capas de sal, con espesores que varían por debajo del metro y hasta los diez, con una gruesa costra en la superficie. Cuando está ligeramente cubierto de agua, especialmente entre enero y marzo, refleja de forma espectacular el cielo. Fue también el dramático caso del pasado lunes.

 

 

La meteorología acompañó en la categoría de coches que atravesaron el Salar el día anterior. La salida se dio de cinco en cinco, en línea. Entonces, comenzó una carrera nunca vista en el Dakar con los pilotos pisando a tabla el acelerador, pegados unos a otros, incluso algunos haciendo rebufos y empujando al que le precedía. Alrededor, un paisaje de una belleza indescriptible con imágenes desde el helicóptero realmente impresionantes.

En 2014 no, pero en 2015 se corre

Llegó el turno de las motos, pero con una climatología totalmente opuesta. “No queríamos tomar la salida porque hacía mucho frío y no teníamos ropa de abrigo, la ropa de moto que llevamos estaba mojada (del día anterior), seguía lloviendo, no había visibilidad y el Salar de Uyuni estaba inundado”, comentaba después de la etapa Laia Sanz. Y el paso por el Salar se convirtió entonces en un infierno aunque demasiado bello.

El pasado año ocurrió otro tanto, pero entonces la organización decidió que los pilotos de motos bordearan el espectacular Salar. Las lluvias habían dejado hasta cincuenta centímetros de agua en seis kilómetros en los bordes del desierto de sal. “Condiciones que no permiten que las motos crucen el salar porque, como saben, la combinación de sal más agua puede afectar las motos y podría ser realmente muy complicado”, justificaba la organización el pasado año. Igual que este año…

 

 

En 2015 los responsables del Dakar no estaban dispuestos a tomar una decisión similar. Era uno de los grandes atractivos de la prueba al que se renunció el pasado año. Además, el presidente Evo Morales se había volcado con el paso del Dakar en Bolivia y estuvo presente en ambas jornadas. Incluso iba a dar la salida de la prueba. Ettiene Lavigne no quiso estropear la fiesta y los pilotos fueron sacrificados, convertido en gladiadores al servicio de un espectáculo surrealista, duro y hermoso.

“Tú descansa, que te estás jugando el Dakar”

Las imágenes eran dantescas. Máquinas lanzadas a toda velocidad, levantando enormes estelas de agua, con los pilotos encogidos por el frío y la necesidad de protegerse de la lluvia. “Hoy hemos estado al límite, las condiciones en el Salar eran muy adversas, pero nos ha tocado salir”, explicaba Marc Coma al final de la etapa, que fue neutralizada en el kilómetro 378. Y también llegó el mismo riesgo mecánico que el año anterior se quiso evitar en 2014. “La combinación de agua y sal con el motor formaba una pasta que bloqueaba el radiador”, algo que el propio Coma también sufrió, como otros muchos: “Un día extremo. La verdad es que hemos estado un poco al límite de todo. Llovía mucho en el Salar, había muy poca visibilidad, con un metro de agua”.

 

 

Su abnegado escudero, Jordi Viladoms, tuvo que abandonar con el motor roto no sin antes antes volcarse generosamente para ayudar a limpiar la moto de su jefe. Incluso realizó todos los esfuerzos para arrancar la recalcitrante montura, en el afán de salvar toda la energía posible a su jefe de filas: “Tú descansa que te estás jugando el Dakar, ya lo hago yo”, contaba Coma: “Eso demuestra el tipo de persona que es, además de ser un gran piloto”. Muchos intentaban limpiar como podían la pasta blancuzca pegada a sus motores. Abandonaron casi tantos pilotos por los kilómetros del Salar como en la segunda jornada del Dakar, la más larga, con más de quinientos kilómetros y temperaturas por encima de los cuarenta grados.

El catalán Gerard Farrés cedió a los pocos kilómetros de internarse en el Salar cuando su moto se quedó parada. Con hipotermia, como varias decenas de pilotos, empapados y ateridos, a los que algunos añadían el mal de altura. “Al final del tramo del Salar no podía ni frenar. No sentía los dedos de las manos y he tenido que parar un momento para intentar calentarme. Creo que ha sido uno de los días de mi vida en que he pasado más frío. Ha sido muy duro y hemos sufrido mucho”, contaba después Laia Sanz. Si el Dakar es una leyenda, es por jornadas como las del Salar de Ayuni. 

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