rompe moldes con el balón ovalado

Carlin Isles, el inalcanzable 'Forrest Gump' que eligió llevar al rugby su velocidad punta

El rugby no es grande en Estados Unidos. Pero si alguien puede cambiar esa tendencia es Carlin Isles, un fenómeno físico que ya ha dado el salto a Europa

Foto: Carlin Isles, en un partido con Estados Unidos contra Francia.
Carlin Isles, en un partido con Estados Unidos contra Francia.

Hace poco más de tres años, al País de Gales se le rompió el corazón. El 3 de diciembre de 2011, los dragones rojos lloraron lágrimas de fuego cuando Shane Williams anotó su último ensayo como internacional. Fue ante Australia, el día que decidió dejar el combinado del principado. Aquel día se retiraba de la selección su máximo anotador histórico, un extremo que rompía con su cambio de dirección a cualquiera de las defensas más férreas del mundo. Esos cinco puntos que sumó al marcador galés hacían 290 en total, el máximo que nadie hubiera hecho antes con la camiseta roja. Sin él, el rugby perdía un mito.

 

Vídeo: Los salvajes recortes de Williams.

 

En Estados Unidos, las carreras para anotar ensayos se suelen hacer con casco y protecciones. Y muchas veces se llega a la zona de marca sin el balón, que se agarra al viento tras ser lanzado desde larga distancia posterior. Eso se llama football allí, aquí le añadimos lo de americano para diferenciar del que se juega con los pies (porque a pesar de su nombre, los estadounidenses no es que usen mucho el pie). La tradición del rugby en Estados Unidos es escasa, y la que hay viene originada por la tradición británica que baña el país de Washington. De allí, sin embargo, ha surgido el que podría ser sin mucha discusión el heredero legítimo de Williams.

Para que un extremo tenga una repercusión internacional relevante, sus cualidades físicas tienen que ser tremendamente atléticas, más parecidas a un velocista que a un jugador de rugby. Y no es de extrañar que Carlin Isles rompiera cronómetros antes de descubrir la pelota ovalada. Este chico de Ohio era una máquina de correr en los campeonatos escolares del estado. Lo suyo era dejar atrás a sus rivales para llegar siempre el primero en los 100, 200 y 400 metros. Y ya que estaba, dejó récord también en el santo de longitud, para que no se diga.

 

Vídeo: Los mejores ensayos de Carlin Isles.

 

Era feliz corriendo y saltando. Le gustaba y se le daba mejor que a la mayoría. Corre los cien metros en poco más de diez segundos, lo que podría haberle valido para entrar, por ejemplo, en las semifinales de los Juegos de Londres. Pero no le llenaba su ser interior. Un día se sentó delante de su ordenador, aprovechando el natural tiempo libre que tienen los deportistas estudiantes, y empezó a ver vídeos de un tal Miles Craigwell. Craigwell es un jugador de rugby de su mismo país que juega tanto al rugby union como al sevens. Y de repente, algo se encendió dentro de él. Había descubierto su pócima mágica, era su lugar, su deporte.

Correr con un objetivo: llegar antes de ser derribado a un lugar concreto para anotar un ensayo. Era perfecto, sobre todo el sevens. Un terreno terriblemente amplio y sólo siete adversarios delante a los que esquivar. Un prado entero para correr, para galopar al viento. Isles se emocionó tanto con la idea de jugar al rugby que escribió a Craigwell para informarse sobre cómo iniciarse en la disciplina. Carlin pensó primero en el rugby a 15, el famoso, pero Miles le convenció que lo suyo no era ese, sino el sevens. Y a partir de ese momento, Isles empezó a crecer como extremo hasta ser la máxima estrella del momento en el combinado de Estados Unidos.

Sin duda, la velocidad es importante en el rugby. Es básica para superar a los rivales, como también lo es la fuerta. Pero lo que tiene Carlin Isles diferente a la gran mayoría es el fondo físico inconmensurable que le ha dado su etapa en el atletismo. El terreno de juego del rugby tiene 100 metros de largo. Es decir, la distancia predilecta de Carlin. Generalmente, una carrera larga en busca de la línea de ensayo será, como mucho, de unos 40 metros. Cuando los rivales se van cayendo a su alrededor, Carlin Isles llega sobrado, con los pulmones y las piernas todavía frescas para hacer muchas más.

Probablemente, Carlin nunca llegue a ser campeón del mundo de rugby sevens. Estados Unidos no tiene potencial para competir con los países poderosos del hemisferio sur. Nueva Zelanda gana en el 15 y gana en el 7. Y si no lo hacen los de abajo, lo hacen los europeos. Pero Carlin Isles podrá cumplir deseos más pequeñitos, y uno de ellos lo hará realidad en el verano de 2016. Será en Brasil, en Río. Allí, el rugby volverá a ser olímpico, con la participación de las mejores selecciones de sevens. Será entonces cuando se gane la admiración, con total seguridad, del mundo entero. 

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