Buscando ‘Carolinas’ por toda España
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el imparable crecimiento del bádminton español

Buscando ‘Carolinas’ por toda España

‘Se busca campeón’ es el proyecto de la Federación Española de Bádminton que vio nacer a Carolina Marín. “A los 13 años era malísima, venía de bailar flamenco…”.

Un proyecto nacido hace diez años sacó del anonimato a la nueva referencia del deporte español. Surgida de la nada, Carolina Marín -campeona del mundo- ha colocado en el mapa un deporte que en España apenas se practicaba. Un ‘deporte de playa’, como el gran público ha conocido -de mala manera- al bádminton, y que con la estelar irrupción de la joven onubense en nuestras vidas ha conseguido que todos lo valoremos más. Desde hace diez años, se buscan ‘Carolinas’ por toda España gracias a un plan en auge que ha atraído la atención de cientos de niños y niños. Pequeños que ahora sueñan con seguir la estela de nuestra campeona. Ahora son decenas de pabellones los que acogen a los aprendices, cuando antes era sobre la arena y bajo el sol cuando se podía ver a alguien practicando este deporte. Con unas 7.000 licencias federativas pero con unos 25.000 practicantes, el bádminton crece día a día en un país que ha descubierto un deporte de gran presente y mejor futuro.

‘Se busca campeón’ es el proyecto que la Federación Española de Bádminton (FESBA) puso en marcha para que este deporte que levanta pasiones en Asia, comience a tener un espacio relevante en nuestro país. El Club Bádminton Fuenlabrada es uno más. Más de cincuenta están integrados en este proyecto al que ya hay adheridos casi 600 niños de entre 9 y 12 años, enganchados poco a poco a una disciplina que en España ha ganado una relevancia que nadie podía imaginar hace tiempo. Roberto González, técnico que adiestra a los jóvenes inscritos en ‘Se busca campeón’ en este club, comenta para El Confidencial que “el ‘efecto Carolina’ ha sido para bien, pues las escuelas ahora están llenas de niños”.

Nerea, Lucía, Álvaro… Niños que acuden a este club y que representan el despertar de un deporte lleno de atractivos, desconocidos para el gran público hasta que Carolina Marín apareció en escena. Descubrieron el bádminton casi por casualidad, de rebote, pero ahora disfrutan cada vez que agarran una raqueta para dominar el ligero volante. “Mis padres querían que practicara un deporte y tenían que decidir entre el tenis y el bádminton. Al final eligieron este último porque si llovía no tenía que dejar la pista y podía seguir jugando”, explica Nerea mientras hace un parón en su entrenamiento. Álvaro reconoce que “me apunté cuando mis padres vinieron a conocer este deporte. A veces me aburro porque hay que repetir muchos ejercicios, pero todo es aprender”; y Lucía, que también tuvo que decidir entre tenis y bádminton, asegura que “me encantaría ser campeona de España algún día. ¿Ser como Carolina? Pues sí, me gustaría”.

Roberto González, el hombre que pule a estos niños cuatro veces a la semana, comenta sobre el proyecto que “pretendemos que estos niños de entre 9 y 12 años lleguen a los centros de tecnificación o al Centro de Alto Rendimiento lo mejor preparados posible, tanto técnica como tácticamente. No hay que olvidar que Carolina Marín es fruto de este programa”. “Hace cinco, seis o siete años, sí era un deporte residual. Ahora vienen niños que saben perfectamente cómo se juega, con qué materiales y que conocen perfectamente todas las normas”, explica, añadiendo que “ahora las escuelas están llenas porque el ‘efecto Carolina’ ha sido para bien. Eso sí, no tenemos ayuda y lo de las becas es complicado. Hay que ser una Carolina Marín para ganarse la vida con el bádminton. Te da de comer 7, 8 o 9 años, cuando se está en la elite a nivel mundial. Si no, es imposible vivir del bádminton”.

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“A los 13 años era malísima, venía de bailar flamenco…”. Estas palabras van dedicadas al nuevo y emergente icono del deporte español. Algunos vídeos atestiguan que esta aseveración es real, como también lo es que su ejemplo debe calar en los niños, para que tengan claro que el esfuerzo siempre tiene recompensa. Aquella novata de la que habla David Serrano se llama Carolina Marín, que en unos años se ha transformado en un fenómeno que ha colocado en el mapa de España un deporte minoritario. El Director Deportivo de la FESBA subraya para El Confidencial que nuestra campeona onubense ha logrado que este deporte entre en una nueva dimensión. Pero ya desde hace años la federación busca ‘Carolinas’ por todo el territorio nacional. El proyecto ‘Se busca campeón’ nació hace 10 con el fin de captar talento desde temprana edad; una aventura que ha conseguido que niños y niñas se enganchen a un deporte casi ‘clandestino’ en nuestro territorio.

Un programa de tecnificación sirve de arranque para buscar futuros jugadores de elite. Con un método homogeneizado, la captación de entrenadores es el primer paso. Todos ellos -más de 50 en la actualidad- aplican exactamente el mismo sistema de entrenamiento a los futuros campeones de los más de 50 clubes de 16 comunidades diferentes -este proceso se pone en marcha en los colegios- adscritos a este programa. Son los propios clubes los que tamizan la primera fase, donde miden el nivel de destreza de los jóvenes. A todos ellos, según su valía, se les identifica con una cinta de color -como sucede con los cinturones del judo-. A continuación, y tras tres o cuatro meses de entrenamiento, los mejores son citados para una concentración territorial. A dicho encuentro, la FESBA envía un técnico para valorar la habilidad de los jugadores.

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Los que superan dicha fase, ya tienen ante sí la posibilidad de que el bádminton sea una parte fundamental en sus vidas. Los elegidos son citados para concentrarse en Madrid, donde ya el nivel de exigencia es superior. A partir de los 15 años, los que han superado todos los exámenes, ya acuden a diario a los centros de tecnificación. Ya tienen esa destreza necesaria para, como mínimo, soñar con alcanzar la elite. Y, sobre todo, disfrutar, pues como recalca David Serrano, en este proyecto “no nos centramos en los resultados y sí en la formación. No se compite, se trata de que los jugadores mejoren con el tiempo y se lo pasen bien”.

“No hay que hacer grandes esfuerzos para convencer a los niños; el mayor incentivo es que tendrán una buena formación. No pensamos en captar para este deporte única y exclusivamente a los que tienen talento. Sacrificio, ganas de trabajar y que guste, esas son las claves”, explica David, subrayando que “ir a una concentración nacional es más complicado ahora porque el nivel cada vez es superior. Pedimos más grip -nivel- para que asistan a esa citas. Por ejemplo, hay jóvenes que a la edad a la que empezó Carolina, con 13 años, juegan muchísimo mejor que ella. Era malísima, pero su constancia y su capacidad de sacrificio son enormes y de ahí su éxito”.

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David reconoce que la deslumbrante aparición de Carolina “ha tenido mucha incidencia porque ha puesto en el mapa nuestro deporte. Hasta ahora minoritario, hoy es claramente emergente. Ya estamos diseñando programas asociados a este ‘boom’. Hay una gran demanda y cada vez son más las personas que quieren practicar el bádminton”. El máximo responsable técnico de la FESBA subraya que “el objetivo es que aparezcan más ‘Carolinas’ y la verdad es que gracias a este proyecto ya contamos con chicas de mucha calidad. Los chicos están más lejos, pero hay algunos con buenas condiciones. Todos tienen un modelo a seguir y eso es muy importante. Al que le guste de verdad este deporte, puede llegar lejos. Creo que el éxito de Carolina hay que verlo con perspectiva”.

“Hay que probarlo, es mucho más divertido de lo que la gente se piensa”, apunta David para ‘vender’ el bádminton, destacando que “tiene la etiqueta de ‘deporte de playa’ porque es el concepto generalizado, pero no es así”. Y argumenta su afirmación señalando que “es un deporte rápido, espectacular y sorprendente. El bádminton engancha cuando lo conoces. Cuando lo practicas, uno se vuelve cada vez más exigente con uno mismo. Animo a la gente a que lo practique porque se va a divertir mucho”. Este año, Carolina Marín ha subido el ánimo de un deporte que ya crece de manera imparable.

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