Así coronó 'El Confidencial' el Mont Blanc: "Si caigo a la derecha, tírate a la izquierda"
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un nuevo reto conseguido

Así coronó 'El Confidencial' el Mont Blanc: "Si caigo a la derecha, tírate a la izquierda"

“Ya sabes, si yo caigo para la derecha, tú te tiras a la izquierda”. Está amaneciendo, acabamos de dejar atrás el refugio Vallot a 4.362 metros de

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“Ya sabes, si yo caigo para la derecha,tú te tiras a la izquierda. Está amaneciendo, acabamos de dejar atrás el refugio Vallot a 4.362 metros de altitud y comenzamos a subir la primera joroba de la arista de Les Bosses. Fernando acorta la cuerda que nos une y con esa frase dicha en tono imperativo me recuerda que nuestro único seguro es la rapidez con la que reaccionemos en caso de un tropiezo y una caída.“Descansando con mucha frecuencia llegamos a la temible arista de las Jorobas que hizo fracasar a Balmat, el rey del Mont Blanc, en sus exploraciones para encontrar el camino a la cumbre. El peligro de la arista consiste en el fuerte viento que reina en ella. No hay manera de tenerse en pie. Arrastrándonos sobre el vientre y sin mirar al abismo de la izquierda ni a la espantosa pendiente de la derecha, procurábamos librarnos lo mejor posible del zarandeo del viento. Dos horas tardamos en subir los 400 m”.Son los recuerdos del Sr. Schmid, el que da nombre a lo que era un bonito camino en la Sierra de Guadarrama, de su paso por Les Bosses.

A las tres y media de la madrugada abrieron el comedor. Van retrasados. Llevamos un buen rato en pie. El desayuno está pensado para una digestión ligera. Suficiente, no es bueno comer mucho a esas horas. A las cuatro bajamos a la zona en la que depositas los archiperres, los trastos que llevas acarreando desde hace dos días: bastones, piolet, crampones, casco, cuerdas… También dejas las botas. Cuando llegas a un refugio te descalzas y te pones unos zuecos de goma. Genkan es el lugar donde los japoneses se quitan los zapatos antes de entrar. Ahí están las uwabaki, las zapatillas de interior. Bien, hemos bajado al genkan de Goûter, nos calzamos las botas y nos colocamos los trastos que necesitaremos ¿Por qué están tan agitados algunos montañeros antes de una salida, de madrugada, cuando saben que les esperan ocho o diez horas de trajín? Sucede siempre.

Las primeras dos horas en las que asciendes los quinientos metros de las laderas heladas que llevan a la Dôme du Goûter, a unos 4.300 m. tienen el interés de que no ves nada. Intuyes que vas por una arista y que a tu derecha tienes un precipicio. Puede que sepas que unos metros más adelante, a tu izquierda, alejada de la huella, hay una impresionante grieta. En la oscuridad un solitario serac te observa cuando pasas. Sales de noche y llegas de amanecida. Eres como una luciérnaga atraída por su propia luz, el punto del frontal que cabecea contigo. Caminas con tus pensamientos. Cuando superas esas primeras rampas y paras a descansar en la suave planicie, si la montaña tiene un día amable te mostrará porque quieres estar ahí. Fue amable con nosotros.

Quedan poco más de cuatrocientos metros para la cumbre y te cruzas con algunos montañeros que se dan la vuelta. Otros intentan recuperar el resuello. Un americano fornido, con el que compartimos mesa en la cena, está pasándolo mal rodilla en nieve. Le animamos. Llegó a la cumbre cuando ya nos íbamos.Si has sufrido igual que élsabes lo bien que le sentaron las palmadas de afecto. Nosotros con nuestro paso, tranquilos. Le recuerdo a Fernando un refrán que dice: “arrancada de caballo parada de burro”. Él me dice otro de un toro joven, un toro mayor y unas vacas… cosas de la altura.

“Con mano discreta, la naturaleza empezó a preparar aquí lo gigantesco… Caía la tarde, nos acercábamos al valle de Chamonix y vimos por encima de las cumbres una luz que no acertábamos a explicarnos. Clara, sin fulgor… como una pirámide en cuyo interior brillara una misteriosa luz, pareció dominar las cimas de todas las montañas, nos ofreció la certeza de ser la cumbre del Mont Blanc”Es el relato que hace Goethe enCartas de Suizaa la vista de la cumbre.

¿Qué hubiera escrito Gothe al ver el Mont Blanc con esta luz?

Con cuidado, asegurando cada paso, con el piolet en la mano, aquí molestan los bastones, en poco menos de dos horas habíamos superado las jorobas y recorrido la arista de Les Bosses. Estamos en la cumbre. Hemos vuelto a conquistar lo inútil.

Nos hicimos la foto para los lectores de El Confidencial y alguna otra que teníamos comprometida. Para el Club Alpino Madrileño, buenos amigos y una dedicada especialmente al doctor Vivanco, traumatólogo del Hospital de La Princesa de la sanidad pública madrileña. Un gran profesional. Ahora toca desandar lo andado. Bajar la arista es delicado. Fernando vuelve a demostrar que es un buen guía: “No quiero ningún tropiezo, asegura cada paso. Con tranquilidad” Doce horas desde que comenzamos a andar, pasadas las cuatro de la tarde entrabamos en el refugio de Tête Rosse donde dormimos hacia dos noches. Minutos antes, creyendo estar fuera de la zona de peligro de labolera, delcorredor de la muerte, cuando íbamos a pisar la nieve del glaciar, Fernando, que caminaba detrás de mí, gritó con todas su fuerzas:“una piedra, una piedra enorme”. Un pedrusco del tamaño de una maleta muy grande venia directo a por nosotros. Reaccionamos con rapidez y tuvimos suerte. La zona de peligro es más extensa que el paso de la bolera. No debes perder la concentración hasta que estés en el glaciar y alejado de las rocas.

“Cuando entró en Hotel Baltet, en Chamonix unas inglesas, decididas escaladoras, miraron a Tartarín que cobró a sus ojos una considerable autoridad ¡Había escalado la Junfrau!”Todo era mentira. Alphonse Daudet presenta a un fanfarrón Tartarin,presidente de un club de escalada que sólo trepa colinas. Desmitificar es conveniente y saludable. Sobre todo lo que uno hace. En Chamonix, fuimos a cenar al Bistrot des Sports, un café histórico. Limamos alguna aspereza, en cuatro días juntos siempre se produce alguna y dejamos una pregunta en el aire ¿Qué tal si intentamos el Mckinley, la cumbre más alta de América del Norte?Al marchar pasamos ante el monumento en memoria de SaussureyBalmat. Guido Rey, gran alpinista y poeta italiano lo describió como un monumento digno, igualmente útil para las ignorantes multitudes de curiosos, que para los alpinistas modernos olvidadizos de los heroísmos de los precursores. Al igual que él, yo comprendí la lección de modestia que emana de este bronce.

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