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Una vela al Aconcagua a ver si escampa: jornada de reflexión y de encomienda
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Una vela al Aconcagua a ver si escampa: jornada de reflexión y de encomienda

La montaña decidió que lo más oportuno era tomar un descanso, pues había llegado el momento de esperar a que la meteorología ofrezca una ocasión

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La montaña decidió que lo más oportuno era que nuestros expedicionarios se tomaran un descanso. Que suspendieran el empeño con que se intenta hacer algo, precisa la RAE. O sea, que esperaran a que escampe. Amaneció muy bonito, como le gusta decir a Fernando Garridoy, después del desayuno, emprendieron la marcha al Cerro Colorado, con una altitud cercana a los 4.700 metros. Subieron cuatrocientos metros de desnivel con viento.¡Un paseíto para abrir boca! Por la tarde tranquilitos. Charla, cartas o lecturas. Trabajo de campo base. Pero la procesión va por dentro.

El viernes subirán por segunda vez al campo de altura 1. El miércoles ya estuvieron y dejaron material, pero esta vez se quedarán a dormir. Pasarán la noche a unos 5.100 metros. Son palabras mayores. Tienen previsto salir de Plaza Argentina a las diez de la mañana y llegar al campo 1 a eso de las cuatro de la tarde. Casi seis horas para recorrer 4 kilómetros y ganar mil metros de altitud.

El esfuerzo traducido a números se entiende mejor.Van más cargados. Llevan las tiendas de altura y material que utilizarán para dejarlo, otro día, en el campo 2. Siguen expectantes por el viento porque saben que del viernes al domingo arreciará y ellos estarán a mucha altitud. El viento agota, aturde, desconcierta. Te hace dudar de tus fuerzas. Empiezas a notar que el oxígeno no te llega y el viento se empeña en arrebatártelo.

Además, para más inri, nos confirmaron que no han tomado infusión de hojas de coca. ¡Todo en contra! Hace unos cinco años, este cronista estuvo en el Aconcagua. Por la misma ruta que hoy narra cómodamente sentado delante del ordenador. Antes de partir, le pregunté a Joaquín Bejarano, un alpinista de prestigio y presidente del Grupo de Alta Montaña de Peñalara, qué consejo nos podía dar, cuál era el principal problema al ue tendríamos que enfrentarnos. Su respuesta fue desconcertante: “El principal problema que os vais a encontrar será el de la convivencia”. Acertó de pleno.

Un temporal de nieve nos clavó en el campo base desmontando los planes de aclimatación. Algo habitual en alta montaña. Los que pensaban que la fuerza del grupo era la base para conseguir hacer cumbre, o al menos que alguno de nosotros lo intentara con garantías de éxito, no fueron capaces de desactivar o al menos encauzar la tensión que producía esa climatología adversa. Tampoco conseguimos que se tomaran decisiones que preservaran nuestra energía. Resumen: ninguno consiguió pasar del refugio Berlín. La expedición fracasó y la convivencia, enrarecida, terminó estallando.

La experiencia y la madurez de Fernando Garrido serán decisivas si el ventarrón persiste. Los guardaparques lo explican a su manera en la entrevista que reproducimos en el vídeo: “También tenemos que hacer de psicólogos”.Uno de los cuatro expedicionarios es asturiano. El pasado día 30 conocimos que los componentes de la expedición asturiana 'Aconcagua 2014', un proyecto solidario, habían tenido que desistir del intento de cumbre por los fuertes vientos. Que sepan sus paisanos en Asturias que Miguel todavía resiste.

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¡Se quedaron a 300 metros de la cumbre! En ocasiones se leen frases como ésta. Es necesario hacer una aclaración por si alguien no ha caído en la cuenta: los trescientos metros son para arriba. La distancia a los confines del universo observable es de 46.000 millones de años luz (4.6 x 10^26 metros). Con excepción de los científicos y matemáticos, son unas distancias incompresibles, inabarcables para el resto de los humanos. Pues bien, esos 300, 200 0 100 metros que te separan de la cumbre, que no has podido con ellos, son también inabarcables. Una distancia mayor que la de los confines del universo.El poeta Félix Grande murió el pasado jueves. En 'La edad de los misiles' se adentró en la desolación. Nuestros amigos en la montaña la afrontarán.

Ganarán a la desolación

Se acabará oír mirar nacer
el venero del mundo se quedará obstruido
el manantial que baja entre las grietas de las peñas
luego sin ojos sin oídos sin labios ni hocicos que los usen
viudo y errante sonará por las faldas de la montaña
como un balido dilatado y solo
-nunca la soledad habrá tenido tantísimas campanas-
torcidos vegetales con la fibra reseca cerrarán sus testuces en latarde vacía
y el cogollo de polvo de los caminos miserables
irá borrando lentamente las antiguas pisadas:
hablo de la desolación

La montaña decidió que lo más oportuno era que nuestros expedicionarios se tomaran un descanso. Que suspendieran el empeño con que se intenta hacer algo, precisa la RAE. O sea, que esperaran a que escampe. Amaneció muy bonito, como le gusta decir a Fernando Garridoy, después del desayuno, emprendieron la marcha al Cerro Colorado, con una altitud cercana a los 4.700 metros. Subieron cuatrocientos metros de desnivel con viento.¡Un paseíto para abrir boca! Por la tarde tranquilitos. Charla, cartas o lecturas. Trabajo de campo base. Pero la procesión va por dentro.

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