Siempre se caía tras ser campeón del mundo

Marc Márquez no entiende de relajaciones: victoria y fin a su particular maldición

El de Cervera sumó una nueva victoria en Motegi, casa de Honda, tras cruzar en solitario la línea de meta. Quartararo y Dovizioso completaron el podio. El español peleará la triple corona

Foto: Marc Márquez, durante el GP de Japón con su RC213V
Marc Márquez, durante el GP de Japón con su RC213V

Marc Márquez no entiende de posibles relajaciones. Tras sumar su sexto cetro en MotoGP en la carrera anterior, la de Tailandia, este sábado no tenía por qué entregarse al máximo, pero su ambición no tiene límites. Es un auténtico caníbal. No contento con el campeonato, ahora quiere también ayudar a Honda y a su equipo ha conseguir la triple corona del Mundial. Esto es, el título por fábricas (ya lo tiene) y equipos (complicado).

Por eso no deja de dar gas. En Motegi salió por primera vez en la máxima cilindrada desde la pole, uno de los objetivos que se había marcado este curso, y no tuvo rival más allá de los amagos de Quartararo en la primera vuelta. No hubo duelo entre ambos. Marc cruzó la meta victorioso por décima vez esta temporada, la cuarta consecutiva. Durante el fin de semana se le veía con más ritmo que al resto y así quedo demostrado a la hora de la verdad.

La regularidad, confianza y solidez de las que está haciendo gala en cada cita del calendario, salvo el cero de Austin, impresiona. Marc roza la perfección. Su triunfo, eso sí, tuvo que trabajárselo. El ‘rookie’ francés no entregó la cuchara de primeras. Siempre por detrás, segundo arriba, segundo abajo, durante buena parte de la carrera. El de Yamaha perdió comba con el español tras verse obligado a rectificar en un prematuro mano a mano poco después de ponerse el semáforo en verde. Fue entonces cuando Marc aprovechó para meterle cierta distancia. La supo mantener en el primer tramo y la amplió ligeramente al final. Así ganan los grandes.

Camino de otro récord

A todo esto, Marc va camino de batir su récord personal de puntos en MotoGP que data del año 2014, cuando acabó en Valencia con 362. Ahora, a falta de tres carreras para el cierre del curso, el catalán lleva 350. En Australia podría ser. Mientras él echaba cuentas durante su 'paseo' encima de la RC213V, el picante en Japón estaba por detrás, en la lucha por el tercer cajón el podio, con Viñales y Dovizioso rebasándose a la mínima.

El italiano de Ducati terminó la jornada como un tiro tras partir séptimo en parrilla: se quitó a Maverick de encima a dos vueltas para la bandera de cuadros y se echó encima de Quartararo, al que el blando trasero le jugó una mala pasada (de nuevo, una elección de neumáticos discutible). Le faltaron unos pocos metros más de circuito para acabar adelantándole y culminar su gesta. Tiene mérito pues su fin de semana, como el de su compañero Petrucci, no había sido nada fácil. Ducati no está atravesando su mejor momento, precisamente, pero Dovi lleva la Desmosedici a otras fronteras.

La victoria número 54 de Marc en MotoGP le permite, además, acabar con su particular gafe: siempre que se había proclamado campeón del mundo con antelación se había ido al suelo a la carrera siguiente. Ahora por fin recibirá los honores del público como se merece. Motegi, la casa de Honda, está de enhorabuena.

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