Ha ganado en agresividad y físico

Doble o nada: el reto mayúsculo al que se enfrenta la piloto Ana Carrasco

Ana CArrasco hizo historia en 2018 al proclamarse campeona del mundo en Supersport 300. Fue la primera mujer en ganar un título en el motociclismo. Ahora, busca revalidarlo

Foto: Ana Carrasco en Magny Cours (Francia), durante la carrera que le proclamó primera campeona mundial de motociclismo. (EFE)
Ana Carrasco en Magny Cours (Francia), durante la carrera que le proclamó primera campeona mundial de motociclismo. (EFE)

Llega más preparada desde que hace un año pasara a la historia como la primera piloto en ganar un campeonato del mundo absoluto de la Federación Internacional de Motociclismo, el Mundial de Supersport 300, la última categoría de las Superbikes. Ana Carrasco ha ganado experiencia, fuerza y agresividad sobre la moto tras un invierno espectacular en el que ha exprimido su físico en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid (CAR) y ha trasladado su residencia a L’Ametlla del Vallès (Barcelona) para pulir la técnica en tierra cada día con Ricky Cardús (ex Moto2). Además, ha fichado por el mejor equipo de la categoría: el Provec Racing, la estructura sobre la que está montada el Kawasaki Racing Team que ha ganado el Mundial de Superbikes los últimos cuatro años con Jonathan Rea.

Esta temporada la joven piloto española tiene ante sí la díficil tarea de revalidar el número uno, objetivo que no le asusta. Sabe que todas las miradas recaerán sobre ella y que será una lucha sin cuartel entre los más de 50 pilotos que componen la parrilla, muchos de los cuales no se juegan nada y acostumbran a tomar riesgos. "Hay que intentar mantenerse frío y al margen de esas luchas. Ganar carreras así en un grupo tan grande es complicado, para ganar hay que arriesgar mucho en las últimas vueltas y gestionar las dos cosas es complicado y es lo que más nos costó el año pasado", asegura en Mundo Depotivo. En este campeonato anárquico, sin control y completamente loco, la regularidad es la baza principal, el ingrediente que realmente marca la diferencia. Nueve carreras conforman el calendario, la primera de ellas en casa, este próximo 7 de abril en Motorland Aragón. "A mi me encanta llevar el 1, la verdad. Me ha costado mucho trabajo, muchos años de sacrificio para poder ganar así que estoy súper contenta de llevarlo", cuenta. El curso pasado, y dado su bajo peso, llevó como lastre 15 kilos añadidos en la moto para igualarse a los demás. Este 2019 habrán menos, nueve o diez, al haberse modificado la reglamentación. Otro de los cambios afecta al motor de su Kawasaki, que será más limitado en pro de pugnas: "Sigue siendo mucho peso. Está claro que el piloto pequeño la moto puede correr mucho más, pero tampoco el cuerpo es el mismo en un cambio de dirección, en mover la moto. A los pequeños nos lastran mucho y liberan mucho a los que son más grandes. Hay que intentar gestionarlo lo mejor posible".

"No echo de menos MotoGP"

El curso pasado gestó su título en las victorias conseguidas en Imola y Donington, donde dominó de principio a fin con la Kawasaki Ninja 400 del DS Junior Team, adquiriendo una ventaja en la general que le permitió proclamarse campeona en la cita final en Magny-Cours, donde hasta ocho pilotos optaron a suceder al español Marc García, primer campeón de la historia de la categoría. Ahí, le cambió la vida. "Después del título en Francia entramos en un bucle de locura y estuve prácticamente tres meses fuera de casa. Paré para Navidad porque no había más remedio y aún seguimos arrastrando todo ese tema, pero intento disfrutarlo porque es algo que estamos viviendo que es especial, no sabemos si se volverá a repetir." Carrasco consiguió la corona en su segundo año en la categoría, donde llegó tras quedarse sin sitio en el Campeonato del Mundo de Moto3. "Todo el mundo tira mucho a MotoGP y yo considero que los dos campeonatos son iguales, la organización es la misma, el sistema es el mismo y la única diferencia es que allí son prototipos y aquí son motos de calle. No echo de menos MotoGP", aclara la joven para el citado medio.

Ana Carrasco, con la nueva Kawasaki con la que intentará revalidar el título (EFE)
Ana Carrasco, con la nueva Kawasaki con la que intentará revalidar el título (EFE)

Mucho tiempo ha pasado desde que en 2011, Ana Carrasco, con solo 14 años, sorprendiera al puntuar en el Campeonato de España de Velocidad sobre una 125cc. Muchas miradas se pusieron sobre ella entonces, pues era la primera chica que lo lograba. Su mentor, José David de Gea, expiloto, ya avisaba del talento que atesoraba. Finalmente, Carrasco acabó llegando al mundial de motociclismo en 2013, en la categoría de Moto3 donde fue de menos a más para acabar el año sorprendiendo con una octava posición en el circuito valenciano de Cheste. Luego, tras quedarse sin sitio en el mundial, tuvo un infructuoso paso por Moto2 en el Campeonato de España de Velocidad (CEV) antes de decantarse en 2017 por las Superbikes en Supersport 300. Sobre su 'Ninja' ya consiguió la primera victoria en Portimao (Portugal) para terminar de dar un paso más y hacer historia con la corona cosechada la temporada pasada. Su éxito, fruto de la regularidad que debe buscar también este año, pues puntuó en todas las carreras.

Ana rompió las barreras, convirtiéndose en la primera campeona del mundo de motociclismo, eliminando las diferencias que algunos se empeñan en recalcar entre hombres y mujeres en el mundo del motor. Ahora, doble o nada. La murciana tiene ante sí el reto más difícil: demostrar que la presión no le afecta. La defensa nunca ha sido fácil para nadie porque siempre se tiene algo que perder. Si lo consigue agrandará su figura y tendrá que postularse a objetivos mayores. El segundo escalón de Superbikes ya le espera y la puerta de Moto3, para una piloto de su clase, nunca se cerró. Veremos.

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