julito simón formará parte de su equipo

El psicólogo de Maverick Viñales o por qué no le sirve 'echarle un par' en MotoGP

Maverick Viñales ha admitido que en algunos momentos su rendimiento se vio afectado por determinadas debilidades emocionales. Recurrir a la psicología es algo cada vez más habitual

Foto: Maverick Viñales, en los entrenamientos de Cheste. (EFE)
Maverick Viñales, en los entrenamientos de Cheste. (EFE)

Digan lo que digan, el cerebro es el 'músculo' más importante de un atleta, sea cual sea su especialidad. Todos los deportistas lo saben, y ya no sienten tantos complejos a la hora de reconocer flaquezas emocionales o necesidades de trabajo específico en materia de psicología deportiva. “La temporada pasada cuando hice carreras malas fue en parte porque estaba deprimido”, ha admitido Maverick Viñales en una entrevista publicada en Motorsportmagazine.com, en una serie de profundos artículos en los que el periodista británico Mat Oxley desmenuza el pilotaje de todos los pilotos punteros de MotoGP.

En su conversación con Viñales, Oxley consigue esa valiosa declaración del piloto de Roses que, con gran sinceridad y sin complejos, admite sus carencias. “A veces no estoy completamente centrado, así que está claro que debo mejorar en esto”, dice, haciendo referencia a su búsqueda de un psicólogo deportivo con el que trabajar la preparación mental de la competición.

En el pasado, en el motociclismo, hablar de la preparación psicológica era un tema tabú. Decir que se trabajaba con un psicólogo deportivo era como reconocer implícitamente cierta debilidad frente al adversario. Eran los tiempos en los que la testosterona lo dominaba todo, cuando se suponía que con “echarle cojones” se superaban los momentos difíciles. En esto de las motos, tener valor ayuda, y mucho, pero cuando hay un problema de base ni el más valiente de los mortales consigue salir airoso. El Capitán Trueno nunca sería campeón del MotoGP.

Uno de los pioneros en aprovechar las bondades de la psicología deportiva fue Jorge Lorenzo, que comenzó a trabajar con un especialista en la materia en su etapa de 250. Cuando el tema salió a relucir, costó que el piloto y su entorno hablaran abiertamente de la cuestión por temor a parecer más débil. Pero enseguida Lorenzo comprendió que aquello era una herramienta más, como su continuo machaque en el gimnasio, o la última evolución técnica que Aprilia ponía a disposición de su moto en aquella etapa. Desde entonces, Lorenzo nunca ha ocultado que disfruta profundizando en el trabajo mental.

El entorno de Viñales

“Estoy tratando de encontrar un psicólogo deportivo, pero no es fácil, porque necesito encontrar a uno bueno que me entienda”, dice Viñales. “Soy ese tipo de persona que quiere lo mejor cada año, y si encuentro un buen psicólogo deportivo voy a mejorar mucho”, añade, e incluso detalla uno de los episodios en los que se vio afectado por esa flaqueza el año pasado: “En Qatar (…) era el piloto más rápido en pista en la segunda parte de la carrera y recuperé cuatro segundos a los de delante. Pero emocionalmente estaba deprimido, porque en 2017 había hecho la pole y gané la carrera... Si hubiera estado más motivado, si hubiera mirado más adelante al día siguiente, habría sido segundo en el campeonato”.

Viñales ha reforzado su entorno de cara a esta temporada. Sigue contando con un equipo íntimo que lo atiende y lo mima, pero además incorpora a su grupo a Julito Simón, el excampeón del mundo de 125, que hasta ahora había trabajado con Tito Rabat, y en la formación de los pilotos más jóvenes de la escudería Monlau. Simón se suma al entorno de Viñales ejerciendo labores de 'coaching', el asesoramiento especializado que ahora la mayoría de los pilotos busca, ya sea un novato o un experimentado competidor.

La vuelta de Esteban García

El coach es el hombre que va a pista, observa a su piloto y observa a los demás, analiza, y explica a su piloto cómo lo ve sobre la moto: si se le nota suelto o rígido; si hay curvas donde mejorar la trazada, etc, etc. Es una forma de telemetría humana que ofrece sensaciones y percepciones, algo que una máquina nunca podrá desentrañar.

Viñales también busca calor humano, verse arropado, y por eso se rodea de gente que le es muy cercana. Simón y él fueron compañeros en 2012 en el equipo BQR y guardan una buena amistad de aquella etapa. También ha repescado a Esteban García como ingeniero de pista. Él fue su técnico cuando ganó el Mundial de Moto3. Viñales necesita proximidad y confianza. Ramón Forcada fue el ingeniero que “heredó” de Lorenzo por imposición de Yamaha, y no llegó a haber un entendimiento pleno, una situación agravada cuando se supo a mitad del pasado campeonato que Forcada sería sustituido por García en 2019.

En definitiva, Viñales está poniendo las bases para ser más fuerte, dentro y fuera de la pista. Hay que elogiar el valor de reconocer y airear sus carencias, algo raramente visible en el deporte profesional de alto nivel. Demuestra fortaleza y seguridad. Probablemente, veremos a un Viñales bien diferente en 2019.

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