a punto de igualar su peor racha en motogp

Yamaha toca fondo en MotoGP: un año perdido y su apuesta (Viñales) desmoralizada

Yamaha se concentra en Misano para realizar pruebas de cara al Gran Premio de San Marino, pero no se espera que haya evoluciones técnicas

Foto: Yamaha lleva 21 carreras sin ganar en MotoGP. Su peor racha es de 22. (EFE)
Yamaha lleva 21 carreras sin ganar en MotoGP. Su peor racha es de 22. (EFE)

Ha sido un despropósito detrás de otro, y lo peor de todo es que la severa crisis de Yamaha, la peor en décadas, ha sido pésimamente gestionada. La situación llegó a su límite el pasado fin de semana en el Gran Premio de Austria, cuando el 'project leader' de la marca, Kuoji Tsuya, compareció en rueda de prensa en la carpa del equipo para pedir perdón a sus pilotos por no haber sido capaces de ofrecerles una moto en óptimas condiciones, tras una desastrosa sesión clasificatoria en la que Maverick Viñales fue 11º y Valentino Rossi, 14º.

La situación fue especialmente dramática para Viñales, que durante las dos jornadas de entrenamientos sufrió infinidad de problemas, con fallos en diversos sensores de la moto que hicieron aún más complejo su trabajo, arruinaron su concentración y le hicieron perder la motivación, lo que llevó a una paupérrima clasificación en la carrera, en la que acabó 12º por detrás de varias motos satélite.

Yamaha ha convertido a Maverick Viñales en un piloto frustrado y desmoralizado. (EFE)
Yamaha ha convertido a Maverick Viñales en un piloto frustrado y desmoralizado. (EFE)

Desde que el año pasado comenzaron los problemas en Yamaha, se han buscado mil explicaciones, y las respuestas de los pilotos a las preguntas de la prensa, que normalmente se tienen que ajustar a un argumentario dictado desde la dirección del equipo, en ocasiones han sonado a excusas. Y cuando se habla de excusas se cargan las tintas sobre los protagonistas de la acción: los pilotos.

El pasado fin de semana, un desesperado Viñales llegó a pedir el apoyo de los medios de comunicación españoles porque se veía sobrepasado por las críticas. Su ruptura con Ramón Forcada, el técnico que le atiende en el box de Yamaha, fue la gota que colmó el vaso de los reproches contra el piloto español, que quizás no haya sabido gestionar bien esa situación, pero que en ningún caso se merecía semejante ensañamiento en determinados momentos a través de las redes sociales.

Falla el motor

Lo cierto es que en el Red Bull Ring austriaco, Yamaha tocó fondo. Hasta ahora siempre se había dicho que los problemas de la M1, las dificultades de gestionar la tracción de la rueda trasera, eran culpa de la electrónica. Rossi llegó a decir que Yamaha había pensado que con la centralita electrónica única (ECU) se igualarían las prestaciones, y no se preocupó de trabajar suficientemente en ella, como hicieron Honda y Ducati, que contrataron a técnicos de Magneti Marelli, el suministrador de la centralita. Yamaha siguió el desarrollo de la ECU con sus propios ingenieros, pero Honda y Ducati fueron por delante desde el primer momento con los ex-Magneti Marelli. Los resultados están a la vista.

Sin embargo, en Austria, responsables de Yamaha admitieron por primera vez que el problema va más allá de la electrónica. La realidad es que el motor no funciona correctamente. Incluso Rossi llegó a comentarlo. El cigüeñal genera demasiada inercia y la electrónica no consigue corregir el problema. En Jerez, durante el Gran Premio de España, probaron un embrague con mayor masa, más pesado, pero no funcionó.

La solución es realizar un nuevo diseño, un nuevo motor, pero la reglamentación de MotoGP sella los motores de la temporada y no se pueden introducir modificaciones. No se podrá solucionar el problema hasta la próxima campaña, con un nuevo propulsor, por lo que el campeonato actual está más que perdido. Yamaha lleva 21 carreras sin conocer la victoria –su peor registro en la máxima categoría son 22 grandes premios sin ganar, entre 1997 y 1998– y nada hace pensar que en estos momentos se pueda revertir la situación.

Este martes, Yamaha se desplazó a Misano para preparar el Gran Premio de San Marino del próximo 9 de septiembre, y después del GP de Gran Bretaña (26 de agosto) rodará en Motorland Aragón. Nadie espera mejoras técnicas ni avances de ningún tipo, y Rossi, que se mantiene contra viento y marea en segunda posición del Mundial, reconoce que las Ducati –Lorenzo es tercero y Dovizioso, cuarto– le darán caza y que su rendimiento dependerá en gran medida de las características de los circuitos más que de la evolución que puede realizar su Yamaha.

Una de las pocas alegrías de Yamaha esta temporada: el podio de sus dos pilotos en Alemania. (Reuters)
Una de las pocas alegrías de Yamaha esta temporada: el podio de sus dos pilotos en Alemania. (Reuters)

Mala política de comunicación

Yamaha ha entrado en un bucle del que resulta muy difícil salir. En 2003 pasaba por un mal momento y dio un giro drástico a la situación: fichó a Valentino Rossi, hizo una importante inversión económica en el equipo y pasó a ser el fabricante más importante de la categoría durante el siguiente decenio. Ahora pasa apuros y Rossi, que vivió aquel momento y vive el presente, no duda en comparar ambas situaciones. "Cuando llegué a Yamaha el equipo estaba peor que en apuros. Reaccionaron y metieron mucho dinero y gente en el proyecto, y en 2005 piloté la mejor Yamaha que nunca he pilotado”, dijo el italiano.

Pero no sólo se trata de invertir más. De momento, la insistencia de Rossi ha hecho que la fábrica acepte crear un equipo de pruebas en Europa, como tienen Honda y Suzuki.

Lo peor de la crisis de Yamaha no son los problemas técnicos ni los resultados deportivos. Lo peor es la mala imagen que está dando. Intentando ocultar sus errores, algo lógico porque no debes exponer en público tus problemas, Yamaha ha creado una política de comunicación contradictoria que ha dejado a sus pilotos a los pies de los caballos, indefensos y al límite de la credibilidad. La experiencia de Valentino Rossi ha permitido al italiano superar la situación. Maverick Viñales, un recién llegado a la marca, no está curtido en situaciones así y ha intentado salir al paso de las preguntas con respuestas en ocasiones poco creíbles. Y no es culpa suya. El resultado para Yamaha es catastrófico: han convertido a su mayor apuesta de futuro en un piloto frustrado y desmoralizado que no entiende qué está sucediendo y que no sabe a qué atenerse.

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