es tres veces campeón del mundo de motogp

El dilema de Jorge Lorenzo, querer competir con una moto que todavía no se le adapta

Jorge Lorenzo se encuentra en Le Mans con una renovación de su compañero en Ducati, que le sigue ganando con frecuencia. Espera conseguir transformar su moto para volver a ganar carreras

Foto: Jorge Lorenzo, en el último Gran Premio. (EFE)
Jorge Lorenzo, en el último Gran Premio. (EFE)

Una perilla propia del Siglo de Oro adorna ahora el rostro de Jorge Lorenzo. Es un pequeño intento de parecer algo mayor, de darle a su rostro el peso de los 31 años que tiene. Alguno todavía podría considerar la treintena como parte de la juventud, pero lo cierto es que el piloto ya ha vivido más de lo que suele tocar a esas edades. Es tres veces campeón de Moto GP y otras dos más de 250 cc., lo que es algo muy parecido a tener todos los deberes de la profesión hechos. Sí, es cierto, quien gana uno aspira a tener dos, y luego cuatro, y luego diez, pero lo cierto es que ya hay un lugar en la historia reservado para Jorge Lorenzo.

Él mismo tiene claro el paso del tiempo, un concepto que a muchos no les influye pero que hay personas que lo tienen como algo importante, como un reloj en la cabeza que no deja de sonar eternamente, un segundero que retumba y deja huella. La prueba de esto puede estar en el titulo que Lorenzo ha decidió hace unos meses para su primera y, sin lugar a dudas, precoz biografía. 'Lo que aprendí hasta los 30', que así se llama el libro, es un repaso de las veces que venció y también de todas aquellas otras que le sirvieron para aprender.

La percepción de la realidad siempre está condicionada en parte por las cuestiones que te toquen vivir en ese momento. En el caso de Lorenzo, podrían ser mejores. El mallorquín es un ganador, tiene en su pasado demasiadas guerras abiertas por un trono como para considerarle de otra manera. Ser un ganador no es solo ganar, es tener esa ambición, considerar que la victoria es lo único, el todo. El problema es que ahora está bastante lejos de lograr eso.

Cuando en 2016 decidió cambiarse a Ducati y probar suerte en un universo diferente sabía los riesgos que corría. También esos riesgos se explicaban desde la ambición. Ganar con Yamaha tiene mérito, lograr lo mismo con la firma italiana es un salto de calidad, como si cada victoria supusiese dos en una marca japonesa, no digamos ya un mundial, que viene a ser como un unicornio para la pequeña fábrica transalpina. Solo Stoner lo consiguió y eso le da un punto más de prestigio, un nivel que no se logra ganando en Honda o en Yamaha, con presupuestos desbordados y equipos de ingenieros que no cabrían en un pueblo pequeño.

El primer año fue un fracaso, al menos uno si se tiene en cuenta el resultado final de la temporada. Una séptima posición está muy por debajo de las aspiraciones de Lorenzo. Como dolor añadido, Dovizioso sí consiguió hacer la moto competitiva y competir por el título hasta la última carrera. Ducati entendió mejor al piloto italiano y el mallorquín no logró en ningún momento sentirse cómodo con la montura que le habían preparado en la fábrica. El inicio de esta temporada no es el más alentador, pero Lorenzo por el momento se mantiene firme en su idea de triunfar con esta máquina.

Jorge Lorenzo, rodando con la Ducati. (EFE)
Jorge Lorenzo, rodando con la Ducati. (EFE)

Quiere ganar con Ducati

"Me gustaría acabar lo que empecé en Ducati", decía estos días en Le Mans el piloto. Ha visto también cómo mejoraban el contrato de Dovizioso, que llevaba un tiempo quejándose por la diferencia entre su contrato y el de su compañero de equipo, más aún teniendo en cuenta que sus resultados recientes son bastante superiores. "Lo que me interesa es ir rápido con esta moto y tener posibilidades de ganar y conseguir podios, y en Jerez lo fui. No fue culpa mía lo que pasó, fue una circunstancia de carrera lo que pasó", cuenta ahora Lorenzo.

Las diferencias en motociclismo al final son pequeñas, un cambio de diseño puede dar un salto importante a la máquina y convertir un piloto algo perdido en uno que aspira a todo. Y un salto adelante, más o menos grande ya se verá, puede llegar con un cambio en el chasis: "No tuvimos nunca la ocasión ideal de probarlo durante un fin de semana. En Mugello llegó esa ocasión. También sabíamos que no iba a cambiar mucho las sensaciones. Es muy similar, pero sí que mejora un pelín las sensaciones en ciertos puntos del circuito. Mañana tendremos otra oportunidad para confirmarlo en otra pista".

Al final el objetivo es siempre el mismo, terminar ganando y ahora cree que ese camino está más cerca: "Siento que la moto es mejor para mí que la que llevé el año pasado, pero Honda ha mejorado mucho también".

El paso del tiempo pesa también en la toma de decisiones. Lorenzo tiene una conversación pendiente con Ducati, una sobre futuro. Y ahí, cuando se proyecta lo que uno quiere para lo que está por venir, los factores son de lo más diverso. Toca pensar en una decisión que va desde quedarse, buscar otro lugar o, finalmente, retirarse. Que es algo que también se piensa, porque a los 31 en una moto ya no se es joven. La prioridad, al menos en el discurso, está en volver a ganar en su casa actual. "Siempre es difícil ganar un campeonato, depende de muchos factores, pero, por lo menos, ganar carreras con esta moto, la Ducati, nunca se me ha quitado de la cabeza. Y lo sigo manteniendo".

Hay, por supuesto, una opción más, la de la salida sin más. Si eso llega, no será con balas de fogueo, no será solo para pensar y descansar. "No existe la posibilidad de tomar un año sabático, si llega el momento de algún día dejarlo, lo dejaré definitivamente". Esa es la única cláusula que se autoimpone, la salida será definitiva. Todo lo demás, está abierto.

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