A SUS 36 AÑOS SIGUE DANDO LECCIONES

Por qué Valentino sigue siendo "mucho Valentino"

"Valentino es mucho Valentino y siempre se aprenden cosas de él". El que habla es Marc Márquez. Lo hace con un punto de ironía. Con ella o sin ella, Rossi sigue dando lecciones a sus 36 años de vida

Foto: Valentino Rossi tras ganar en Argentina (Yamaha).
Valentino Rossi tras ganar en Argentina (Yamaha).

“Valentino es mucho Valentino, siempre ha sido mi referente y siempre se aprenden cosas de él”. El que habla es Marc Márquez. Lo hace con un punto de ironía después de haber probado su propia medicina al acabar por los suelos a dos vueltas del final en Argentina en una acción protagonizada junto al piloto de Yamaha. Con ironía o sin ella, Rossi sigue dando lecciones a sus 36 años de vida. Lleva un par de décadas entre los mejores deportistas… y lo que le queda porque en sus planes entra competir hasta los 40. ¿Cómo es posible? Muy fácil: Valentino ama las motos. El italiano vive una segunda juventud en la que el décimo Mundial es el objetivo. Y para llegar a este punto tuvo que encontrar la luz al final del túnel de Ducati, cambiar su estilo y mantener tanto su entorno como su amor por las motos intacto. Esta es la receta de su éxito.

Para comprender al actual Valentino es necesario viajar al pasado y pararse en 2010; este fue el punto de partida. Aquella temporada fue la última en la que Rossi lideró la tabla de la máxima categoría y el momento en el que todo empezó a cambiar. Los problemas físicos que sufría en la espalda empezar a ser más intensos y por si esto no fuera suficiente, el italiano se fracturó la tibia y el peroné. A estos contratiempos hay que añadir la decisión que tomó sobre su futuro: Valentino se marchaba de Yamaha y ponía rumbo a Ducati. Rossi quería hacer real su sueño de convertirse en el primer italiano que hiciera campeona a la Desmosedici y el tiro le salió por la culata.

 

 

Aquello fue un quiero y no puedo. En su primera temporada (2011) no ganó ninguna carrera, se subió una sola vez al podio y fue séptimo. Las cosas no mejoraron en 2012: tampoco saboreó la victoria, estuvo presente en dos podios y acabó sexto. Estas fueron sus peores actuaciones desde su debut en 1996 cuando finalizó el Mundial de la extinta 125cc en novena posición. Su amor imposible con Ducati le hizo perder las sensaciones que tenía habitualmente sobre una moto; fue un punto de inflexión. Valentino Rossi, con nueve títulos en su palmarés, dudaba de él y de su talento. Ahí es nada. El de Tavullia quería demostrar que no era él sino la moto y para hacerlo tuvo que regresar a Yamaha cual hijo pródigo.

Las cosas en la marca del diapasón habían cambiado: no habría muros, no habría tejemanejes en los despachos ni una palabra más alta que otra… Aunque la mayor diferencia con la que se encontró Rossi fue la M1, hecha bajo las peticiones de Jorge Lorenzo. Ahora era Valentino el que tenía que adaptarse a aquella moto a la que le había escrito una carta de amor y no al revés. Tan distinto era todo que el italiano se dio un ultimátum a finales de 2013: la temporada siguiente sería una prueba para comprobar que seguía siendo competitivo, si no era así lo dejaría. A pesar de confesar que era mayor para cambiar, Rossi comprendió que esa era la única vía para reinventarse y dio algunos retoques tanto a su estilo como a su equipo.

Rossi en Termas de Río Hondo (Yamaha).
Rossi en Termas de Río Hondo (Yamaha).

A pesar de su veteranía en los circuitos, Valentino asumió que la forma de pilotar había cambiado, la M1 le pedía algo diferente y la competencia o, mejor dicho, Marc Márquez había traído nuevos vientos a MotoGP. El actual campeón ha sido uno de los motivos por los que los pilotos de la categoría reina han ido introduciendo cambios en sus maneras a la hora de manejar sus máquinas. Rossi no se ha quedado atrás: primero se entregó al ‘dirt-track’ para mejorar las derrapadas, luego pulió su salida levantando antes la moto y, por último, se ha centrado en la entrada a curva. Teniendo en cuenta que esta temporada la M1 no se tan larga y es más eficaz en la frenada, Valentino y su equipo han trabajado para apurar todo lo posible antes de entrar en curva.

No ha sido el único cambio que ha introducido en su día a día. A pesar de que sus amigos son los de siempre y de que su entorno permanece intacto, Rossi movió ficha dentro de su equipo. Desde que llegó a Yamaha para escribir la segunda parte de su historia con la marca japonesa, el italiano evolucionó pero no todo el mundo siguió su ritmo. Teniendo en cuenta esto, cambió a Jeremy Burgess, su jefe de mecánicos, por Silvano Galbusera. El hombre que siempre creyó en él, en su competitividad, el hombre que le trajo de vuelta rescatando le mejor de aquel Valentino ‘pre Ducati’. A esto hay que añadir el efecto que ha tenido en Valentino la creación de la Riders Academy y de su equipo de Moto3: rodearse y entrenar con jóvenes pilotos ha reseteado sus ganas de diversión.

Y es que el resto de ingredientes de la receta de Rossi no han variado. El italiano siente la misma pasión, se divierte como siempre, ama con idéntica intensidad su trabajo y sigue sintiéndose en el paddock como si estuviera en su casa de Tavullia. Su estilo de vida y sus hábitos son los de siempre: ni ha cambiado su dieta ni su forma de entrenar ya que se puede permitir el trabajo físico justo y mucha moto; tanto que sigue practicando todas las disciplinas que le dejan en el ranch de 2,5 kilómetros que construyó cerca de su casa. Esta es la receta que ha llevado a triunfar a Valentino Rossi a los 36 años y a pensar que seguirá subido a una moto cuatro temporadas más. De momento, estará sobre la Yamaha hasta 2016 y no descarten que la marca del diapasón también celebre la Décima.

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