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Luis Lasurtegui: "En los despachos hay que mentir, se nos daba mejor remar"
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ENTREVISTA AL MEDALLISTA OLÍMPICO

Luis Lasurtegui: "En los despachos hay que mentir, se nos daba mejor remar"

La plata que consiguió en dos sin timonel en Los Ángeles 84, junto a Fernando Climent, es la única medalla lograda por el remo nacional. En los despachos repitieron tándem

Foto: Luis Lasurtegui y Fernando Climent celebran la medalla en Los Ángeles. (EFE)
Luis Lasurtegui y Fernando Climent celebran la medalla en Los Ángeles. (EFE)
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"Perdóname si no se me escucha bien por el viento". El aire, sin embargo, no es óbice para escuchar nítidamente a Luis Lasurtegui (Pasajes de San Juan, Guipúzcoa, 1956). Junto a Fernando Climent, ganó la medalla de plata en dos sin timonel en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Hasta la fecha, es la única del remo nacional.

Aquel éxito, unido al bronce logrado en el Mundial de 1985, los dejó con el mismo trato que habían recibido previamente, alejado del que deberían recibir unos campeones. "No nos valoraban y nos encerramos en Madrid con el presidente, queríamos nuestro reconocimiento", señala Lasurtergui.

El balonmano fue su primer vínculo con el deporte, pero la ilusión por el remo eclipsó al resto. El azar lo unió con Climent y así llegó el mayor éxito de su carrera. Tras su retirada, montó una gestoría, pero fue en la Federación donde repitió el binomio con su excompañero, esta vez en los despachos. Allí trabajó durante 24 años como vicepresidente y ahora está jubilado.

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PREGUNTA. Usted nació en el País Vasco. ¿Era inevitable dedicarse al remo?

RESPUESTA. Yo soy de un pueblo pequeño, Pasajes de San Juan, que tiene un buen puerto. He de decirte que yo empecé a jugar al balonmano, pero mi padre y mi hermano remaban, era una tradición. En realidad, es lo que tienes más a mano a Pasajes. En balonmano, fui campeón alevín y luego lo compaginé con el remo hasta que me quedé con lo segundo.

P. ¿Cuándo se decantó solo por el remo?

R. El dos con timonel me encantó desde que empecé con 12 años. Ese bote me pareció un artefacto y empecé a ir mucho más al club, el Koxtape. Allí hacía atletismo y comencé con el timonel.

P. La medalla olímpica, sin embargo, fue sin timonel.

R. Exacto, exacto. Cuando empecé a hacer remo, fui a campeonatos infantiles en La Coruña y en Sevilla. Permanecí en el club hasta los 18 años y lo tuve que dejar momentáneamente porque me fui a la mili. Disputé mi primer Mundial a los 18, me fui al servicio militar y a la vuelta, Pedro Abreu me pidió que me incorporara al equipo nacional.

P. ¿Cómo fue eso?

R. Después de la mili, me dijo que tenía un proyecto para mí. Yo pensaba que me propondría una mudanza a Bañolas y a mí no me apetecía. Pero, en realidad, era para ir a Orio, donde también estaría Fernando Climent, al que ya conocía y con el que había remado. Eso me gustó y empezamos en la Selección a la vez que dábamos clases de gimnasia en un colegio.

P. Climent y usted tenían buena relación, pero tardaron en formar tándem en el bote.

R. Sí, por una cuestión básica, porque él remaba en el equipo ligero y yo, en el pesado. Aunque las concentraciones eran conjuntas y nos conocíamos, cada uno íbamos por nuestro lado porque estábamos en modalidades distintas.

P. ¿Qué tal las concentraciones?

R. Ahora las echamos todos de menos [risas]. Nos gustaba mucho entrenar, solíamos tener dos horas y media o tres por la mañana y lo mismo por la tarde. Entre ambos entrenamientos, algunos descansaban y estudiaban, alemán en mi caso. La vida era muy tranquila y cuadriculada en Bañolas. Allí nos entrenaba Thor Nielsen, uno de los mejores entrenadores del mundo, al que trajo Pedro Abreu.

P. ¿Qué les aportaba?

R. Con él competíamos en tres o cuatro regatas internacionales, pero luego cada uno remábamos para nuestro club. Solo nos separábamos para los campeonatos, el de España únicamente. A partir de ahí, nos concentrábamos de nuevo. Recuerdo especialmente dos concentraciones.

P. ¿Cuáles?

R. Nos concentramos en Saint Moritz, en la altura, en 1979, antes de los Juegos Olímpicos de Moscú. Entrenábamos a 2.000 metros y como hay menos oxígeno, el cuerpo genera más hemoglobina en la sangre.

P. Imagino que les chocaría entrar en la Unión Soviética.

R. Esos fueron mis primeros Juegos Olímpicos, pero no recuerdo que fueran diferentes y extraños. Nosotros teníamos muy buena relación con el equipo ruso, porque Pedro Abrue los invitó para que entrenaran durante un mes con nosotros en Bañolas. Hicimos una gran amistad y aún mantenemos amigos de Rusia.

P. Aquella edición estuvo marcada por el boicot de los países occidentales.

R. Sí, estuvieron todos los países comunistas. Nosotros teníamos una buena embarcación, pero tuvimos muy mala suerte con el viento y quedamos cuartos a pesar de ganar la eliminatoria, la semifinal. Los cuatro con timonel teníamos un bloque muy potente del año anterior. Tras los Juegos Olímpicos, se produjo el secuestro de Pedro Abreu. A partir de ahí, hubo un poco de desmadre.

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P. ¿Cómo llevaron el secuestro?

R. Lo vivimos en nuestras carnes porque estábamos en Orio. De hecho, durante una temporada vivíamos con él en el mismo piso. Un día salimos a entrenar y nos dijeron que se habían llevado al jefe. Yo no me lo podía imaginar ni pensar, hizo muchísimas cosas buenas para el pueblo. Él llevaba a los pescadores a operarlos a Barcelona. Nos preguntaban y no sabíamos nada y había un silencio total y caras raras. Afortunadamente, fue un secuestro muy corto.

P. Aquella era la época de la kale borroka.

R. Sí, era un momento muy difícil. Recuerdo una vez que Climent y yo veníamos en un moto y nos pararon en un control de la Guardia Civil. Los controles eran muy duros, casi que te ponían la escopeta en la frente. Nos preguntaron a dónde íbamos, quiénes éramos y nos pidieron los papeles. Fernando se puso tan nervioso que no encontraba los papeles de la moto. Un guardia le preguntó qué hacía en el País Vasco si era de Coria del Río. Y le dijo que remaba. Al final nos hicimos amigos de ellos.

P. ¿Había muchas miradas en la calle?

R. Sabías quién andaba por un lado o por otro y debías tener mucho cuidado con lo que decías. Fernando y yo no éramos del bando abertzale, pero igualmente la vida era difícil. Recuerdo una vez que fuimos a San Sebastián, a la parte vieja, y nos encontramos una manifestación y no pudimos salir de allí. Fueron años muy duros y ahora la gente trata de borrar eso. Había secuestros y asesinatos todos los meses, era una locura.

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P. ¿Cómo fue la preparación para Los Ángeles 84?

R. Nos preparamos previamente para contrarrestar el jet lag, un acierto total del entrenamiento. En 1981, disputamos el Mundial de remo en Múnich y fue la primera vez que competí junto a José Oyarzabal en dos sin timonel. En el Mundial de 1982, noté que iba bien, pero no muy fino y, de hecho, quedamos cuartos. En ese momento, Climent era miembro del equipo pesado y entrenaba con otros miembros para competir en cuatro scull en Los Ángeles. Él y yo, sin embargo, salíamos a remar tranquilamente muchos días por disfrutar.

P. Ahí surgiría la complicidad.

R. Antes de competir juntos, siempre hacíamos buen tándem, sobre todo bebiendo cervezas [risas]. Éramos muy amigos, pero nunca hicimos pruebas juntos. Cuando finalmente nos decidimos, nos dimos cuenta de que nuestro crono era mejor que el de los otros. Optamos por participar en los Juegos Olímpicos 40 días antes de viajar a Los Ángeles.

P. Hábleme de esa preparación.

R. La preparación la hicimos para acostumbrarnos al horario de Los Ángeles. Nos levantábamos a las cuatro de la mañana para desayunar, entrenábamos a las cinco, comíamos a las 12, cenábamos a la seis, nos metíamos en la cama a las siete… Al principio fue un desastre pero nos aclimatamos rápido y eso fue óptimo. Los horarios en Los Ángeles eran tremendos y la seguridad también.

P. ¿Cómo fue aquello?

R. Íbamos en un autobús todos los atletas de remo y llevábamos dos policías en el interior, uno delante y otro, atrás. Por delante del autobús, dos motos, además de un coche de policía y un helicóptero. Nos llevaban como si fuésemos a Guantánamo.

P. A pesar de las reticencias de la Federación para que compitieran juntos, lograron la medalla de plata.

R. Las cronos que marcamos en Bañolas nos dieron una buena referencia. La primera regata que hicimos fue la eliminatoria, en la que ganamos Alemania. Vimos que Noruega, los campeones del mundo del año anterior, y Rumanía eran botes muy potentes. Nosotros contábamos con que tendríamos que pelear por el bronce, esa fue nuestra composición del lugar. Nuestra quiniela era que lucharíamos por la última medalla con Alemania Federal. En la final, incluso nos sorprendimos a nosotros mismos porque dejamos detrás a los noruegos.

P. ¿En algún momento, a lo largo de la prueba, pensaron que podían ganar el oro?

R. Eso lo hemos pensado luego [risas]. Nos dio tanto vértigo estar segundos que temíamos que se nos rompiera algo, que tuviéramos una avería, un enganche… Queríamos mantener la medalla de plata como fuese y en ningún momento pensamos en atacar. Creo que no hubiéramos ganado, pero nunca se sabe [más risas].

P. Aquella fue la primera medalla española de esa edición, en una época en la que no abundaban.

R. No abundaban, porque todo cambió a raíz de Barcelona 92. Cuando la proclamaron candidata, empezaron con el tema de las becas y con una planificación distinta, porque con dinero se pueden hacer muchas cosas. Antes había muy poquito, era todo a puro huevo, como decía Pedro Abreu.

P. ¿Qué situación tenían ustedes?

R. Nosotros tuvimos mucha suerte al contar con Pedro Abreu, porque contábamos con muchas facilidades, con buenos materiales, embarcaciones y entrenadores. Además, la conexión con otros países era excelente y viajábamos a Italia o Alemania, por ejemplo, para entrenar. En Barcelona 92 hubo boom porque se apostó por el deporte y antes no se había hecho.

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P. ¿Cómo fue la celebración tras la medalla?

R. Fue bastante distraída [risas]. Nos esperaron en la sede de la Universidad de Los Ángeles con tortilla y vino español. Nos encontramos con gente de San Sebastián y de Bilbao que estudiaban allí y nos prepararon una fiesta en Beverly Hills. Fue en una casa de allí y recuerdo que me estaban entrevistando en Radio Nacional, me habían cruzado con mi madre al teléfono y estaba hablando con ella cuando Climent me empujó a la piscina con los cascos, el micrófono y todo.

P. ¿Qué tal el recibimiento en España cuando llegaron?

R. Yo llegué a Barcelona y allí me recibieron la gente del remo de Bañolas, lugar al que desplacé después. Allí hice el saque de honor en el campo de fútbol, me hicieron un recibimiento en el ayuntamiento… Tuvimos tiempo, con Fernando, de ir a Zaragoza, a Pasajes, donde sacaron las banderas, la banda de música… En mi casa lo celebramos con mis padres y luego tocó ir a Sevilla.

P. ¿Por qué los Juegos Olímpicos de Seúl fueron sus últimos?

R. Sí, me retiré con 32 años. En 190 monté mi negocio, tenía un hijo y estaba casado, así que veía difícil compaginarlo con las concentraciones y los entrenamientos. En ese momento, cuando me retiré, me llamó Herminio Menéndez.

P. ¿Qué le dijo?

R. Me dijo que me necesitaba porque iban a hacer el barco de vela de Barcelona 92 y le pregunté qué conllevaba. Me explicó que necesitaban gente fuerte y que estuviera acostumbrada a concentraciones, porque había que estar dos años en Canarias. Me lo pensé, pero opté por dejarlo porque tenía que poner un límite. Si hubiera aceptado, hubiera llegado fácilmente a Barcelona. En la Federación hubo cambios que no me gustaron y por eso también lo dejé.

P. Climent me dijo que ustedes se encerraron en la Federación para que los tratasen como se merecían.

R. Fue así. No nos valoraban y nosotros queríamos por lo menos un reconocimiento. Un día fuimos a Madrid y nos encerramos con el presidente. Habíamos ganado la plata en los Juegos Olímpicos y el bronce en el Mundial de 1985, pero nos dieron unas migajas. Tuvimos que llegar a eso para recibir una limosnita.

P. ¿Cómo eran las condiciones de los deportistas de élite?

R. Hubo un antes y un después cuando llegó el ADO. Recuerdo que las circunstancias del remo cambiaron junto cuando me retiré. Nos llegó una carta diciendo que teníamos que estar 280 días concentrados y opté por dejarlo. Climent continuó porque vivía en Bañolas y se podía mover.

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P. ¿Tras la retirada tuvo claro que se dedicaría a la gestión deportiva?

R. No, no, no. Aunque soy entrenador nacional, monté una gestoría para la tramitación de escrituras junto a dos socios.

P. Pero luego formó tándem de nuevo con Climent en los despachos.

R. Sí, sí, entramos a la Federación de Remo. Nos volcamos en preparar una candidatura porque en la Olimpiada 88-92 hubo muchos problemas. Buscamos apoyos, nos apoyaron y ganamos por un voto a pesar de todas las trampas que nos hicieron. Finalmente, nos quedamos de vicepresidente y presidente durante 24 años.

P. ¿Formaron mejor tándem ahí o en el bote?

R. Lo más fácil para nosotros era el bote, porque en los despachos hay que mentir mucho y hay que morderse la lengua. No puedes decir lo que quieres. A Fernando no lo dejaba decir lo que quería porque así las hostias iban para mí. Era muy difícil.

P. ¿Qué recursos maneja la Federación de Remo?

R. Creo que ahora cuentan con un presupuesto de millón y pico de euros, pero nosotros llegamos casi a tres millones o dos y medio. No era falta de dinero, lo que nos faltaba era material humano. Cuando cogimos la Federación, cerramos con un déficit de 20 millones de pesetas el primer año (120.000 euros). Luego hicimos una buena gestión al comprar una oficina en Bañolas, un pabellón… Lo único que no llegaron las medallas, pero está claro que no es fácil.

P. ¿Cree que alguien pronto romperá su récord y del Climent?

R. Ojalá, nosotros estamos deseando. No es una lotería, como mucha gente dice, pero hay que estar ahí. Ganar una medalla es complicado.

"Perdóname si no se me escucha bien por el viento". El aire, sin embargo, no es óbice para escuchar nítidamente a Luis Lasurtegui (Pasajes de San Juan, Guipúzcoa, 1956). Junto a Fernando Climent, ganó la medalla de plata en dos sin timonel en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Hasta la fecha, es la única del remo nacional.

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