María López: "El impacto mediático de la mujer en el deporte es mucho mayor que hace 15 años"
A los 18 años cambió Asturias por Madrid y desde entonces no cesó su crecimiento en el hockey nacional. Ahora ha dejado la Selección, pero todavía disfruta del deporte en su club
María López era la capitana de la Selección. (Europa Press)
Ha pasado más de un año desde que María López (Gijón, 1990) dejó la Selección Española de hockey tras los Juegos Olímpicos de París, pero mantiene la sonrisa que siempre la acompañó. Quizá porque aún disfruta del stick en el Club de Campo Villa de Madrid, conocedora de que el epílogo de su carrera se acerca. "No sé si será esta temporada o la próxima cuando lo deje", asegura.
Llega puntual a la cita con El Confidencial en una coqueta cafetería del madrileño barrio de Chamberí. El lugar lo ha propuesto ella tras un cambio de emplazamiento que, sin embargo, no ha supuesto quiebro alguno a esta conversación. Pide un café que apenas toca durante la charla, en la que mantiene una concentración total.
López cambió Gijón por Madrid a los 18 años para integrar el Centro de Alto Rendimiento (CAR) Joaquín Blume. Ya la habían tentado a los 14, pero entendió que era mejor esperar. El cambio fue duro por el aumento de los entrenamientos, tanto que le dolían las manos de coger el palo. Pero aquello no fue impedimento para que se convirtiera en capitana de la Selección con el paso del tiempo. Tras la cita de París, dejó el equipo nacional, que no el hockey, deporte que compagina con su trabajo en el departamento de marketing de la Real Federación Española de Hockey (RFEH).
*************
PREGUNTA. Todavía hay muchos que recuerdan su vaselina que dio el pase a París 2024. Sigue dando vueltas por las redes.
RESPUESTA. Si tú lo dices [risas]. Fue un momento inolvidable que voy a recordar siempre y que me hace ilusión verlo en las redes o que alguien me lo recuerde.
P. ¿Cómo se le ocurrió esa jugada?
R. Estaba entrenado, los shoouts se entrenan muchísimo. Llevábamos muchos meses de preparación por si llegaba el caso y tenía tres opciones distintas en función de lo que hiciera la portera en ese momento. Una de ellas era la vaselina, la más arriesgada, pero la portera se quedó en el límite de hacer eso u otra cosa y por fortuna salió bien.
P. ¿Cuánto hay de intuición en un shootout?
R. No te sé decir. Hay mucho de entrenamiento y de mecanizar tu gesto o lo que quieras hacer. Pero también hay parte de intuición y de ver si la portera se lo espera o no. En mi caso, yo tengo un gesto característico que es el látigo. Por eso le pilló por sorpresa que le tirase la vaselina.
P. ¿Hace falta solo sangre fría en esos momentos?
R. Hace falta no pensar mucho. Cuando vi repetida esa jugada que tú me has comentado, pensé que era locura y que si llegaba a fallar… También es cierto que yo era la cuarta en tirar y que nuestra portera había parado dos lanzamientos. Teníamos la ventaja de que incluso si erraba aún teníamos opciones de clasificarnos para los Juegos Olímpicos.
P. ¿Es posible dejar la mente en blanco en el camino al shoout?
R. Más que en blanco, me repetía en la cabeza qué era lo que tenía que hacer. No pensé en qué pasaría si marcaba, solo estaba pensando el plan en función de si la portera salía, si se quedaba en la portería… Haciendo eso evité estar excesivamente nerviosa.
P. ¿Cuántas ideas desechadas hay en el trayecto a la portería?
R. En mi cabeza estaban las opciones que tenía en ese momento y me las iba repitiendo para tenerlo claro.
🔴A PARÍS CON VASELINA Menudo gol de María López, la capitana, que le da el billete a las 'red sticks'. Y qué actuación de Clara Pérez parando tres penaltis a las irlandesas. España estará en #Paris2024 en #hockeypic.twitter.com/Y02M94yhEf
P. Aquella jugada sirvió puso punto y final al preolímpico.
R. Fue una alegría tremenda. Tuve la suerte de meter el gol definitivo, pero la portera y todas mis compañeras que anotaron antes tienen el mismo mérito. Nos pusimos a gritar y a celebrar porque nos habíamos clasificado a los Juegos Olímpicos tras un año complicado. A tres meses del preolímpico nos cambiaron al seleccionador y por eso fue para nosotras fue una liberación brutal.
P. ¿Les sorprendió la marcha del seleccionador Adrian Lock?
R. Sí, por la cercanía al preolímpico y a París. No sabemos qué hubiese pasado si hubiese continuado, pero con el actual seleccionador logramos el pase, que era el objetivo.
P. ¿Es un fracaso para España, con independencia de la disciplina, no clasificarse a los Juegos Olímpicos?
R. Para mí no es un fracaso. En disciplinas como el hockey hierba, donde nuestro número de licencias es mucho menor que en el resto de país, es un milagro que estemos en los Juegos Olímpicos. Nuestro objetivo como federación es crecer en número de licencias y en terrenos de juego, porque eso hará que nuestras selecciones mejoren y estén más arriba. Este pasado verano conseguimos una medalla de bronce en el Campeonato de Europa y es un éxito tremendo. La gente que se interesa por el deporte minoritario solo cuando tocan los JJ.OO. seguro que lo considera un fracaso, pero yo pienso que es un éxito.
P. ¿Cuántas licencias tienen ahora mismo?
R. 16.500.
P. ¿Y cuál es el déficit respecto a sus principales competidores?
R. No te sé decir cuántas tienen el resto, pero en Holanda seguro que hay millones, igual que en Bélgica. Las potencias como Alemania y Países Bajos es complicado que tengan menos de 500.000. En Argentina, por ejemplo, el hockey es el deporte que más practican las chicas después del fútbol, igual que pasa con los chicos y el rugby. La cantidad de jugadoras que hay no es comparable, porque nosotros somos 16.500 en total.
P. Hablaba antes del interés por el deporte minoritario solo en los Juegos Olímpicos. ¿Cómo gestionan eso los propios deportistas?
R. Nosotros estamos acostumbrados a pasar desapercibidos para la prensa o que solo se nos mencione cuando hay resultados deportivos. Los Juegos Olímpicos los vivimos con naturalidad. Se nota cuando pasas fases o te clasificas para cuartos, porque despiertas mayor interés. Nos encantaría recibir esa atención el resto del año, aunque sabemos que es difícil.
P. ¿Qué tienen los JJ.OO. que no tengan el resto de eventos?
R. La magia de compartir una villa olímpica con los mejores deportistas del mundo, los que has admirado toda la vida y los has visto por televisión. Se respira un ambiente de comunidad con los atletas de otras disciplinas. Recuerdo cuando llegó María Pérez con su medalla y todos la aplaudimos. Ese espíritu de equipo con toda la delegación española es algo único.
P. ¿Cuál es el mejor recuerdo que tiene en una villa olímpica?
R. Recuerdo mucho el desfile inaugural en Río de Janeiro, porque fueron los primeros Juegos Olímpicos a los que iba. Estábamos en el túnel de Maracaná cantando, celebrando y pensando que el esfuerzo de tantos años había merecido al pena porque estaba donde quería y cumpliendo mi sueño. Se me quedó grabado. En París también tengo muy buenos recuerdos, porque mi familia y mis amigos más cercanos pudieron estar en la grada.
María corre a abrazar a sus compañeras en París 2024. (Reuters/Peter Powell)
P. ¿Cuál es la foto que quería conseguir en la villa y la logró?
R. Con Rafa Nadal tengo foto y con Saúl Craviotto también. Tampoco soy muy mitómana, aunque me gusta ver a las estrellas y saber que están ahí. Ah, y con Simone Biles también conseguí una foto en Río.
P. Imagino que los de Tokio serían totalmente descafeinados.
R. Sí, sí. Veíamos que la organización, los estadios, las instalaciones… eran espectaculares, pero el hecho de no tener público en los partidos o en el desfile inaugural le quitó un poco de gracia. En la villa olímpica teníamos que pasar un test PCR a diario. Nos separaban como en biombos pequeños, individuales y transparentes. Fue más triste que en las otras ediciones, pero disfruté a nivel deportivo, a pesar de que nos quedamos fuera de las semifinales por shoouts.
P. ¿Qué les ha faltado en los tres últimos Juegos Olímpicos para llegar a semifinales y luchar por las medallas?
R. En 2018 y 2019 logramos medalla en el Europeo y en el Mundial, llevábamos una dinámica muy buena, porque, además, éramos un equipo que había trabajado junto durante muchísimos años. Nosotras habíamos crecido desde categorías inferiores. Nos perjudicó que los Juegos Olímpicos se celebraran en 2021 y no en 2020. Quizá nos falta el saber cómo competir en partidos determinantes, en los que se deciden las plazas para unas semifinales.
P. ¿Cómo se puede corregir eso?
R. Probablemente sea la mentalidad. Las veces que hemos conseguido medallas ha sido porque nos lo hemos creído, porque estábamos convencidas de que podíamos ganar.
P. ¿Les beneficia o perjudica la repercusión mediática de unos JJOO?
R. ¿En qué sentido?
P. Me refiero a que están más en el foco de los medios.
R. El equipo es maduro y sabe los momentos de entrenamiento y de concentración y los de entrevistas y atención a los medios. No nos beneficia ni nos perjudica. Ojo, está bien esta atención, pero nos encantaría que fuese durante todo el año.
María celebra un gol en los Juegos Olímpicos. (Reuters/Vincent West)
P. ¿Qué cambió en la Selección con la llegada de Adrian Lock?
R. La profesionalización que nos inculcó, aunque no fuésemos profesionales del todo. Nos enseñó a ser deportistas los 365 días del año, no solo cuando estábamos concentrada con la Selección.
P. ¿Cuáles fueron esos cambios para que se sintieron profesionales?
R. Cuando todas cumplimos con el plan física mientras estamos de vacaciones o en nuestras casas, sin que nadie nos vea, por ejemplo. Lo hacíamos cuando no estábamos juntas.
P. ¿Antes no era así?
R. No sé si sí o no, pero esta era una manera de ser profesionales, de cumplir lo que nos mandan. Todas empezamos a llevar nuestro bote de agua y nuestro batido de proteínas. No sé qué decirte, solo lo que la palabra profesional significa en el deporte: ser conscientes de las horas de descanso, de la nutrición… De hecho, tuvimos un profesor del sueño.
P. ¿Cómo?
R. Sí, un doctor nos analizó el sueño a cada una. Durante un tiempo, llevábamos un reloj que analizaba nuestro ritmo circadiano para ver si éramos más matutinas o vespertinas. En función de eso, intentábamos adaptar un poco los horarios de los entrenamientos. También nos ponían las gafas naranjas para las pantallas y otras azules para activarnos cuando jugábamos un partido a las nueve de la noche. Se incorporó al staff un nutricionista que nos enseñó cómo alimentarnos bien de verdad, no solo quitando la bollería y las chuches.
P. ¿Cuánto hay de verdad y de leyenda en la utilidad de las gafas que me dice? Ahora se han puesto de moda.
R. Hay de todo, gente a la que le sirve más y otra a la que menos.
P. ¿A usted le servían?
R. En su justa medida, creo que mal no me hacía. A ver, yo tengo mucha facilidad para dormir, así que dormía igual me las pusiera o no. Tenía compañeras que utilizaban las gafas azules antes de los partidos y se activaban.
P. Lock duró diez años. ¿Conviene que la etapa de un seleccionador sea tan largo?
R. Si hay resultados y el equipo está contento, no veo por qué no pueda estar ese tiempo.
P. Su segundo, Carlos García Cuenca, lo reemplazó. ¿En estos casos conviene la ruptura o el continuismo?
R. En este caso concreto, y sabiendo que quedaban cuatro meses para el preolímpico, creo que el cambio fue positivo porque el segundo entrenador conocía a todas las jugadoras. Su adaptación fue más fácil que la que hubiera tenido que afrontar alguien externo y que tenía que empezar a conocer al equipo de cero. En una situación normal, es igual de válido un entrenador continuista o uno que sea totalmente nuevo.
María aún disfruta del hockey en Madrid. (Europa Press)
P. El segundo es el poli bueno y el primero, el malo. ¿Verdadero o falso?
R. Verdadero. En general, sí, al menos por la experiencia que he tenido, aunque supongo que hay de todo.
P. Usted ha sido capitana. ¿Qué atributos debe tener una buena capitana?
R. Cada capitán es un mundo y no hay cosas buenas y cosas malas. En mi caso, siempre he intentado ser ejemplo, no tanto con la palabra, pero sí con los hechos. Por ejemplo, cuando tocaba ayudar a cambiar el material, no faltando a un entrenamiento… Mi manera de ser capitana era que todos estuviesen a gusto. Si mis compañeras me transmitían algo, pues iba a hablarlo con el staff. En realidad, yo era un poco el puente entre el cuerpo técnico y las jugadoras.
P. ¿Hubo algún momento concreto en el que se percató de que tenía el respeto del vestuario?
R. No, creo que la capitanía va ligada a la veteranía. Cuando me nombraron capitana, llevaba seis o siete años en la Selección y empezaba a ser una de las mayores del equipo, por eso fue una transición natural.
R. Porque era un momento de cambio generacional. Obviamente, no iba a hacer cuatro años más con la Selección y había llegado el momento de vivir otras experiencias, quizá de dedicarle más tiempo a mi vida profesional. Es una etapa que ha durado mucho y que he disfrutado. Pero creía que era el momento de cerrarla tras los Juegos Olímpicos.
P. ¿Usted quería ser futbolista o siempre tuvo claro que se dedicaría al hockey?
R. Hay un bulo por ahí. Es cierto que, cuando era pequeña, mis padres me dijeron que tenía que hacer algún deporte y probé varios. Mi madre estaba empeñada en que yo hiciese el ballet, pero yo no quería y le decía que quería jugar al fútbol. Menos mal que no acabé ahí porque soy bastante mala con los pies. El tenis también me gustaba mucho, pero finalmente descubrí el hockey gracias a mi hermano, que había probado con un amigo suyo. Tuve unos entrenadores maravillosos desde pequeña en el Covadonga y al final me enganchó desde el minuto uno. Pero nunca quise ser futbolista.
P. ¿Cuál es el primer recuerdo que tiene del hockey?
R. Recuerdo, sobre todo, a la que actualmente es mi mejor amiga. La conocí a los pocos meses de empezar a jugar, con ocho o nueve años, y ya fuimos inseparables. Me acuerdo de estar juntas todo el rato.
P. ¿Cuándo le llegó la posibilidad de ir a un centro de alto rendimiento?
R. Con 14 años, si no me equivoco. En el hockey hay un programa de detección de talentos y se organizan una especie de campamentos de verano en los que entrenas con las mejores jugadoras del país para que de ahí te llamen a las inferiores de la Selección. Mi primera concentración con ese programa fue con 12 años y a los 14 me propusieron venir al CAR de Madrid. Yo no sabía ni lo que era y me lo explicaron. Tras hablar con mis padres, decidimos que igual era demasiado pronto y que podía esperar un poco más. Al final, decidí venir a la capital con 18.
P. ¿Cómo fue el cambio a la capital?
R. Fue un shock, sobre todo por el aumento de entrenamientos que de repente tuve que hacer. Pasé de entrenar tres días a la semana, sin ejercicios físicos prácticamente, a tener dobles sesiones. Recuerdo que a veces me levantaba de la cama y tenía los meñiques como contracturados de estar tanto con el palo.
P. ¿Cree que conviene retrasar la edad de incorporación a un CAR?
R. Moverte a los 16 o 18 años es hacerlo a una edad bastante razonable. Es cierto que cada persona es un mundo y que hay gente más responsable y otra que menos.
P. ¿Cómo compaginaba usted el deporte de élite y el estudio?
R. Sacaba horas de donde podía: estudiaba en las concentraciones, en los hoteles, en el autobús, en el tren… Como muchas de mis compañeras también lo hacían era algo normal. Eso también te hace ser más organizado y responsable, porque sabes que tienes un tiempo limitado para el estudio y debes aprovecharlo. Cuando, por ejemplo, tenía una tarde libre siempre pensaba en hacer las cosas más tarde y llegaban las nueve de la noche y no las había hecho [risas].
P. ¿Qué cambios ha experimentado el deporte femenino desde que usted empezó hasta ahora?
R. El impacto mediático que ahora tienen las mujeres en el deporte es muchísimo mayor que cuando yo empecé. Yo nunca me he sentido un bicho raro ni discriminada por practicar deporte, quizá porque todas las mujeres de mi entorno han hecho deporte. A nivel mediático y de referentes, ahora hay es mucho mayor. Si paras por la calle a una persona te puede decir dos o tres deportistas españolas, pero hace 15 años no te sacaban ninguno. El cambio existe.
R. Depende del nivel en el que estés y del lugar en el que juegues. Puedes ganar dinero para vivir mientras estés en activo, si tienes un club que te paga y estás en al Selección y obtienes resultados, porque la beca también va en función de eso.
P. Una beca supeditada al rendimiento entiendo.
R. Exacto. Pero tengo compañeras de Selección que, en su momento, no recibían nada del club y la beca la cobraban a final de año, así que no podían vivir del hockey. Si te vas fuera, tienes más opciones de vivir de ello.
P. Usted jugó en el extranjero, en los Países Bajos.
R. Sí, estuve allí una temporada.
P. ¿Le gustó la experiencia?
R. Sí, porque irte a Holanda a jugar hockey es como irte a la NBA. Cada fin de semana los partidos eran como una final. La gente te para por la calle, te reconocen ese mérito y ese valor. La experiencia fue increíble porque veías las gradas llenas cada fin de semana, entrabas en las tiendas e deporte y veías los pósters de la selección holandesa de hockey…
P. ¿Es suficiente con el sistema de becas actual que tenemos?
R. ¿A qué te refieres?
P. Si se necesitan mejoras.
R. Sí, sí, claro que sí. En los deportes de equipo, las becas se tienen que repartir entre los jugadores. En nuestro caso, no solo se reparte entre las jugadoras que son convocadas al torneo, sino entre todas las que han hecho la preparación, con lo cual se reduce significativamente. Si queremos ser profesionales y competir contra otros países que realmente lo son hay que aumentar los recursos económicos y de instalaciones para ser comparables a ellos y rendir en igualdad de condiciones.
P. Algunos deportistas compaginan el deporte de élite con sus trabajos.
R. Sí, eso es lo que pasa muchas veces en España. Son seis u ocho horas de entrenamiento a las que tienes que sumar las que le dedicas a tu trabajo o a tu carrera universitaria. Eso provoca que no descanses lo suficiente, que no comas como toca y eso se nota.
María López, junto a la delegación de hockey en París 2024. (EFE/Rodrigo Jiménez)
P. ¿Tuvo claro que quería seguir ligada al deporte una vez acabase su carrera?
R. No, no. Cuando estaban terminando mis estudios, me preguntaban si quería seguir ligada al deporte y yo decía que no. Pero pensé que si me gustaba el deporte y lo que había estudiado, dedicarme a algo que relacionase ambas cosas podía estar muy bien. Y en esas estoy.
P. ¿Cómo surgió la opción de trabajar en la Federación?
R. Fue una casualidad. El Consejo Superior de Deportes (CSD) tiene un programa de ayuda al deportista que te asigna un tutor. Esa persona, entre otras cosas como gestionarte los cambios de los exámenes de la universidad o buscarte clases de inglés, intenta ayudarte en la transición de la vida deportiva a la laboral. O a buscar algún trabajo o práctica. Cuando yo terminé la carrera, le comenté a mi tutor que no sabía si empezar a trabajar o hacer un máster. Me puso en contacto con una chica que hacía judo y que tenía un perfil similar al mío. Era Laia Talarn, que años después me llamó, me contó que había empezado a trabajar en la Federación de Hockey y que si quería unirme a ellos.
P. ¿En qué puesto empezó?
R. Era para preparar el Campeonato del Mundo de Barcelona de 2022 y le dije que sí. Empecé como responsable de la promoción del torneo y después me ofrecieron quedarme dentro del departamento de marketing. Así empezó esta experiencia.
P. Usted era la capitana de la Selección en simultáneo a sus inicios como trabajadora en la Federación.
R. Con Laia lo hablaba mucho, porque quería separar mi parte como jugadora de la parte laboral. Creo que eso lo hicimos muy bien.
P. ¿Tiene ya fecha para la retirada o se lo tiene que pensar?
R. Justo ha salido una lista de convocadas para el Europeo de hockey sala y estoy en ella. Es un torneo que nunca había jugado y que tiene una preparación de aproximadamente dos meses. Yo voy a estar, aunque no sé si me van a seleccionar o no. En el club todavía sigo disfrutando. Haberme quitado el volumen de horas de entrenamiento, de viajes y de competiciones que tiene la Selección hace que esté disfrutando mucho con mi equipo. Antes, quizá estaba más saturada porque eran muchas horas de todo. No sé cuándo será la retirada, pero está cerca y si no es esta temporada, será la que viene.
P. ¿Se plantea ser presidenta de la Federación en el futuro?
R. No quiero cerrarme puertas, pero es algo que hoy no me planteo. Nunca se sabe.
Ha pasado más de un año desde que María López (Gijón, 1990) dejó la Selección Española de hockey tras los Juegos Olímpicos de París, pero mantiene la sonrisa que siempre la acompañó. Quizá porque aún disfruta del stick en el Club de Campo Villa de Madrid, conocedora de que el epílogo de su carrera se acerca. "No sé si será esta temporada o la próxima cuando lo deje", asegura.