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Los rivales de España te enseñan por qué el fútbol es el deporte olímpico más odiado
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Los rivales de España te enseñan por qué el fútbol es el deporte olímpico más odiado

El fútbol olímpico avergüenza al público con entradas muy feas, artimañas, provocaciones, invasiones de campo, jugadores que fingen y batallas campales. España lo ha sufrido en su contra, pero no ha sido la única víctima

Foto: Cata Coll se encarga con Gabi Portilho. (Reuters/Andrew Boyers)
Cata Coll se encarga con Gabi Portilho. (Reuters/Andrew Boyers)

En los Juegos Olímpicos donde Simone Biles y Jordan Chiles hicieron una reverencia a Rebeca Andrade cuando la brasileña ganó el oro y la china He Bing Jiao posó con la bandera de España para homenajear a Carolina Marín tras su grave lesión, el fútbol ha chirriado demasiado. Los valores olímpicos no son los valores futbolísticos y el espíritu deportivo no es el mismo. En ninguna otra disciplina olímpica ha quedado tan claro que los Juegos Olímpicos son una cosa y el fútbol, otra muy distinta con sus propios códigos y reglas, aunque esta categoría también forme parte de la cita parisina.

Tánganas, tortazos, jugadores rodando por el suelo para confundir a los árbitros, pérdidas de tiempo, artimañas para ganar a cualquier coste y provocaciones. Todo lo contrario a lo que se trata de promover en cada edición de los Juegos Olímpicos. La batería de actitudes antideportivas es innumerable y lo peor de todo es que han estado a la orden del día en el fútbol olímpico. El fútbol, una disciplina olímpica donde ni siquiera van los mejores jugadores, ha quedado demasiado señalado.

El problema se multiplica cuando estas conductas antideportivas no se han asociado solamente a un equipo. Ni siquiera a la categoría masculina, como enseñó el Brasil-España en las semifinales de los Juegos Olímpicos. Las brasileñas, expertas en perder tiempo y fingir, celebraron los goles en la cara de las españolas. Gestos vergonzosos también se han reproducido entre el público, con lanzamiento de objetos, insultos, cánticos e invasiones de campo.

Imágenes muy distintas (y tristes)

Las imágenes contrastan, por ejemplo, con la explosión de alegría del Stade de France cuando Armand Duplantis batió el récord olímpico y el récord del mundo en el salto de pértiga. Sus rivales Kendricks y Karaklis se quedaron sin la medalla de oro, pero eso no les impidió fundirse en un eterno e histórico abrazo con el saltador. El público, lleno de extranjeros y de franceses, tampoco dudó en aplaudir lo que ya es una de las mayores gestas olímpicas de todos los tiempos.

No es de extrañar que las críticas brotaran como setas en redes sociales, porque el fútbol resaltaba negativamente. El deporte más seguido en el mundo también es uno de los más criticados en los Juegos Olímpicos y de los que menos público ha conseguido atraer en París, salvo contadas excepciones, como los encuentros de Francia o el Marruecos-España en Marsella.

Un tufo de vergüenza ajena ha recorrido diversos estadios, especialmente en el caso de los rivales de España. El equipo masculino vio cómo el dominicano Azcona agredió a Cubarsí con una patada salvaje que le costó la tarjeta roja directa y, posteriormente, la eliminación de su selección. Contra Marruecos en Marsella, en un ambiente infernal y con un público claramente volcado con los magrebíes, el combinado de Santi Denia sufrió un ambiente hostil.

Y no solo contra España

Después de escuchar como la mayoría de marroquís silbaban el himno de un país con el que compartirán la organización del Mundial 2030, los africanos se adelantaron en el marcador. Rahimi no falló desde el punto de penalti y el delantero se burló en la cara de Arnau Tenas para celebrar su gol, lo que provocó el enfado del guardameta del PSG. Antes de lanzar, Achraf Hakimi e Ilias Akhomach, dos jugadores criados y formados en España, intentaron intimidar a Arnau Tenas para tratar de facilitar el gol de su compatriota.

El primer día, incluso antes de la ceremonia de inauguración, ya quedó claro que el caldo de cultivo era distinto. Los aficionados marroquís invadieron el campo contra Argentina, lanzaron botellas, petardos y pusieron en riesgo la salud de los jugadores. El partido se detuvo y se reanudó casi dos horas después, ya sin público y con un gol que no subió al marcador tras orden del VAR.

Ni siquiera la anfitriona, Francia, se libró de aparecer en los medios de comunicación por actitudes antideportivas. Si hace meses el famoso cántico racista de los argentinos contra los franceses generó quejas, una denuncia ante la FIFA y mucho malestar, los jugadores galos se vengaron ante los albicelestes. En un partido muy duro, el público francés pito el himno de Argentina y hubo entradas muy feas. El choque terminó en una batalla campal y el propio Thierry Henry, avergonzado por el comportamiento de los jugadores, dijo que "no lo aceptó" y se avergonzó.

En los Juegos Olímpicos donde Simone Biles y Jordan Chiles hicieron una reverencia a Rebeca Andrade cuando la brasileña ganó el oro y la china He Bing Jiao posó con la bandera de España para homenajear a Carolina Marín tras su grave lesión, el fútbol ha chirriado demasiado. Los valores olímpicos no son los valores futbolísticos y el espíritu deportivo no es el mismo. En ninguna otra disciplina olímpica ha quedado tan claro que los Juegos Olímpicos son una cosa y el fútbol, otra muy distinta con sus propios códigos y reglas, aunque esta categoría también forme parte de la cita parisina.

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