El curioso origen de la marcha en el atletismo: por qué se 'camina rápido' en los Juegos Olímpicos
Esta disciplina es, en realidad, una de las más antiguas del mundo atlético y ha evolucionado considerablemente desde sus inicios
La marcha atlética nos ha dado buenas alegrías en estos Juegos Olímpicos de París 2024. Esta peculiar disciplina del atletismo, donde los competidores parecen caminar rápido sin despegar los pies del suelo, tiene una historia fascinante. A menudo subestimada y malentendida, esta práctica, evidentemente, no consiste simplemente en caminar rápido, sino que implica una técnica rigurosa y un nivel de resistencia difícil de ver en otras pruebas de estos juegos.
A diferencia de la carrera a pie, en la marcha los atletas deben mantener un pie en contacto con el suelo en todo momento, y la pierna que avanza no puede flexionarse a la altura de la rodilla, lo que requiere una precisión y control extraordinarios.
Esta disciplina es, en realidad, una de las más antiguas del mundo atlético y ha evolucionado considerablemente desde sus inicios. Desde sus orígenes en la Inglaterra del siglo XVIII hasta su inclusión en los Juegos Olímpicos modernos, la marcha atlética ha recorrido un largo camino. Aunque sigue siendo desconocida para muchos, ha ganado popularidad en diversos países, donde existe una gran tradición.
Un recorrido por la historia de la marcha
La marcha atlética tiene sus raíces en la Inglaterra del siglo XVIII. En aquella época, esta actividad era ya una práctica común y se fue popularizando poco a poco. Una de las primeras competiciones documentadas fue la carrera de Semur a Autun y regreso, en Francia, en 1485, durante el reinado de Carlos VIII, con un recorrido de 140 kilómetros. Pero fue en Inglaterra donde realmente despegó, con figuras como Foster Powell, que en 1764 recorrió 50 millas (unos 80 kilómetros) en 7 horas, convirtiéndose en una celebridad de la marcha.
En el siglo XIX, la marcha cruzó el Atlántico y se asentó con fuerza en Estados Unidos y México. En Inglaterra, durante este tiempo, se hicieron populares los "Seis días de Londres" en 1877, donde competían los famosos marchadores Weston y O'Leary. Las competiciones no tardaron en proliferar por Europa, en países como Italia, Francia, Alemania y Suecia.
Llega a los Juegos Olímpicos
El siglo XX marcó un hito importante para la marcha atlética al ser reconocida como disciplina olímpica. En los Juegos Olímpicos de Londres 1908, se incluyó por primera vez la marcha en el programa oficial, con pruebas de 3.500 metros y 10 millas. Esta inclusión olímpica consolidó la marcha como una disciplina atlética seria y con reglas estrictas.
El avance en la participación femenina fue más lento. Las mujeres no pudieron competir a nivel mundial hasta 1979, en la Copa del Mundo de Marcha Atlética en Eschborn, donde marcharon 5 kilómetros. Tuvieron que esperar hasta los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 para debutar en esta disciplina, inicialmente con una prueba de 10 kilómetros, que luego se extendió a 20 kilómetros en los Juegos de Sídney 2000.
¿Por qué se 'camina rápido' y no se corre?
La gran diferencia entre la marcha y la carrera radica en la técnica y las reglas. En la marcha, los atletas deben mantener siempre un pie en contacto con el suelo y la pierna que avanza no debe flexionarse a la altura de la rodilla. Este estilo particular de caminar rápido requiere una técnica depurada y es supervisado rigurosamente por jueces durante las competiciones. Un disco amarillo advierte a los marchadores si infringen alguna regla, y las descalificaciones son comunes si se pierde el contacto con el suelo o se flexionan las rodillas de manera indebida.
La popularidad en distintos países
Aunque en algunos lugares la marcha atlética sigue siendo una disciplina relativamente desconocida, en países como España, Italia, México, Rusia, China, Japón y algunos de la antigua Unión Soviética, es una tradición arraigada. En España, por ejemplo, se ha desarrollado una fuerte cultura alrededor de esta disciplina, con figuras destacadas como Jordi Llopart, quien ganó el oro en los 50 km marcha en el Campeonato Europeo de 1978.
La marcha atlética no solo es un ejercicio físico demandante, sino también un espectáculo de resistencia y técnica. Los Juegos Olímpicos continúan siendo el escenario donde los mejores marchadores del mundo muestran su habilidad, manteniendo viva una tradición que se remonta siglos atrás.
La marcha atlética nos ha dado buenas alegrías en estos Juegos Olímpicos de París 2024. Esta peculiar disciplina del atletismo, donde los competidores parecen caminar rápido sin despegar los pies del suelo, tiene una historia fascinante. A menudo subestimada y malentendida, esta práctica, evidentemente, no consiste simplemente en caminar rápido, sino que implica una técnica rigurosa y un nivel de resistencia difícil de ver en otras pruebas de estos juegos.