Compartir medalla en los Juegos no es nuevo, pero la historia de 1912 no tiene nada que ver
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Hacía 113 años que no ocurría

Compartir medalla en los Juegos no es nuevo, pero la historia de 1912 no tiene nada que ver

Gianmarco Tamberi y Mutaz Essa Barshim llegaron al acuerdo de compartir la medalla de oro tras conseguir las mismas marcas. En 1912 también se compartieron preseas, aunque no fue voluntario

placeholder Foto: A la izquierda, Barshim y Tamberi se abrazan tras repartirse los oros; a la derecha, Jim Thorpe, ganador del oro en pentatlón y decatlón que también compartió sus preseas
A la izquierda, Barshim y Tamberi se abrazan tras repartirse los oros; a la derecha, Jim Thorpe, ganador del oro en pentatlón y decatlón que también compartió sus preseas

Llegaron al salto de 2,37 sin ningún fallo, y los dos fallaron en 2,39. No había manera de desempatar si no continuaba la competición así que las opciones estaban sobre la mesa: o volver a saltar o compartir la medalla de oro. Gianmarco Tamberi y Mutaz Essa Barshim lo tuvieron claro: nada de seguir saltando, los dos somos oros olímpicos. Se fundieron en un abrazo que emocionó a medio planeta y, con las preseas doradas al cuello, ambos añadieron una nueva marca a sus medalleros nacionales.

El gesto emocionó a medio planeta, sí, pero a otro medio indignó, por ir en contra de los principios de la competición. El debate se centró en si esto realmente es el espíritu olímpico: "no es la amistad, la empatía o la solidaridad (...); es quemar tu vida en una hoguera, y competir con gente similar a ti. Y de ese fuego sale alguien con una corona", se puede leer en Twitter. Lo cierto es que se equivoca: precisamente la solidaridad y el humanismo son dos de los principios del olimpismo, un concepto creado por Pierre de Coubertin hace más de 120 años y cuyo objetivo era crear "un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo, la responsabilidad social y el respeto por los pricipios éticos fundamentales universales".

"El espíritu olímpico es el símbolo más importante de la paz en el mundo de hoy. Permite a las personas de todo el planeta estar juntas y respetarse mutuamente, afirmando los valores de tolerancia y comprensión mutua", señalaba el secretario de Naciones Unidas, el portugés António Guterres, después de los Juegos de invierno en Pyeongchang (Corea del Sur), hace tres años ya. El gesto del italiano y el catarí sí es muestra de ese espíritu olímpico, para muchos tan necesario después de un año y medio difíciles, con medio mundo paralizado por la pandemia y cierto repunte del cinismo individualista, totalmente contrario al espíritu colectivo y de solidaridad que protagonizó la época de confinamiento obligatorio y absoluto.

Y aunque sea calificado como tal, lo cierto es que no ha sido un gesto común. Aunque no es la primera vez que ocurre; en 1912 comenzó la historia de un atleta que tuvo que compartir no una sino dos medallas de oro, si bien la historia no tiene nada que ver con la actual. Jim Thorpe (1887-1953), indígena estadounidense, se hizo con sendas medallas de oro en pentatlón y decatlón en los Juegos Olímpicos de Estocolmo, en 1912. Uno de los deportistas más versátiles del deporte moderno, fue calificado por el mismísimo Gustavo V, rey de Suecia y patrocinador de aquellas Olimpiadas, como "el mejor atleta del mundo".

De padres europeo-amerindios, Thorpe nació —con su nombre de pila original en kikapú, Wah-Tho-Huk, que significa 'Camino que brilla'— en 1887 y creció en la Sac and Fox Nation, la mayor de las tribus indígenas reconocidas en Estados Unidos de los pueblos Sauk y Meskwaki, reubicados en la década de los ochenta del siglo XIX en el estado de Oklahoma. Desde muy joven ya se le daban bien los deportes: con 16 años entró en la Escuela Industrial India de Carlisle, un centro para la 'americanización' de los nativos norteamericanos, donde comenzó a destacar en fútbol americano, en atletismo, béisbol, lacrosse, lucha libre, remo y tenis. En Carlisle se convirtió en estrella del fútbol americano, y fue su entrenador quien le sugirió que considerara competir en los Juegos Olímpicos de Estocolmo, programados para 1912.

Thorpe, uno de los deportistas más versátiles, destacó en fútbol, atletismo, remo, tenis...

Viajó a Nueva York y allí se clasificó en las pruebas de salto de altura y salto de longitud, y se hizo con una plaza para pentatlón, junto al que luego fue presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Avery Brundage, y otra para decatlón. Ya en la capital de Suecia, en el Estado Olímpico de Ostermalm, hizo historia un 7 de julio: primero se hizo con la victoria en pentatlón (primero en salto de longitud, en 200, en disco y en 1.500, y tercero en jabalina); al día siguiente quedó cuarto en altura y varios días después, séptimo en longitud. Después, llegó el decatlón (100 m., salto de longitud, tiro, salto de altura, 400 m., disco, 110 m. vallas, salto con pértiga, jabalina y 1.500 m.). Quedó primero en tiro, altura, vallas y 1.500, y se mantuvo entre los mejores en las demás disciplinas. Desde entonces ningún decatleta ha ganado con tanta ventaja como Thorpe.

placeholder Jim Thorpe (COI)
Jim Thorpe (COI)

En pentatlón ganó con una enorme ventaja sobre el noruego Ferdinand Reinhardt Bie, que se hizo con la medalla de plata. Brundage, luego presidente del COI, quedó sexto. También se hizo con el oro en decatlón, con una puntuación (8.212,955) casi 700 puntos por encima del medallista de plata, el sueco Hugo Wieslander. Su 'record' se mantuvo hasta 1927. Además de recibir los halagos del monarca sueco, el entonces presidente de Estados Unidos, William Taft, definió su victoria como "un incentivo para que todos mejores esas cualidades que caracterizan al mejor tipo de ciudadanos estadounidenses". Sin embargo, en el fin de los Juegos Olímpicos de Estocolmo es donde empieza el proceso por el que acabó, sin quererlo, compartiendo sus medallas de oro.

Las reglas del 'amateurismo'

Años antes de su participación en los Juegos de Suecia, en 1909, Thorpe fue solicitado por el club de béisbol Rocky Mount, de Carolina del Norte, que buscaba estudiantes para dar un empujón al equipo. A cambio de un modesto salario, el indígena abandonó Carlisle y allí jugó un par de temporadas, sin preocuparse por absolutamente nada, mientras algunos de sus compañeros lo hacían bajo alias para no arriesgar su condición de aficionado. Pasado Estocolmo 1912 fue cuando llegó el drama: su participación —mal pagada— en aquel equipo de béisbol salió a la luz gracias a una investigación de un periodista del 'Telegram & Gazette', un diario del condado de Worcester (Massachusetts), que hizo público el 'salario' de Thorpe: dos dólares por partido. Era bajo incluso para la época.

El COI consideró que había violado las reglas del 'amateurismo' vigentes por aquel entonces, que dejaban fuera de las competiciones a cualquier atleta que fuera o hubiera sido profesional. Con el tiempo se ha ido permitiendo competir en los Juegos a deportistas profesionales, pero en 1912 esto no ocurría, por lo que el Comité le retiró las medallas. Mientras, Thorpe se embarcó en una carrera deportiva de alto nivel hasta los años veinte; fue el primer presidente y uno de los fundadores de la Asociación Profesional de Fútbol Americano, la conocida NFL, y se retiró del deporte a los 41 años.

Pese a su potente carrera deportiva, cuando colgó las botas no tuvo una vida fácil. Trabajó como extra en numerosas películas, pero acabó falleciendo, a los 64 años, en un estado prácticamente de pobreza. Fue nombrado mejor atleta de Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX por la Associated Press, y también mejor futbolista en el mismo periodo. Muchos lo recuerdan como uno de los mejores atletas del siglo. Incluso una ciudad de Pensilvania, Mauch Chunk, pasó a llamarse Jim Thorpe en homenaje al deportista, la también conocida como 'Suiza de América'.

Las medallas compartidas

Con la descalificación de Thorpe, el noruego Ferdinand Bie subió en el 'ranking', pasando de ser plata a convertirse en oro. Lo mismo ocurrió con el sueco Hugo Wieslander, a quien había ganado el estadounidense en decatlón, aunque ambos coincidían en que Thorpe había sido el vencedor. Lo peor era que Thorpe ni siquiera sabía que había incumplido las normas: "Yo no jugué [en el Rocky Mount] por dinero, porque mi propiedad me daba suficiente para vivir, sino porque me gustaba jugar. No me di cuenta de que aquello estaba mal", dijo, allá por 1913. Según los investigadores Robert Wheeler, autor de 'Jim Thorpe: el mayor atleta del mundo' y Florence Ridlon, no hubo ningún intento por defraudar al COI, como sí lo había en aquellos compañeros que competían de manera profesional bajo alias para no ser señalados después.

Pero además, abundaban las circunstancias atenuantes: "era indio americano, por lo que estaba bajo la tutela del Gobierno. No había pasado de la adolescencia, era huérfano, no tenía abogado y había jugado al béisbol por recomendación de su entrenador en el Carlisle", publican Wheeler y Ridlon en 'The New York Times' el 19 de agosto de 1984. "El movimiento olímpico se encuentra en un periodo de transición. Las estrictas normas y duras sanciones impuestas por quien había estado al mando del COI durante dos décadas, el difunto Avery Bundage, están desactualizadas. El actual presidente, Juan Antonio Samaranch, está intentando 'dar a todos esos deportistas procedentes de diferentes países y distintos sistemas políticos el mismo derecho a participar en los Juegos Olímpicos'. Las cosas están cambiando", decían entonces ambos.

placeholder China homenajea al expresidente del COI, el español Juan Antonio Samaranch, por su contribución al proceso de reforma y apertura del país (EFE)
China homenajea al expresidente del COI, el español Juan Antonio Samaranch, por su contribución al proceso de reforma y apertura del país (EFE)

Fue precisamente gracias a estos dos escritores, Wheeler y Ridlon, quienes fundaron una organización en nombre del atleta, el hecho de que se consiguiera revertir aquella injusticia. Ya con Brundage fallecido y con el español Juan Antonio Samaranch al mando, el COI accedió a restablecer sus logros, 30 años después de la muerte de Thorpe y 70 después de sus victorias en la capital sueca. Sin embargo, no se restableció el medallero como había quedado en 1912, sino que se determinó que Thorpe era coganador en pentatlón, junto a Bie, y en decatlón, junto a Wieslander.

Así se compartieron las primeras medallas en unos Juegos Olímpicos, aunque de manera forzada. Apenas unos años antes de morir, aquejado de un cáncer, Thorpe ya estaba en quiebra. "No tiene nada más que su nombre y sus recuerdos", dijo en rueda de prensa su entonces esposa, Patricia, cuando Thorpe ingresó en el hospital de Lankenau, en Lower Merion, Pensilvania, como un 'caso de caridad'. "Se gastó el dinero en su propio pueblo y lo ha regalado. A menudo también se han aprovechado de él".

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