Del oro en Barcelona 92 a su adiós en Tokio: con 46 años, la gimnasta Chusovitina se retira
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Del oro en Barcelona 92 a su adiós en Tokio: con 46 años, la gimnasta Chusovitina se retira

Con ocho participaciones en los Juegos Olímpicos, Oksana Chusovitina tiene varios récords: es la gimnasta más longeva y ha competido bajo cuatro banderas diferentes

Foto: La gimnasta uzbeka Oksana Chusovitina se despide del deporte en Tokio a los 46 años (Reuters)
La gimnasta uzbeka Oksana Chusovitina se despide del deporte en Tokio a los 46 años (Reuters)

Los Juegos Olímpicos de Tokio están siendo completamente diferentes: sin público, con un año de retraso y con la sombra del coronavirus planeando sobre la Villa Olímpica continuamente. Para algunos serán unos Juegos más importantes que para otros. Para la uzbeka Oksana Chusovitina suponen el final de una era. Chusovitina ha sido, durante varios años, la gimnasta en activo más longeva, y en la capital de Japón lo sigue siendo, aunque esta ha sido su última actuación. Con 46 años, la gimnasta dice adiós al deporte profesional para abrir una academia de gimnasia en Taskent, la capital de Uzbekistán, donde todo el mundo la adora.

Jueces, rivales, entrenadores, voluntarios y periodistas, el único público presente en el gimnasio Ariake de Tokio, despidió puesto en pie y con aplausos a la uzbeka Oksana Chusovitina, que el sábado compitió en sus octavos Juegos Olímpicos a sus 46 años. La gimnasta, que comenzó su andadura olímpica en Barcelona 92 como miembro del Equipo Unificado, participó solo en su gran especialidad, el salto. Aquí es donde tiene dos de sus records: los ocho Juegos Olímpicos en los que ha participado —y quién sabe si, como dice la gimnasta Roxana Popa, se arrepiente y acaba compitiendo también en París 2024— y las diferentes banderas bajo las que ha competido en sus años de carrera profesional.

Nacida en 1975 en Bujará, compitió para la Unión Soviética hasta su desaparición. En los Juegos de Barcelona participó con el Equipo Unificado y ganó la medalla de oro por equipos. Como uzbeka compitió en Atlanta 1996, Sídney 2000 y Atenas 2004, como alemana en Pekín 2008 y Londres 2012 y lo hizo en Río 2016 de nuevo como uzbeka.

Hace unos 15 meses, cuando se aplazaron los Juegos de Tokio, aseguró que su intención era poner fin a su carrera en Japón, y que el retraso en la celebración del macroevento deportivo no iba a cambiar sus planes. "Otra temporada más en el gimnasio". Ahora, ya en Tokio, tras comprobar que la nota de sus dos intentos (14,166) no le daría para entrar en la final, sonrió y levantó los brazos para decir adiós a las gradas . Luego dibujó un corazón con las manos. Las jueces se levantaron de sus asientos para ovacionarla y se les unió de inmediato todo el pabellón. Muchas de las gimnastas rodearon a Chusovitina para fotografiarse con ella y dedicarle palabras de cariño. La uzbeka, un referente en la historia del deporte, comenzó a llorar y tuvo que volver a subirse al pasillo de salto para saludar.

Además de la descomposición de la Unión Soviética, razones familiares propiciaron tanto cambio de nacionalidad. En 1999 fue madre de un hijo, Alisher, a quien en 2002 se le diagnosticó leucemia. Chusovotina y su marido, el luchador Bajodir Kurbanov (olímpico en 1996 y 2000), se instalaron en Colonia (Alemania) para que el niño recibiera tratamiento. La madre, que había abandonado la gimnasia tras dar a luz, se nacionalizó alemana y volvió a la competición para ganar el dinero que necesitaba para sufragar los gastos médicos.

Antes de los Juegos de Londres anunció que serían los últimos. Después se arrepintió y quiso volver a representar a su país de origen antes de despedirse. La Federación Internacional de Gimnasia (FIG) le concedió en 2013 un nuevo cambio de nacionalidad para que compitiera en Río. No se conformó con participar: se clasificó para la final de salto, en la que se codeó con gimnastas veinte años menores, entre ellas la estadounidense Simone Biles. Esa vez no tuvo dudas y ya adelantó que seguiría hasta Tokio 2020.

En las últimas temporadas la ha entrenado su excompañera Svetlana Boguinskaya, con la que compartió el oro de Barcelona 92 y que cuatro años antes, en Seúl 88, ganó cuatro medallas con la Unión Soviética. La gimnasta española Marina González, con la que compartió subdivisión esta jornada en Tokio, destacó el poder de Chusovitina de "romper estereotipos"."Demuestra que puedes ser alta, baja, joven, mayor y ser una buena gimnasta", dijo.

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