los segundos más concurridos de la historia

La muerte de un iraní ensombrece unos Paralímpicos con el 80% de asistencia

Los Paralímpicos de Río dejan un buen sabor de boca a los cariocas y a los organizadores, y eso a pesar del accidente que se cobró la vida del ciclista iraní Bahman Golbarnezhad

Foto: Antes de la final de voleibol hubo un recuerdo para Bahman Golbarnezhad, el ciclista iraní fallecido. (REUTERS)
Antes de la final de voleibol hubo un recuerdo para Bahman Golbarnezhad, el ciclista iraní fallecido. (REUTERS)

“Hemos venido a ver a los verdaderos héroes del deporte. Es lo más emocionante que he visto en mi vida. Me han dejado sin palabras”. Marta acaba de salir de un partido de rugby en silla de ruedas junto a su marido y a su hijo. La experiencia paralímpica es algo inédito e inesperado. “No conseguimos entradas para los Juegos Olímpicos. Estaban muy caras y se agotaron enseguida. Por eso compramos varias entradas en los Paralímpicos. Inicialmente estábamos más interesados en conocer las instalaciones que en ver las competiciones. Pero hemos acabado entregados a la causa. Es increíble lo que hacen estos chicos”, cuenta Paulo, su esposo.

Los cariocas han abrazado con entusiasmo los XV Juegos Paralímpicos. Más de dos millones de entradas han sido vendidas en todo este periodo. Es un cantidad que supera el 80% de todos los billetes puestos a la venta. Se trata de un resultado imprevisto, teniendo en cuenta que el 17 de agosto solo habían sido adquiridos el 12% del total. Con estos datos, es posible confirmar lo que ya venía siendo anunciado en el primer fin de semana: son los segundos Paralímpicos más concurridos de la historia, después de los de Londres 2012. Río ha superado con creces los resultados de Pekín 2008, aunque las cifras están lejos de las alcanzadas en la cita de Londres 2012, pese a haber vendido 6,1 millones de entradas.

Oliver Hynd, de Gran Bretaña, al finalizar la final de los 200 metros. (Sergio Moraes/EFE)
Oliver Hynd, de Gran Bretaña, al finalizar la final de los 200 metros. (Sergio Moraes/EFE)

Entradas más baratas que en los Juegos Olímpicos

Una de las razones de este arrollador éxito de público ha sido el bajo coste de las entradas. Las más baratas han salido a la venta a 10 reales (2,7 euros) y las más caras, a 1.000 reales (270 euros). Esto ha permitido que personas de baja renta pudiesen ser parte de un evento deportivo de dimensiones planetarias. En el primer fin de semanas de competiciones, el Parque Olímpico registró 170.000 visitas en un solo día, el mayor dato de todo el periodo olímpico, a pesar de los recortes realizados por falta de presupuesto, que incluso llegaron a hacer peligrar la celebración del evento. “Después de un arranque muy lento, las ventas han crecido mucho. En realidad lo esperábamos, porque ocurrió lo mismo en los JJ OO. Cuando se aproxima el evento, las ventas aumentan”, ha explicado Donavan Ferreti, director de entradas del Comité Rio 2016.

Las colas tanto del Parque Olímpico como en el Engenhão, donde se han desarrollado las pruebas de atletismo, han sido muy largas. El público estaba compuesto mayoritariamente por cariocas y brasileños llegados de otros Estados. “Yo he visto natación, fútbol 7, esgrima en silla de ruedas y tenis de mesa. Me ha gustado muchísimo”, cuenta Bárbara, que ha venido especialmente de São Paulo para disfrutar del evento deportivo. “Rio 2016 está mereciendo su facturación. Estos Juegos han ganado fuerza de una forma inesperada y es fantástico escuchar la afición de los cariocas y de los brasileños en cada arena”, ha resaltado el portavoz del Comité Paralímpico Internacional, Craig Spence.

Muchas familias han abarrotado las instalaciones olímpicas, además de los alumnos de las escuelas públicas y de un nutrido grupo de discapacitados. “Yo reconozco que he llorado a moco tendido durante las pruebas de atletismo. Ver a un chico que a la hora de la verdad no consigue saltar o estos corredores que pierden el equilibrio porque les faltan ambas piernas... son escenas que me han conmovido profundamente”, reconoce Maria.

Haijiao Xu, Maodang Song y Oliver Hynd. (Simon Lodge/EFE)
Haijiao Xu, Maodang Song y Oliver Hynd. (Simon Lodge/EFE)

Los que ha llegado de fuera han aprovechado los días en Río de Janeiro para conocer los principales puntos turísticos de la ciudad, como el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor, recorriendo la enorme distancia que separa el Parque Olímpico y la sede de Deodoro del centro de la ciudad. “Río me ha parecido un lugar hermoso y seguro. Los cariocas son muy amables y nos han ayudado mucho”, asegura una turista alemana. “También estuvimos en los Paralímpicos de Londres, pero Río ha sido especial, una especie de luna de miel tropical”, añade su marido.

Los patrocinadores y la reventa, la lacra

A pesar de estos resultados espectaculares, muchas arenas han quedado desiertas durante los días laborables. “Es una pena si lo piensas. Te preparas cuatro años para una competición, lo das todos a pesar de tu limitación física y cuando llega la hora de la verdad, solo hay unos cuantas centenares de personas asistiendo. Es muy injusto que los paralímpicos consigan menos atención que los olímpicos. Si lo piensas bien, merecerían mucho más público porque son los que más se esfuerzan”, señala Daniela, que ha viajado desde Belo Horizonte para asistir a las pruebas.

Bahman Golbarnezhad, el ciclista que perdió la vida en Río 2016. (Foad Ashtari/EFE)
Bahman Golbarnezhad, el ciclista que perdió la vida en Río 2016. (Foad Ashtari/EFE)

Una de las razones de este fenómeno se debe, según los expertos, a los patrocinadores y los reventas, que compran las entradas de forma masiva. Los primeros, en muchos casos, no consiguen distribuirlas, lo que acaba teniendo como consecuencia un gran número de asientos vacíos. Los segundos, se dejan llevar por la codicia y en algunos casos se quedan sin vender las entradas por exigir un precio exagerado. “Me han llegado a pedir 500 reales (127 euros) por entradas que valían 10 (2,7 euros). Se pasan muchísimo. No hay quien compre a este precio”, señala Americo, originario de Río de Janeiro. Durante todos los días de las competiciones, ha sido posible ver a reventas actuando sin disimulo alguno en las inmediaciones del Parque Olímpico.

No cabe duda de que los paralímpicos han dejado un buen sabor de boca a los cariocas y a los organizadores, y eso a pesar del accidente que se ha cobrado la vida del ciclista iraní Bahman Golbarnezhad, fallecido el sábado después de un grave accidente durante una prueba de ciclismo en Recreio dos Bandeirantes, en la zona oeste de Río de Janeiro. El atleta iraní, de 48 años, se cayó de su bicicleta en uno de los trechos del recorrido y sufrió un fuerte traumatismo en la cabeza. En un comunicado oficial, el Comité Paralímpico Internacional ha confirmado con “profunda tristeza y pésame” la muerte del corredor, que ha ensombrecido un evento marcado por el entusiasmo y la pasión del público.

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