semenya y farah demostraron ser imbatibles

Una última noche de los Juegos que nos regaló el primer oro de una atleta española

Claramente ha merecido la pena el sacrificio que muchos no se han atrevido a realizar, ese de trasnochar porque nada Phelps o corre Bolt. Esto es así porque ya casi se acaban los Juegos

Foto: Caster Semenya, oro en 800m (David Gray/Reuters).
Caster Semenya, oro en 800m (David Gray/Reuters).

Pues hasta aquí ha llegado todo esto. Han sido dos semanas y pico muy intensas, que a todos nos han robado muchas preciadas horas de sueño que algunos intentaremos recuperar próximamente. Pero hemos de reconocer una cosa, claramente ha merecido la pena el sacrificio que muchos no se han atrevido a realizar, ese de trasnochar porque nada Phelps o corre Bolt. Esto es así porque se acaba. Se acaba y tenemos que esperar otros cuatro años para volver a sentir esa emoción por ver a una persona ajena a nosotros batir un récord o ganar una medalla inesperada. Incluso, por qué no, alegrarse por ver a Caster Semenya, una mujer que ha sufrido como pocas, ganar el oro que todos sabíamos con antelación que iba a ganar. Los Juegos son 18 días en los que nos sentimos partícipes de las mayores gestas deportivas del planeta. Y aquí estamos para resumírselas.

Primer oro femenino para España en atletismo

Hay ciertos deportistas que tienen un carisma especial y de muy distinto tipo. Algunos dividen, pues su forma de ser no casa con parte de la opinión pública, otros simplemente generan envidia por su calidad y palmarés. Y luego están atletas como Ruth Beitia, que provocan unanimidad de criterio: es querida por todos. Si había alguien que se merecía ser campeona olímpica es esta mujer nacida en Santander hace 37 años. Detrás de su sonrisa perenne y cercanía innegociable se esconden muchísimos años de un trabajo preparatorio y preparación física durísimos que poco a poco han ido otorgándole la recompensa. Pero ningún diamante puede compararse al sabor dulce del metal dorado de los Juegos Olímpicos. Beitia puso por fin a la mujer española en lo más alto del cajón del podio olímpico y lo hizo contra las mejores rivales, algunas de las cuales la habían alejado en ocasiones anteriores de los éxitos deseados. Ruth esperó el momento y al final de su carrera, 26 años después de empezar su camino, obtuvo el premio.

Farah hizo su segundo doblete (Antonio Lacerda/EFE).
Farah hizo su segundo doblete (Antonio Lacerda/EFE).

Farah y Semenya son imbatibles

Hemos hablado ya en varias ocasiones durante estas fechas olímpicas que hay ciertas competiciones que no tienen ni la más mínima intriga para los espectadores. Son esas que disfrutamos sabiendo que la única pelea real que existe es por la plata y el bronce, pues el oro está preasignado. Nos pasa con Simone Biles, con Usain Bolt, con Katie Ledecky, con Carolina Marín... Y por supesto, nos sucede lo mismo con Mo Farah. Este somalí que fue acogido por el Reino Unido sigue siendo imbatible en el fondo, nadie le aguanta en esos últimos 300 metros de explosividad, en los cuales le dice sin hablar a los rivales que se le aproximan que no deben ni siquiera aspirar a ganar. Mo Farah es, hoy por hoy, imbatible. Dos victorias en 5.000 (la de anoche) y 10.000 consecutivas, pues también ganó en casa, en Londres. Y las que él quiera. 

Nos sucede exactamente lo mismo con Caster Semenya, pero en el caso de la atleta sudafricana, la empatía es infinitamente mayor. Imaginen que de repente alguien duda de tu verdadero sexo por ser muy buena en algo, y que esto se convierte en un asunto de interés mundial y, por tanto, toda la opinión pública planetaria cree que mientes, que eres un hombre. Semenya sufrió como nadie los prejuicios, pero los aguantó. El calvario sobre su sexualidad la hizo más fuerte y la llevó en volandas a ser por primera vez campeona olímpica de los 800 metros. A sus 25 años, podrá ser campeona también en Tokyo, y en los Mundiales, y en la Diamond League... En lo que se ponga.

Neymar vengó a Brasil

No podían haber más señales contradictorias para Brasil. Un gran evento en su país, un escenario familiar de terribles recuerdos y una herida histórica que cicatrizar de una maldita vez. Es decir, el escenario ideal en el que Brasil se la pegaba otra vez, como muchas otras veces. Y encima tenía delante al enemigo que le hizo vivir el mayor ridículo de la historia del fútbol mundial. Aquel 1-7 no se borrará jamás, pero al menos ya la Canarinha tiene un recuerdo alegre de un partido contra Alemania en casa. Y no podía ser otro que Neymar, el capitán que no estuvo en aquella goleada encajada, el que marcó el gol y posteriormente, el penalti decisivo. Era su día. Ejerció del líder que es y deberá ser durante el próximo lustro y bañó en oro Maracaná 66 años después.

Dos diplomas que valen un oro

Decía Samuel Sánchez hace dos semanas a El Confidencial que "si no coges medalla, parece un fracaso". La medallitis que se sufre en España es desalentadora, ya que ni nos acordamos de esos deportistas que ni tienen opciones de subirse al podio, como si no les hubiera costado trabajo el simple hecho de formar parte del equipo olímpico español. Nunca valoraremos lo suficiente el diploma que logró la selección femenina de rugby. Y sin duda no valoraremos como se merecen los dos últimos diplomas que sumó España: el de Carolina Rodríguez en gimnasia rítmica y el de David Bustos en 1.500 metros. Rodríguez, la más veterana en el concurso individual alcanzó su sueño de colarse en una final olímpica en su tercera participación en unos Juegos. Lo logró y fue feliz, pese a no tener opciones de ganar medalla. Y en el atletismo, ese talón de Aquiles español, Bustos fue justamente readmitido en la final de 1.500 y pese a que nadie contaba con él, acabó séptimo, entre los mejores. Ambos se llevan un diploma que les sabe a oro.

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